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‘El tablero europeo’ analiza los retos que enfrenta el continente en el nuevo escenario geopolítico

Los cambios se suceden en el tablero geopolítico, y Europa busca su lugar ante la nueva encrucijada global. La nueva serie de reportajes dirigida por Mikel Reparaz, jefe del área de Internacional de EITB, analiza desde hoy los retos a los que se enfrenta el continente en el actual contexto geopolítico.

18:00 - 20:00

En medio del contexto de pugna entre potencias que define el nuevo tablero internacional, Europa busca su lugar en la gran encrucijada mundial. La competencia entre potencias hace que los equilibrios geopolíticos cambien de manera incesante. La rivalidad entre Estados Unidos, Rusia y China se extiende a otros escenarios, desde Ucrania hasta el Indo-Pacífico. La disputa por los recursos estratégicos se recrudece. Y, al mismo tiempo, las divisiones internas y el choque entre intereses nacionales dificultan la construcción de una estrategia europea común y coherente.

En este contexto, coincidiendo con el Día de Europa, EITB estrena desde hoy, jueves, la serie de reportajes 'El tablero europeo'. Estos reportajes, dirigidos por el responsable de Internacional de EITB, Mikel Reparaz, buscan “explicar las claves que sitúan a la Unión Europea y, en general, al continente, en una encrucijada”. “Se trata de analizar cuál es el lugar de Europa en ese gran tablero mundial”, explica Reparaz.

La dependencia energética: Europa importa más de lo que produce

Uno de los grandes asuntos que aborda esta serie de reportajes es la cuestión de la dependencia energética. Porque, pese al impulso de las renovables y al discurso sobre la autonomía estratégica, la dependencia exterior europea sigue siendo enorme.

Europa importa más energía de la que produce. Cerca del 57% de la energía que consume procede del exterior, mientras apenas un 43 % se genera dentro de sus fronteras. El petróleo continúa siendo la principal fuente energética importada y representa casi dos tercios del total de las compras exteriores de energía. Estados Unidos y Noruega son hoy los principales proveedores europeos, muy por delante de los países del Golfo Pérsico.

En el caso del gas natural, la dependencia resulta igualmente evidente. El gas natural licuado llega sobre todo desde Estados Unidos, mientras que el suministro a través de gasoductos procede principalmente de Noruega, aunque también de Argelia y Rusia. En cuanto al carbón, Australia continúa siendo uno de los grandes suministradores.

Si se atiende a la energía producida en el continente, las energías renovables han ganado terreno de forma significativa. La solar, la eólica o la hidroeléctrica representan ya cerca del 48 % de toda la producción energética europea. Por primera vez han superado conjuntamente a los combustibles fósiles producidos en el continente (el carbón y el gas). Aun así, el carbón sigue suponiendo alrededor del 15 % de la producción energética de la Unión Europea, y la energía nuclear alcanza el 28 %.

La conclusión es clara: Europa mantiene aún una dependencia estructural que condiciona profundamente su comportamiento geopolítico.

Un ejemplo expresivo de esta problemática es el debate que de nuevo emerge en Francia alrededor de la energía nuclear, un asunto central que genera posiciones encontradas. Se trata de uno de los temas que analiza ‘El tablero europeo’, de la mano de Xabier Ormazabal, corresponsal de EITB en París.

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Seguridad y defensa: la sombra estadounidense

La dependencia también resulta evidente en materia de seguridad y defensa. La raíz de esta dependencia hay que buscarla en el escenario surgido tras la II Guerra Mundial. Alemania e Italia fueron derrotadas, y fueron intervenidas militarmente por Estados Unidos.

La principal base militar estadounidense en territorio de la Unión Europea se encuentra en Alemania: Ramstein. Además, tras la caída de la Unión Soviética, la presencia militar de Estados Unidos se expandió hacia el este y hoy alcanza ya a 17 países europeos.

Actualmente hay unos 100.000 soldados estadounidenses desplegados por toda Europa, además de armamento, aviones y vehículos militares. También permanecen desplegadas alrededor de un centenar de cabezas nucleares tácticas en distintos puntos del continente, mirando hacia el Este.

