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La juventud vasca se muestra satisfecha con su situación personal, pero vive atenazada por problemas estructurales como la vivienda

El informe Aurrera Begira del Gobierno Vasco sitúa el índice de bienestar personal en 73 puntos sobre 100, pero crece la desconfianza en relación con el futuro.

Gazteak jovenes gente neutro

Imagen de recurso de un grupo de jóvenes. Foto: EFE

La juventud vasca muestra una percepción marcada por el contraste: optimismo respecto a su situación personal, pero preocupación ante los factores estructurales que condicionan su futuro. Así lo refleja el informe Aurrera Begira 2025, hecho público por el Observatorio Vasco de la Juventud del Gobierno Vasco, que sitúa el índice de bienestar personal en 73 puntos sobre 100, al tiempo que muestra una profunda preocupación con respecto a la vivienda, la emancipación o las dificultades para poder formar una familia.

Así, un 45 % de la juventud considera que no podrá emanciparse en el plazo de un año, lo que evidencia la persistencia de barreras económicas y laborales. Esta dificultad no solo retrasa la emancipación, sino que también afecta a otros proyectos vitales. En este sentido, el 31 % cree poco probable tener hijos en la edad deseada, reflejando una tendencia creciente a posponer la maternidad y la paternidad.

La imposible emancipación

En esta línea, aunque la mayoría sitúa en torno a los 30 años la edad ideal para tener hijos, una cifra que se mantiene estable a lo largo del último decenio, el 33,4 % considera ‘poco probable’ que lo vayan a hacer y un 8,7 % adicional ‘nada probable’. Se trata de las cifras más elevadas desde que realiza este estudio.

El mercado laboral también contribuye a esta percepción de incertidumbre. Aunque el 79 % de las personas jóvenes en paro confía en encontrar empleo en un año y el 82 % de estudiantes espera que sea acorde a su formación, un 41 % de quienes ya trabajan teme perder su empleo o ver empeoradas sus condiciones. Esta dualidad muestra un equilibrio entre expectativas positivas y una sensación de fragilidad laboral.

A ello se suma una evolución a la baja en algunos indicadores clave. El índice de confianza en el futuro se sitúa en 53 puntos sobre 100, lo que confirma una tendencia descendente en las expectativas a medio plazo.

Familia o salud mental

Por otro lado, el informe incluye un apartado, llamado aspectos vitales, que muestra con claridad cuáles son las prioridades de la juventud.

Entre los ámbitos más valorados destacan la familia, la salud —especialmente la salud mental—, las amistades y, en general, todo lo relacionado con el bienestar personal y relacional.

Junto a estos, también adquieren un peso importante factores como el empleo y la situación económica, ya que se perciben como elementos clave para poder desarrollar un proyecto de vida autónomo. En conjunto, el informe refleja una jerarquía de valores donde conviven dimensiones emocionales (relaciones, bienestar) con otras más materiales (trabajo, ingresos).

Sin embargo, las principales brechas aparecen precisamente en estos últimos ámbitos. Mientras que la juventud muestra altos niveles de satisfacción en su entorno cercano, los mayores desajustes tienen que ver con su situación económica, la salud mental o el empleo.

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