Maria Elorza: “Quería hablar sobre literatura para cualquiera, no para unos pocos espectadores especializados”
"La literatura no pertenece a los catedráticos. Pertenece a todos por igual y se esconde en los retratos de la gente humilde". Esa frase, pronunciada por una de las participantes en el documental, resume la esencia de "A los libros y a las mujeres canto", documental que la cineasta Maria Elorza (Vitoria-Gasteiz, 1988) presenta en la sección New Directors (proyecta primeros o segundos largometrajes de cineastas) del Festival de Cine de San Sebastián.
Elorza ha recopilado sin necesidad de alejarse de su círculo más íntimo (participan familiares y amigas) los testimonios de cuatro mujeres que han defendido los libros frente al fuego, el agua, el polvo, la ignorancia y el fanatismo, y los ha combinado de una manera muy interesante, valiéndose a veces de la ironía, con imágenes de archivo.
El resultado del trabajo de Elorza es una oda a una íntima resistencia, de la que hemos hablado con la directora.
Maria, ¡zorionak por estar en la sección New Directors! ¿Cómo afrontas tu participación en un festival que te es muy cercano?
Para empezar, con ilusión, porque estrenar tu primer largometraje en Donostia está muy buen. Además, la película competirá junto a otros trabajos internacionales, y lo podrá ver un público amplio, tanto local como gente que viene al Zinemaldia desde fuera.
Has participado en el Zinemaldia como cineasta, jurado y como espectadora. ¿Qué supone para una cineasta vasca el Festival? ¿Cómo lo sueles vivir?
Para empezar, es una escuela; sobre todo hace unos años, cuando era muy difícil ver en San Sebastián películas que no pertenecían al circuito comercial.
Por otro lado, son días frenéticos: un montón de películas, muchos compromisos, la ciudad llena de gente… Siempre se me queda un pequeño sabor amargo porque no he podido hacer todo lo que quería.
¿Cuándo decidiste cantar a los libros y a las mujeres, de la misma manera que Virgilio lo hiciera a las armas y a los hombres en "Eneida"? ¿Cómo llega la anécdota sobre una balda caída a ser una película de 72 minutos?
Siempre explico que la razón fue que a mi madre se le cayó en casa la balda de los libros, porque fue el primer momento en el que cogí la cámara para hablar sobre la librería de casa.
De todas maneras, en mis anteriores trabajos también aparecen el interés por la literatura y muchas mujeres. En ese sentido, este proyecto se puede ver casi como una continuación de las interiores investigaciones. Pero cuando comencé a grabar entrevistas, entendí que se podía hacer un largometraje sobre este tema, fue el momento en el que comencé a visitar las casas de estas mujeres, rebusqué entre sus libros y probé cómo darle a todo eso una forma audiovisual.
He llegado a los 72 minutos con mucha paciencia, grabando poco a poco, buscando imágenes partiendo de los testimonios de las protagonistas, viajando y viendo dónde me llevaba la propia película.
Según una de las participantes en la película, la poesía no hay que entenderla, basta con mirarla. No obstante, tu película sí responde a una estructura que la hace comprensible. ¿Por qué la organizaste en capítulos y por qué siguen ese orden y mantienen ese ritmo los testimonios?
He hecho muchas pruebas, y la película ha tenido muchas estructuras. Por ejemplo, algunas secuencias se han quedado fuera, y otras las he grabado dos veces.
El eje de la narración son las entrevistas y mi voz en off, y el montaje responde a los testimonios: lo que empujó a continuar rodando fue la potencia de lo que contaban estas cuatro mujeres.
El mayor trabajo de investigación en la película ha sido convertir esos testimonios en imágenes. Esto me ha llevado a examinar archivos, filmar diferentes paisajes, realizar experimentos, viajar.
