Euskadi recupera el pulso joven: hacía 25 años que no había tantos adolescentes
En la Comunidad Autónoma Vasca hay 220.000 jóvenes de entre 10 y 19 años, la cifra más alta desde 1999. En Nafarroa, mientras, no había tantos adolescentes desde comienzos de los 90. Hego Euskal Herria ronda los 300.000 adolescentes.
En Euskadi no había tantos adolescentes desde el siglo pasado. Aunque pueda resultar sorprendente, el dato es rigurosamente cierto. En este momento, según los últimos datos del Eustat, en Euskadi hay 220.000 jóvenes de entre 10 y 19 años, la cifra más elevada desde el año 1999. Es decir, hay que retroceder un cuarto de siglo para encontrar una cifra mayor de adolescentes.
Ese dato de 220.000 jóvenes se corresponde con el del grupo de edad que la Organización Mundial de la Salud (OMS) sitúa como adolescentes, la población de la franja de edad 10-19 años. A nivel popular, no obstante, la adolescencia se vincula con una edad algo más tardía, en torno al grupo de edad 13-19 años (los teenagers, en términos anglosajones). Y también en ese grupo de edad, Euskadi se sitúa en su techo en el último cuarto de siglo: hay 158.520 jóvenes de estas edades, en este caso la cifra más elevada desde el año 2000.
En el caso de Nafarroa, la tendencia es aún más pronunciada. Hay alrededor de 77.000 ciudadanos de entre 10 y 19 años en la comunidad foral, la cifra más alta desde comienzos de los noventa. Es decir, en Hego Euskal Herria hay alrededor de 300.000 adolescentes, frente a los 225.000 que había hace dos décadas, con un crecimiento superior al 33 %.
El auge de los años 2000
Estos datos sorprenden porque en Euskal Herria se habla constantemente de la crisis de la natalidad, aunque lo cierto es que se habló muy poco del auge de los nacimientos que se vivió hasta hace pocos años, con 2011 como punto culmen. En aquel año se registró la cifra de nacimientos más alta desde 1984, y hasta 2017 los nacimientos se mantuvieron por encima de la media de los años 90, década en la que se vivió un declive del número de nacimientos y de la tasa de fecundidad (menor aún que la actual).
Aquel auge de los nacimientos explica en gran medida esta cifra de adolescentes comparativamente elevada. Así lo explica Itziar Aguado, doctora en Economía y profesora de Geografía Humana en la EHU: “Euskadi registró un incremento sostenido de nacimientos en aquellos años (comienzos del siglo). Esa cohorte está llegando ahora a la adolescencia, lo que explica directamente el ensanchamiento de la pirámide en las edades de 10 a 19 años”.
El factor migratorio
Existe un segundo factor que “actúa de forma complementaria”: la inmigración. “Los flujos migratorios que llegaron a Euskadi a partir de los años 2000 no solo aportaron población adulta en edad de trabajar, sino también familias con hijos que llegaron siendo niños o incluso hijos que han nacido aquí. Ese flujo migratorio ha contribuido tanto directamente, con ese incremento inicial, como indirectamente, si tenemos en cuenta que las madres de nacionalidad extranjera son madres, de media, a una edad más temprana y tienen unos índices de fecundidad algo superiores a las madres nacionales”.
En consecuencia, si en torno a 2005-2010 el número de adolescentes tocó fondo, como consecuencia de la pronunciada caída de la natalidad de los años 90, en los últimos años se vive un auge claro, con hasta 50.000 adolescentes más que en aquellos años (un 27 % más) en el caso de la comunidad autónoma de Euskadi.
En Nafarroa, donde la incidencia de ese factor complementario de la inmigración ha sido mayor, la tendencia es aún más pronunciada, con un aumento de más de un 40 % del número de adolescentes en contraste con los años 2005-2006.
Atender sus necesidades
Hay pocos niños, especialmente de entre 0 y 5 años (aunque las cifras no son muy diferentes a las de los años 90), pero muchos adolescentes. Y este fenómeno tiene consecuencias, según señala la profesora de la EHU.
“Ese incremento del número de adolescentes tiene consecuencias en varias esferas, al igual que las tiene el envejecimiento de la población, pero el aumento del volumen de adolescentes genera mucho menos debate público. Tener más adolescentes implica mayor demanda, por ejemplo, de plazas educativas o de actividades de ocio. Pero más allá de la gestión de esa demanda, lo relevante es atender las necesidades específicas de este grupo. La salud mental juvenil, la relación con la tecnología o la educación sexual son ámbitos que empiezan a recibir atención institucional, aunque todavía de forma reactiva”, indica.
La tendencia, asimismo, tendrá consecuencias en clave demográfica: es muy probable que los nacimientos aumenten en el medio plazo. “Este mayor stock de jóvenes tiene una consecuencia futura que suele pasarse por alto. Cuando lleguen a la edad reproductiva, si los índices de fecundidad se mantienen en niveles similares a los actuales (en 2024 se situaban en 1,17 hijos por mujer, frente a los 0,97 de 1990), el número absoluto de nacimientos crecerá. No porque cambien los comportamientos reproductivos individuales, sino porque habrá más personas en disposición de tener hijos. Es la inercia demográfica actuando en la dirección contraria a la que auguran los discursos más pesimistas”, señala Itziar Aguado.
Vivienda, precariedad o cuidados, las claves para impulsar la natalidad
Este fenómeno del aumento del número de adolescentes sirve, en opinión de Itziar Aguado, para explicar la situación que hoy se vive en torno a la natalidad. Las situaciones presentes, no en vano, son consecuencia de decisiones reproductivas pasadas. Y la actual crisis de la natalidad se explica, en gran medida, por la caída de los nacimientos de los años 90, que han provocado que el volumen de población en edad fértil haya menguado.
“Frente a los titulares alarmistas sobre la caída de nacimientos, conviene detenerse en lo que los datos realmente dicen. El número absoluto de nacimientos es bajo. La tasa bruta de natalidad cae, en parte porque también se reduce el número de mujeres en edad fértil. El índice sintético de fecundidad, que neutraliza ese efecto, nos indica que las mujeres vascas tienen hoy más hijos por cabeza que hace tres décadas”, indica Aguado.
Asimismo, en opinión de la profesora de la EHU es necesario atender a factores de carácter material que están haciendo que los jóvenes “no puedan tener hijos cuando y en el número que querrían”: “La emancipación tardía, la precariedad laboral, el precio de la vivienda y una corresponsabilidad que sigue siendo más declarada que real, generan un coste de oportunidad enorme, que recae de forma desproporcionada sobre las mujeres”.
La clave, en opinión de Itizar Aguado, no pasa tanto por fomentar la natalidad como por “eliminar los obstáculos que impiden que las personas puedan llevar a cabo los proyectos de vida que desean”. Y ahí demanda políticas estructurales: “Las políticas pronatalistas de corte asistencial como el cheque-bebé o los incentivos fiscales puntuales tienen un efecto marginal. Lo que realmente puede cambiar la ecuación es garantizar que tener hijos no suponga una penalización vital para quienes los tienen, y en particular para las mujeres. Eso exige políticas estructurales: vivienda asequible, mercado laboral que permita la conciliación real, y una redistribución efectiva del trabajo de cuidados”.
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