Una celebración con historia

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¿Por qué se celebra el Aberri Eguna? Un origen que apunta a Irlanda… y también a Sicilia

Un artículo del dirigente jeltzale Jesús de Zabala, publicado antes del primer Aberri Eguna, contribuye a esclarecer las razones por las que se eligió la fecha. El historiador Mikel Aizpuru analiza el contexto histórico en el que se eligió esta fecha.

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Imagen histórica tomada en el Aberri Eguna de 1964, en Gernika.

Cuando la Policía franquista reprimió brutalmente el Aberri Eguna de 1967 en Pamplona, la fiesta ya había sobrepasado su carácter inicial y se había convertido en una cita netamente antifranquista vinculada a las reivindicaciones vascas. En aquella edición participaron desde el PNV y ANV hasta el PSOE y Acción Republicana, y desde ELA-STV hasta la CNT y UGT. La represión fue tal que incluso los medios locales, todos ellos afectos al régimen, informaron de la actuación policial y dieron cuenta de cientos de detenciones.

El Aberri Eguna consolidó en aquella edición de Iruñea la paulatina transformación que se venía gestando desde ediciones anteriores, como las de Itsasu o Gernika. Un cariz muy diferente al que 35 años antes había inspirado el primer Aberri Eguna, ligado esencialmente al PNV y, en el plano simbólico, influido por referencias religiosas, aunque mirando también a Irlanda e incluso a Sicilia.  

Las razones del primer Aberri Eguna

Mikel Aizpuru, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad del País Vasco (EHU), señala que, si bien los motivos que llevaron a la celebración del primer Aberri Eguna son claros, existe cierta ambigüedad en torno a la elección concreta de la fecha: el Domingo de Resurrección.

“El objetivo fundamental era celebrar las bodas de oro del nacionalismo vasco, ya que en 1932 se cumplían 50 años desde que Sabino y Luis Arana tuvieran la famosa conversación que llevó a Sabino a abrazar el nacionalismo vasco. Además, el PNV quería celebrar la inauguración de Sabin Etxea como sede oficial”, indica.

Los nacionalistas vascos buscaban mostrar su capacidad de movilización social e instaurar un Día de la Patria, como ya habían hecho otros movimientos reivindicativos de carácter nacional. Tras la dictadura de Primo de Rivera, el contexto de la Segunda República permitía esta celebración y, además, el debate sobre el Estatuto vasco estaba en plena ebullición, después de que el Estatuto de Estella hubiera chocado con la recién alumbrada Constitución republicana. 

¿Por qué el Domingo de Resurrección?

En relación con las razones por las que esta celebración se llevó al Domingo de Resurrección, el contexto es más ambiguo. “La citada conversación entre Luis y Sabino Arana se produciría probablemente en verano, ya que Luis estudiaba en Madrid. El aniversario no se daba estrictamente en esas fechas”, indica Mikel Aizpuru

En su opinión, la elección de la Semana Santa, que se mantiene casi un siglo después, obedeció con toda probabilidad a un conjunto de factores simbólicos y estratégicos.

“El Domingo de Resurrección es una fecha especial para los católicos, lo que supone una razón de peso. La celebración, no en vano, se vinculaba en cierto sentido con la idea de resurrección de la patria. Además, se trata de una fecha simbólica para el nacionalismo de la época por el alzamiento irlandés en la Pascua de 1916, momento en el que se rebelaron contra los ingleses”, explica.

Un artículo de Jesús de Zabala, un destacado dirigente jeltzale en aquellos años, resulta elocuente de las motivaciones que llevaron a elegir esta fecha, según subraya Aizpuru. En el texto, publicado en el periódico ‘Nación Vasca’, editado en Argentina, Zabala menciona el factor religioso, y dedica varios párrafos al caso irlandés: “Están todavía frescas las emociones que los patriotas vascos sintieron en presencia del levantamiento feniano”.

Curiosamente, Zabala recoge en su artículo una segunda referencia histórica para subrayar que “la fiesta de Pascua de Resurrección es de sugestivos recuerdos para nosotros los nacionalistas”. Se trata de las Vísperas Sicilianas, un alzamiento de los habitantes de la isla, ocurrido durante la Pascua de 1282, que provocó la expulsión de los franceses: “Por todas las ciudades sicilianas se corrió el furor popular, y militares franceses cayeron bajo la espada de un pueblo cansado de sufrir la altanería de los extraños”.

En todo caso, más allá de estas referencias simbólicas, Jesús de Zabala dejaba claro en su artículo el rechazo a la violencia de su formación: “La fiesta pascual que nosotros queremos celebrar no son las sangrientas, que los sicilianos y los irlandeses han hecho inmortales. Nuestros anhelos son de paz. Muy lejos de nuestros ánimos la violencia material”.

Teniendo en cuenta que Zabala fue uno de los organizadores más destacados de aquel primer Aberri Eguna, las razones que esgrime para justificar la fecha son reveladoras y contribuyen a desmontar la idea de que la vinculación del Aberri Eguna con la Pascua irlandesa es un planteamiento de nuevo cuño.

Aizpuru señala, además, que es probable que la elección obedeciese también a criterios de oportunidad. Se trataba de una fecha apropiada, situada en un momento intermedio entre el mes de enero, cuando empezaron a preparar la fiesta, y el Día de San Ignacio, que la formación jeltzale festeja desde sus inicios.

La celebración se amplía

Estas primeras celebraciones del Aberri Eguna durante la Segunda República estuvieron esencialmente ligadas al PNV. Obviamente, tras la Guerra Civil, la dictadura franquista cortó de un plumazo estos festejos reivindicativos, aunque la represión terminaría favoreciendo que la cita adquiriese otra dimensión.

“En el exilio, y fundamentalmente en América, el Aberri Eguna se convirtió en un festejo de todos los abertzales, más allá del PNV. Además, en el Aberri Eguna de Itsasu (1963), en Iparralde, vemos a militantes de Enbata y también a miembros de ETA como Iulen Madariaga”, añade Aizpuru.

En los años sucesivos, el Aberri Eguna se consolidó como una cita para la reivindicación abertzale que, no obstante, excedió a las formaciones vinculadas al nacionalismo vasco y el independentismo para llegar a otras culturas políticas, con citas emblemáticas como el Aberri Eguna de 1964, en Gernika, o el citado Aberri Eguna de 1967, en Iruñea.

Este carácter amplio, transversal y de oposición al régimen del Aberri Eguna se mantendría durante los primeros años de la transición, aunque se diluiría paulatinamente como consecuencia de las insalvables diferencias que separaban a las diferentes culturas políticas del país en un contexto marcado por la violencia.

En los últimos años, ha vuelto a emerger el debate sobre la conveniencia de mantener esta fecha o la posibilidad de buscar una nueva referencia simbólica. De momento, a falta de un nuevo consenso, se mantiene la establecida hace 94 años, aunque hoy con una carga simbólica muy diferente y un recorrido histórico que le ha otorgado una marcada identidad.

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