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El drama humanitario de la frontera mexicana

La muerte de la niña salvadoreña Valeria junto a su padre en las aguas del río Bravo ha servido para recordar la emergencia que se vive en la frontera entre Estados Unidos y México.

La muerte de la niña salvadoreña Valeria junto a su padre en las aguas del río Bravo ha servido para recordar la emergencia que se vive en la frontera entre Estados Unidos y México. Pero no es la "emergencia nacional" de la que habla Trump como argumento para defender la construcción de un muro; es una emergencia humanitaria.

El caso de Valeria y su padre no es aislado. Todos los días hay muertos en la frontera; unos se ahogan en el río, otros se mueren de sed y calor en el desierto que ocupa buena parte de la región fronteriza. Y en muchos casos, los que consiguen llegar al otro lado son sometidos a la separación familiar forzosa: los padres son detenidos y los niños son enviados a unos centros de acogida que, en realidad, parecen más unos campos de concentración.

Una comisión de abogados y médicos estadounidenses consiguió visitar uno de esos centros en Texas la semana pasada, a pesar de la obstrucción de las autoridades, y su informe ha sido demoledor. Su descripción de las condiciones en las que están esos niños está causando un escándalo en Estados Unidos. Muchos estadounidenses creen que hay que controlar la frontera, pero nadie cree que para ello haya que maltratar a los niños. Excepto Trump.

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