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La trampa de la frontera irlandesa

La Unión Europea solo puede ofrecer al Reino Unido alguna declaración política, pero esa declaración podría complicar la situación de la UE en caso de que hubiera que repetir las negociaciones.

Los líderes europeos quieren ayudar a Theresa May. A nadie le conviene una salida brusca del Reino Unido de la Unión Europea (UE), el próximo 29 de marzo, sin un acuerdo de divorcio bien detallado.

Todos dicen que el único acuerdo posible es el que ya han firmado, pero que el Parlamento británico se empeña en rechazar. Más de cien diputados conservadores rechazan el acuerdo y hacen imposible aprobarlo en Westminster. Así que lo que debaten los líderes europeos es qué le pueden ofrecer a May para que ella se lo ofrezca a esos diputados rebeldes y a ver si así se calman. Pero lo único que puede calmarles no lo puede ofrecer la Unión Europea: que hagan lo que les dé la gana con la frontera irlandesa.

La Unión Europea tiene que respaldar obligatoriamente al socio que se queda, la República de Irlanda, y Dublín no quiere bajo ningún concepto una frontera en su isla. Por tanto, la UE solo puede ofrecer alguna declaración política.

Pero, cuidado, porque si los diputados rebeldes vuelven a rechazar el acuerdo, esa declaración política luego podría ser utilizada por Londres en el futuro. Es decir, que podría complicar la posición de la Unión Europea en el caso de que hubiera que repetir las negociaciones.

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