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Sudáfrica: luces y sombras

Los sudafricanos tienen algunos derechos que en el resto de África son impensables, así como libertad política y religiosa. Pero siguen presentes la corrupción y la desigualdad social.

El centenario del nacimiento de Nelson Mandela le ha servido a Sudáfrica para recordar el legado del ganador del Premio Nobel de la Paz, pero también los graves problemas que tiene pendientes. Sudáfrica es un éxito por muchos motivos. Los sudafricanos tienen algunos derechos que en el resto de África son impensables. Por ejemplo, el matrimonio entre homosexuales. La libertad política es bastante grande, y también la religiosa. Allí viven cristianos, hindúes, musulmanes y animistas, sin que haya conflictos entre ellos. Y, sobre todo, hay que tener en cuenta lo que podría haber ocurrido si no hubiera sido por Mandela: probablemente, una terrible guerra civil entre blancos y negros.

El problema es que ninguno de los sucesores de Mandela ha tenido, ni de lejos, su estatura política y, sobre todo, moral. Ya lo avisó: la corrupción y la desigualdad social son los principales obstáculos para Sudáfrica. Y los sucesores de Mandela no han arreglado la desigualdad social y encima han incrementado la corrupción. El anterior presidente, Jacob Zuma, traspasó ya todas las líneas y su partido, el partido de Mandela, el Congreso Nacional Africano, le tuvo que echar en febrero. Pero estos días los sudafricanos están de fiesta y se la merecen.

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