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Un estudio de Emakunde concluye que vivir solas “es un aprendizaje, una oportunidad” para muchas mujeres mayores

El informe 'Mujeres mayores que viven solas en la Comunidad Autónoma de Euskadi: ¿permiso social concedido?' llega a la conclusión de que vivir sola no equivale obligatoriamente a sentirse sola como se desprende de la imagen estereotipada que la sociedad tiene de las mujeres mayores.
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Mujeres mayores paseando en Vitoria-Gasteiz. Foto de archivo: EFE

Muchas mujeres mayores que viven solas consideran su situación como una oportunidad para el crecimiento personal y la contribución social, según una investigación becada por Emakunde. Además, llega,  entre otras, a la conclusión de que vivir sola no equivale obligatoriamente a sentirse sola como se desprende de la imagen estereotipada que la sociedad tiene de las mujeres mayores.

La directora de Emakunde, Miren Elgarresta, ha presentado hoy el informe "Mujeres mayores que viven solas en la Comunidad Autónoma de Euskadi: ¿permiso social concedido?" en Vitoria-Gasteiz, junto a la pareja investigadora formada por Iratxe Herrero y Carlos Díaz de Argandoña, y el concejal-delegado del Departamento de Políticas Sociales del Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz, Luis Eduardo Royero. 

Tal y como ha señalado Elgarresta, “para muchas mujeres mayores, vivir solas es un aprendizaje, una oportunidad, una etapa de crecimiento personal; es una experiencia que, aunque incluye momentos de tristeza o de soledad —como cualquier otra etapa de la vida—, se valora mayoritariamente de forma positiva, tanto entre quienes han llegado a ella por una circunstancia sobrevenida como entre quienes la han elegido libremente”.  

Más mujeres que hombres

La realidad de la que parte el estudio es que del total de las personas que viven solas en la Comunidad Autónoma Vasca, el 32,5 % son mujeres de 65 y más años, y la mayoría de ellas, un 75,4 %, son viudas.

El género influye en la percepción social de las personas mayores que viven solas. En este sentido, el estudio aprecia que la imagen de las mujeres mayores que viven solas tiene un componente negativo asociado a su condición de mujer y a la edad, y se extrapola que viven esta situación con tristeza, generando un nuevo estereotipo negativo sobre ellas. 

Como reflexión, el trabajo advierte de que, a pesar de los logros en materia de igualdad de mujeres y hombres, en lo que se refiere a la libertad de optar por este estilo de vida, cuando la protagonista es una mujer mayor queda supeditada a una especie de permiso social para elegir su estilo de vida y el modo de afrontarla que condiciona su calidad de vida y puede incrementar su vulnerabilidad. 

El equipo investigador apunta dos retos que deben asumirse desde las políticas públicas como son el reconocimiento del papel pionero de muchas mujeres que optaron por la soledad como opción de vida cuando eran jóvenes y posibilitar el derecho de las mujeres mayores a vivir solas hoy en día.

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