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Dos años de vértigo

Reino Unido y la Unión Europea deben negociar dos cosas: cómo se produce el divorcio, y qué tipo de relación van a mantener después.

El 29 de marzo de 2019, el Reino Unido ya no será parte de la Unión Europea. Hoy empieza a contar el plazo de dos años, que se activa desde el momento en que el Reino Unido notifica que quiere irse apelando al artículo 50 del Tratado de Lisboa. Ya no hay marcha atrás. Ese plazo es el que tienen las dos partes para alcanzar un acuerdo sobre la forma en que se va a llevar a cabo el divorcio. Y si en esos dos años no se alcanza un acuerdo, el Reino Unido quedará automáticamente fuera de la Unión.

Existe la posibilidad, eso sí, de prorrogar el plazo si todos los países de la Unión Europea aceptan esa prórroga. Estos dos años van a ser de vértigo. Hay que negociar, en realidad, dos cosas. Cómo se produce la separación del Reino Unido de la Unión Europea y el tipo de relación que van a mantener después. Y todo eso, además, en medio del problema que tiene el propio Reino Unido tras la petición de Escocia de celebrar el segundo referéndum de independencia. Quizá ahora más de un británico se estará preguntando: ¿De verdad el Reino Unido estaba tan mal dentro de la Unión Europea como para meterse en semejante lío?

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