Louvre: de fortaleza medieval a símbolo de vulnerabilidad
Un año después del robo, las joyas siguen desaparecidas mientras afloran las deficiencias de seguridad del museo.
Un año después del histórico robo de joyas en la Galería de Apolo del Louvre, perpetrado en 7 minutos y valorado en 88 millones de euros, el botín sigue en paradero desconocido.
En el primer aniversario del sonado asalto, el museo de arte más grande del mundo sigue sin recomponerse del golpe. Y es que el ataque afloró las deficiencias que ya con anterioridad acumulaba un edificio cuya apertura data de 1793: riesgo de intrusión, fallos de coordinación y carencias críticas en los sistemas de seguridad, algunas de ellas tan elementales como la falta de pantallas, que imposibilitaba observar simultáneamente todos los espacios videovigilados.
El museo aceleró las reformas pendientes, con una inversión de 86 millones de euros, de los cuales sólo se han ejecutado 6. Se ha instalado un puesto móvil de policía, cámaras suplementarias, enrejados y dispositivos contra embestidas. Pero las mejoras a realizar van más allá: en su totalidad, el plan de renovación está valorado en más de 1.000 millones de euros hasta, por lo menos, 2031.
Durante los últimos meses, el Louvre ha padecido las consecuencias de otra serie de eventos desastrosos. Entre ellos, destacan el cierre de una de una galería por la fragilidad de las vigas del edificio, una huelga, inundaciones y hasta el descubrimiento fraudes masivos con la venta de entradas y visitas guiadas.
Las joyas no aparecen
El 19 de octubre de 2025, minutos después de abrir el museo y a plena luz del día, cuatro individuos aparcaron dos motos y una plataforma montacargas en su exterior, en pleno centro de Paris. Equipados con cortadoras de disco ascendieron hasta la ventana de la Galería de Apolo, accedieron a la misma y reventaron las vitrinas de las que se llevaron numerosos tesoros, valorados en su conjunto en 88 millones de euros.
Un mes después del asalto, cuatro personas fueron detenidas como presuntos autores materiales. Dos de ellas son inequívocamente los autores, puesto que hay pruebas de ADN que lo confirman y ellos mismos lo confiesan. Sin embargo, exoneran a los otros dos detenidos, dicen que los verdaderos autores están desaparecidos, y que son ellos quienes tienen las joyas desaparecidas.
Pese a todo, el director del museo (que accedió al cargo tras la dimisión de su antecesora, que ya había advertido de la obsolescencia del museo) se mantiene pese a todo optimista respecto a la posibilidad de hallar las joyas robadas. En cualquier caso, el robo en el Louvre ha sacado a la luz las enormes carencias que adolece: hay zonas que se han tenido que clausurar por riesgo de derrumbe, ha habido patrimonio dañado por inundaciones, las personas trabajadoras han recurrido varias veces a la huelga, y el nuevo presidente reconoce que el Louvre está “al límite”.
El Louvre, que nació como fortaleza defensiva en el siglo XIII y pasó a ser museo en 1793, se ha convertido en un símbolo de vulnerabilidad tras el robo del siglo.