Orbel: "Desde la oscuridad, siempre llegamos a un rastro de luz"
El cuarteto Orbel vuelve a pisar en su segundo disco, Lur hezea (Usopop Diskak & Medication Time Records, 2022), terrenos anegados y cenagosos, en una continuación de su anterior disco, Hegan, en el que resuenan en la oscuridad nanas y réquiems paganos.
Aún así, la luz resulta más deslumbrante cuanto mayor sea la oscuridad desde la que se mira; así que los tenebrosos sonidos de Orbel llegan más salpicados de color que nunca, gracias a una mayor presencia de la voz, tanto en sus melodías como en las armonías, y de los patrones rítmicos.
Hemos hablado con Txomin Urriza, Kamille Dizabo, Alan Billi eta Annelise Arnaud sobre su nuevo disco, que acerca al y la oyente a unos Neurosis más relajados, ecos de Portishead y letanías paganas.
Los ritmos y las voces han ganado presencia en vuestro nuevo disco, Lur hezea, en comparación con Hegan. ¿A qué se debe esta evolución?
Kamille: Podríamos decir que, de alguna manera, vemos Lur hezea, nuestra segunda obra, como más madura. A medida que han pasado los años y hemos envejecido, han crecido nuestras ganas por emprender nuevos caminos, se ha ampliado nuestro propósito por tomar diferentes direcciones, como suele ocurrir con naturalidad en la mayoría de grupos.
Los ritmos tienen una mayor presencia porque los últimos proyectos y experimentaciones de Alan le han empujado a pasarse de la guitarra a las máquinas. Así, nos ha podido proponer una potente base rítmica que nos ha abierto las puertas a nuevos universos y ambientes.
Por otro lado, desde el principio queríamos ceder un mayor lugar a las voces y las letras para esas voces. No sé muy bien cuál es la razón; puede ser el haber conseguido una mayor confianza entre nosotras y nosotros en la medida en que nos conocemos mejor, la necesidad de sentir y decir más cosas… No lo sé. Pero está claro que las voces aportan más melodías y armonías.
El disco contiene canciones escritas en los dos últimos años. ¿Cómo las habéis trabajado con una pandemia de por medio?
Kamille: Como te he dicho, Alan apareció con un montón de ambientes sonoros y ritmos creados con las máquinas. Comenzamos a partir de ahí el proceso de composición, creando diferentes canciones dependiendo del día o de nuestro humor, buscando la energía y la dinámica adecuadas…
En ese proceso coincidió la pandemia, claro, pero no creo que ese elemento supusiera una mala influencia para el grupo o cambiara nuestro punto de vista. Al fin y al cabo, tuvimos más tiempo para crear, tocar juntos y disfrutar de la música que íbamos creando.
¿Qué es lo que tiene que tener una idea o una canción para que os empuje a trabajar en ella?¨
Kamille: Cuando comenzamos a crear algo, los sentimientos y las emociones son quienes dominan. La mayoría de las veces, partimos de una base que nos remueve algo a todas y todos; así que se puede decir que eso es lo que nos empuja.
Como somos cuatro, puede resultar que en la composición algo tome una dirección o un sentimiento que genere contradicciones o un punto de desacuerdo: o, por el contrario, que alguien apueste por ello y descubra nuevas vías.
Hacemos y deshacemos todo lo que creamos hasta que nos gusta a las y los cuatro.
La electrónica ofrece infinitas opciones. ¿Cuándo dejáis de componer una canción?
Kamille: Creo que las opciones son tan infinitas como los obstáculos. Mientras grabábamos el disco, tratamos de equilibrar todas esas opciones que nos dan las máquinas y el aspecto orgánico que conservamos.
Para ello, nos ofreció una gran ayuda Amaury Sauvés, del estudio The Apiary. Al final, diría que los sonidos electrónicos han servido para reforzar nuestra música orgánica, destacar las dinámicas y alimentar las intensidades.
¿Qué ha aportado Amaury Sauvé a las canciones?
Kamille: Como te digo, el punto de vista de Amaury ha sido fundamental. Nos ayudí mucho en la producción, porque es una persona muy clara y astuta.
Gracias a la participación de alguien tan especializado, hemos podido profundizar en nuestro mensaje, nuestras dinámicas y las intensidades. La primera estancia en Laval, que es donde está el estudio, la hicimos en septiembre de 2021. Entonces empezamos a trabajar y concretar cosas con Amaury. Luego tuvimos un mes para ajustar nuestras canciones, y a finales de noviembre volvimos a Laval, a grabar y terminar el trabajo de producción.
Vuestras canciones desprenden oscuridad. ¿Qué tipo de oyente teneís en mente, si no a la hora de crear, a la hora de editar vuestros discos?
Kamille: Dicen que las mejores canciones son las más desesperadas (ja ja ja). Las canciones nos gustan y nos salen así, pero creo que desde la oscuridad siempre llegamos a un rastro de luz, o al menos eso es lo que intentamos. No todo es oscuro, de la misma manera que no todo es claridad, porque lo uno no podría vivir sin lo otro.