Esta influencia de Washington ha condicionado históricamente la estrategia de defensa europea. Pero la invasión rusa de Ucrania ha acelerado una nueva fase.

Estados Unidos y la OTAN exigen a los socios europeos un aumento del gasto militar. Al mismo tiempo, en Bruselas gana peso la idea de que Europa necesita una mayor autonomía estratégica, algo que en opinión de algunos actores solo es posible a través del rearme. Hay un tercer factor relevante: determinadas esferas políticas y agentes corporativos ven en la industria militar una oportunidad para reactivar la economía europea.

En Alemania, el canciller Friedrich Merz ha sentado un precedente inquietante, al anunciar fuertes recortes del Estado del bienestar con el objetivo de reducir el déficit y financiar el rearme. ¿Se terminará extendiendo esa lógica al conjunto de Estados?

Alianzas comerciales: un equilibrio imposible

Las alianzas comerciales constituyen otro de los grandes dilemas europeos. Se trata de una cuestión especialmente sensible, ya que afecta directamente a su economía, su seguridad y su capacidad de influencia internacional.

La Unión Europea depende en gran medida del comercio exterior, tanto para exportar sus productos como para garantizar el acceso a materias primas, energía y tecnología. En un contexto marcado por la rivalidad entre potencias como Estados Unidos y China, Europa se ve obligada a equilibrar sus relaciones económicas sin perder autonomía estratégica ni quedar subordinada a los intereses de otros actores globales.

La UE ha intensificado en los últimos años su estrategia de alianzas comerciales en un contexto marcado por la creciente competencia geopolítica. Bruselas ha impulsado acuerdos con Mercosur, Australia o India con el objetivo de diversificar mercados y reducir dependencias exteriores.

Las relaciones comerciales se han convertido en un importante foco de tensiones internas, tanto por su posible impacto sobre sectores como la agricultura, la industria u otros sectores estratégicos, como por las diferencias entre los Estados miembros respecto al grado de apertura comercial que debe asumir Europa.

No todos los países miembros tienen las mismas prioridades económicas ni la misma dependencia de determinados mercados. Y algunas brechas son patentes: algunos Estados apuestan por reforzar los vínculos con Estados Unidos, mientras otros buscan mantener una relación más abierta con China u otros actores emergentes.

La eterna división política

Ante este contexto, la división política en Europa representa uno de los principales obstáculos para consolidar una acción conjunta sólida de la Unión Europea. Las diferencias internas y el choque entre intereses nacionales dificultan la construcción de una estrategia europea común, especialmente en cuestiones relacionadas con la política exterior, la seguridad o la gestión de crisis internacionales.

Los Estados miembros comparten instituciones y algunos valores; sin embargo, cada uno continúa priorizando intereses económicos, energéticos o geopolíticos. Y eso limita la capacidad de respuesta unificada ante los desafíos globales.

“Cunde la sensación de que no hay herramientas y de que no hay una voz única para actuar como una potencia en el ámbito internacional, a pesar de que Europa es una potencia económica reconocida en el mundo”, explica Reparaz.

La reciente cumbre de líderes europeos celebrada en Chipre volvió a evidenciar la persistente división política en el seno de la Unión Europea, incapaz de articular una posición común ante cuestiones tan trascendentales como el genocidio en Palestina o los bombardeos sobre Irán.

Esta división, además, hace inevitable que persista el debate sobre los mecanismos de decisión dentro de la Unión, sobre si determinadas cuestiones deben resolverse por mayoría o si debe seguir requiriéndose la unanimidad de los Estados miembros.

La consecuencia más patente de esta división es que Europa se presenta como un actor que mira con impotencia al conjunto de acontecimientos que sacuden el tablero internacional. La duda se si será capaz de superar sus divisiones internas para avanzar de forma coordinada y eficaz a fin de afrontar los desafíos presentes. La serie de reportajes de EITB ‘El tablero europeo’ analiza, precisamente, este complejo contexto.

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