Lo de los capítulos estaba en mi mente desde el principio por la relación que tiene con la literatura, pero no han sido la base para el montaje. Y con la voz en off ha ocurrido algo parecido: decidí bastante al principio que iba a estar ahí, porque la oralidad tiene mucha importancia en la película, pero la escribí y la inserté después de utilizar y ordenar el resto de material audiovisual, pensando que podía ayudar a la espectadora o el espectador a rellenar los huecos que quedaban.
El documental está salpicado de algo de ironía. ¿Te ha resultado un recurso adecuado para acometer algo tan imponente como la literatura?
Quiero que el público disfrute con la película, y yo también quería disfrutar mientras la hacía.
Muchas veces, el humor ayuda a entablar una relación más directa con el público, y ese era mi objetivo: hacer un trabajo divulgativo, hablar de literatura para cualquiera, no para unos pocos espectadores especializados.
Has hecho un trabajo increíble con imágenes de archivo. ¿Cómo ha sido el proceso de buscar y localizar esas imágenes?
Ha sido un trabajo arduo y divertido a la vez. He utilizado mucho la asociación libre de ideas, de maneras diferentes. Por un lado, de igual manera que las protagonistas se han sumergido en su imaginario literario, yo he acudido continuamente a mi imaginario fílmico: si alguien me hablaba sobre las flores, yo recordaba la vendedora de flores de Luces de la ciudad de Chaplin, o si me leían un poema sobre un caballo, me venían a la cabeza los caballos de Eadweard Muybridge.
Por otro lado, también me he sumergido en viejas imágenes "huérfanas": grabaciones familiares de mediados del siglo XX, anuncios, vídeos educativos, películas antropológicas o rodajes científicos.
He pasado muchas horas mirándolos y guardándolos en un disco duro como si fuera una coleccionista. Muchos han quedado fuera, claro, pero casi todos lo que he visto han alimentado la película de una u otra forma.
En la película se afirma que la literatura, la creación, tiene sus limitaciones, que finalmente siempre es el poder el que decide. Sin embargo, la creación continúa siempre ahí, a pesar de esas limitaciones. ¿Por qué? ¿Para qué?
En lo que respecta a la literatura, solo puedo hablar como lectora; sin embargo, sobre el cine lo puedo hacer como creadora.
Pero respondería los mismo en ambos casos: porque creo que me ayudan a ser más libre y feliz.
Algunos de los enemigos de los y las bilbiómanas han sido el fuego, el polvo, la ignorancia y el fanatismo. ¿Qué peligros acechan hoy en día a los libros, la creación y el conocimiento?
Es una pregunta como para que hable sobre ello algo y tendido gente más sabia que yo. Puede que lo que me parezca más preocupante sea el analfabetismo: desde la ilustración hasta el final del siglo XX la batalla por la alfabetización ha sido continua, y parecía que en algún momento iba a terminar porque todas y todos habríamos aprendido a leer.
Sin embargo, en los últimos años, la capacidad de leer ha comenzado a descender, en países que se suponen desarrollados. Y entre los y las que disponen de la "técnica" para leer también cunde la incapacidad de comprender.
Si, como se dice en la película, los libros y películas que elegimos establecen nuestra genealogía, ¿qué libros y películas veríamos en el árbol genealógico de Maria Elorza?
Tener que elegir entre familiares no es un compromiso agradable, pero bueno. Como me encantan las novelas, verías Guerra y paz de Tolstoi como representante de las novelas. En segundo lugar también tendría que estar algún cineasta italiano (Fellini, Rossellini, Antonioni, Visconti...), porque amo ese cine y también para recordar mis raíces italianas.
Finalmente, estaría el diccionario de María Moliner, como reivindicación, ya que el valor de los diccionarios está actualmente absolutamente subestimado. Quienes los hacen no gozan del estatus de escritores o escritoras y de artistas, pero realizan con gran paciencia una labor imprescindible; y María Moliner me parece una persona digna de homenaje (¡además es mi tocaya!).
¿Qué futuro le deseas a la película?
Lo que siempre les deseo: que la disfruten muchas espectadoras y espectadoras y que saquen algo de provecho de ella.
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