Nuestro proyecto no está orientado a un público especial. Cuando componemos o lanzamos un disco, no pensamos en eso. Hacemos y ofrecemos lo que nos gusta. Así que nuestros y nuestras oyentes serán quienes disfruten con las emociones y los contrastes que puede ofrecer nuestra música.
Cuidáis mucho el aspecto visual. ¿Cómo son y serán los conciertos de Orbel?
Kamille: Hemos tratado de cuidar el apartado visual desde el principio, pero eso no quiere decir que demos prioridad a la apariencia o la imagen. Las imágenes cuentan otras cosas, nos apelan de diferentes maneras.
Queríamos dar diferentes dimensiones a nuestro proyecto, mezclando los y las genios artísticos que tenemos alrededor (Fammy Maillard para las fotos, Mikel Perez en las luces, Mathieu Garcia al sonido…). Estamos trabajando los directos junto a Mikel y Mathieu; es de agradecer el tremendo trabajo que hacen en las luces y el sonido.
Txomin y Annelise presentaréis otros dos discos en la Feria de Durango, el de Bazka ("Basoaren ilunean dantza") y el de Mäirü. ¿Cómo es tocar en proyectos estilísticamente tan diferentes?
Annelise: En la música, como en la vida, siento la necesidad de explorar mundos diferentes, vestir trajes diferentes. Tengo la suerte de tocar en dos grupos formados por amigas y amigos.
Mairü es muy instrumenta, melódico y ligero, mientras que Orbel está más ligado a las voces y es más depurado y reflexivo. Ambos proyectos representan aspectos bastante diferentes de la condición humana, y equilibran mis emociones. Lo malo es que resulta bastante difícil gestionar la agenda, porque además trabajo a jornada completa, pero no me puedo quejar de eso…
Txomin: Además de en Bazka y Orbel toco en los grupos Kuma No Motor y Venil (con Alan, de Orbel, y nuestro técnico de luces Mikel). Tocar en cuatro grupos de estilos muy diferentes me permite crear ambientes muy diferentes, no querer dirigir e imponer todas mis ganas en un solo proyecto.
En ese sentido, ¡es muy tranquilizador para mí y para el resto! Algunos grupos son para mí una especie de catarsis, y otros me da la opción de experimentar. Y, sobre todo, me ofrecen la posibilidad de estar con amigos y amigas.
Lumi, Habia, Kuartz, Willis Drummond, Bloñ, Odei, Ztah, Torheit, vosotros mismos, en otra magnitud Gojira… La producción musical vive un gran momento en Iparralde. ¿Hay algún rasgo común en todas esas propuestas?
Kamille: Está claro que los proyectos creativos en Iparralde están resultando fructíferos, pero no solo en el ámbito música… Podemos encontrar pequeños tesoros también en danza, en teatro o en videocreación.
No sé qué rasgos comunes tienen todas esas propuestas, pero creo que todas hemos encontrado inspiración en el arte de alguna manera u otra, y que todas tenemos algo que decir. Y creo que en Iparralde existe un punto de valentía para probar y mezclar cosas sin miedo. Por eso hay tantas propuestas especiales.
Mirado desde otro punto de vista, nos podría unir el euskera o las ganas de crear en euskera.
Teniendo en cuenta que estamos en la Feria de Durango, ¿cómo veis a creación y la industria musical vascas?
Kamille: Es difícil hablar de la creación musical vasca, porque fundamentalmente habrá puntos de vista diferentes y muy subjetivos. La música vasca es rica, con colores y gustos variados, que es a fin de cuentas lo más importante. Crear música nunca ha generado dolor; si no te gusta un estilo, puedes escuchar el que te gusta y punto.
Annelise: Prefiero hablar de la creación que de la industria (sobre todo, porque de momento con Orbel gastamos más dinero del que ingresamos, por lo que el aspecto económico nos resulta muy lejano). Creo que lo que une todos estos proyectos son nuestra lengua -el euskera- y nuestro territorio -Euskal Herria-; parece poco, ¡pero no lo es!
Esto muestra que la música y el arte no tienen una sola voz, sino que tienen muchos y variados colores y sabores. Tenemos el rock muy enraizado, pero hoy en día las estéticas se han multiplicado, y es un placer comprobar esa riqueza cultura en los escenarios y las calles de nuestros pueblos.
¿Qué otros disco y libros compraréis en Durango?
Annelise: El nuevo de Lumi, el nuevo disco del grupo Willis Drummond, la estupenda última obra de Mice, las dulces canciones de Peru Galbete, Aitor Etxebarria, los proyectos de Gartxot (Ghau y las colaboraciones).
Txomin: El disco de Ødei. Sin olvidar que en Euskal Herria hay un montón de grupos de música y moviemientos que no aparecen en la Azoka. La de Durango es una foto, pero fuera de ese encuadre pasan muchas cosas importantes. ¡Sed curiosos, escuchad e id a ver conciertos!
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