ELECCIONES EN BRASIL
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Brasil decide este domingo entre el continuismo de Lula y la vuelta del bolsonarismo en una cita muy ajustada

Las encuestas reflejan un empate técnico, con el 50 % de los votos cada uno. La amplia repulsa que suscitan los dos contendientes es reflejo de una gran polarización política, surgida en gran medida de la batalla digital que se dirime en redes sociales.
AME7371. SAO PAULO (BRASIL), 18/10/2026.- El presidente de Brasil y candidato a la reelección, Luiz Inácio Lula da Silva (d), y el opositor Flávio Bolsonaro, participan en el primer debate de cara a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, este domingo en la sede de Rede Bandeirantes en Sao Paulo (Brasil). EFE/ Sebastiao Moreira
Debate electoral entre el presidente Lula da Silva, y Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro. Foto: EFE

Más de 156 millones de brasileños tienen este domingo una cita definitiva con las urnas para elegir entre dos líderes y modelos que dan parte de la historia reciente del país; el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, sindicalista con larga lucha durante la dictadura y Flávio Bolsonaro, hijo del militar y expresidente Jair Bolsonaro, heredero de un movimiento nostálgico de aquel régimen autoritario.

Las encuestas reflejan un empate técnico, con el 50 % de los votos cada uno, mientras que el sondeo de la consultora Quaest sitúa a Bolsonaro con el 45% frente al 44% de Lula quien, no obstante, según la misma fuente, su alto nivel de rechazo ha caído cinco puntos, hasta el 47 %.

La amplia repulsa que suscitan los dos contendientes es reflejo de una gran polarización política. Supone una fractura identitaria y social que condiciona de forma directa el comportamiento del electorado, el desarrollo de la campaña y la futura gobernabilidad de Brasil.

Con un Congreso más escorado a la derecha, se prevé una hostilidad mucho menor para Flávio Bolsonaro que la que tuvo que sortear Lula, cuyo Gobierno se ha visto en complejas negociaciones para sacar adelante sus propuestas. En cambio, todo hace pensar que un mandato del candidato ultraderechista encontrará mayor resistencia de la calle con posible contestación de movimientos sociales, medioambientales y por los derechos civiles.

El modelo de Lula viene marcado por una clara falta de relevo generacional en la izquierda brasileña, el ensimismamiento en tiempos mejores y el desgaste derivado de los pasados casos de corrupción. A ello se suma la dificultad para articular propuestas convincentes para contener la inflación, pese a subir los salarios. El balance de estos cuatro años en materia económica no ha sido desastroso, pero sí insuficiente.

En cambio, Bolsonaro recoge el legado de su padre y propone una reducción del gasto público y de la presencia del Estado, con una agenda de privatizaciones, bajadas generalizadas de impuestos, recortes en las administraciones, explotación de recursos naturales a gran escala y una política de seguridad inspirada en el modelo de Nayib Bukele en El Salvador, incluido el endurecimiento de penas y una reducción de la edad penal.

Su eventual llegada al poder garantizaría la liberación de su padre, Jair Bolsonaro, condenado por el intento de golpe de Estado en 2023 tras su derrota electoral, ya sea mediante indulto presidencial o amnistía en el Congreso.

La polarización de la sociedad brasileña surge en gran medida de la batalla digital que se dirime en redes sociales, en las que históricamente el bolsonarismo ha sabido desplegar sus estructuras mucho mejor que la izquierda, hasta el punto de ser objeto de choque judicial en el Tribunal Superior Electoral (TSE).

Lula pidió al TSE la nulidad de la candidatura de Bolsonaro alegando un supuesto trato de favor de Meta -la matriz de Facebook e Instagram- en lo que respecta al contenido y al algoritmo, haciendo énfasis en la permisividad que se concede a la desinformación electoral financiada por el equipo del candidato ultraderechista.

El asunto ha llevado al TSE a fijar plazos a Meta para que retire los contenidos y modifique el algoritmo para garantizar una estricta neutralidad, bajo amenaza de elevadas multas económicas diarias, y abre el debate sobre la influencia de estas grandes corporaciones en los procesos electorales y su posible regulación.

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