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El cribado de cáncer colorrectal reduce a la mitad la mortalidad en Euskadi

Un estudio publicado en JAMA Network Open, liderado por investigadores de Biogipuzkoa y EHU, confirma que el programa vasco de cribado de cáncer colorrectal, activo desde 2009, ha reducido la mortalidad un 50% entre los 50 y los 69 años en dos décadas.
Imagen: EITB Media

El programa de cribado de cáncer colorrectal que Osakidetza puso en marcha en 2009 ha reducido a la mitad la mortalidad por esta enfermedad entre la población de 50 a 69 años, según un estudio publicado este miércoles en la revista JAMA Network Open. La investigación, dirigida por el doctor Luis Bujanda y la doctora Laura Izquierdo-Sanchez, del Biogipuzkoa Health Research Institute y la Universidad del País Vasco (UPV/EHU), analiza los datos de mortalidad de toda la población vasca —2,2 millones de personas— entre 2004 y 2024.

Una caída sostenida durante dos décadas

El análisis, que revisa los 438.134 fallecimientos registrados en Euskadi en ese periodo, identifica 16.298 muertes por cáncer colorrectal, el 3,7% del total. La tasa de mortalidad ajustada por edad pasó de 32,8 a 23,1 muertes por cada 100.000 habitantes entre 2004 y 2024, un descenso del 29,6%.

El dato más llamativo llega al mirar solo a la población diana del cribado, las personas de entre 50 y 69 años: ahí la mortalidad cayó un 50,1%, de 39,7 a 19,8 muertes por 100.000 habitantes. Los investigadores calculan que, sin el programa de detección precoz, la tasa habría rondado las 36,8 muertes por 100.000 en 2024, lo que sitúa la reducción atribuible al cribado en un 46,2%.

El punto de inflexión, en 2012

El estudio localiza un cambio estadísticamente significativo en la tendencia de mortalidad en el año 2012, tres años después de que arrancara el programa. Antes de esa fecha la mortalidad venía subiendo ligeramente; después, empezó a bajar de forma sostenida. Los autores atribuyen ese primer repunte a un efecto habitual en los programas de cribado: al empezar a explorar a más gente, salen a la luz tumores que ya existían pero no se habían diagnosticado.

Por sexos, el descenso fue mayor en los hombres (-34%) que en las mujeres (-14,6%), aunque en ambos casos el cribado explica buena parte de la mejora frente a lo que cabría esperar sin el programa.

¿Cómo funciona el cribado en Euskadi?

El programa invita cada dos años a la población de 50 a 69 años a hacerse un test de sangre oculta en heces (FIT). Quien da positivo pasa a una colonoscopia. La participación media en estas dos décadas ha sido del 70%, y más del 90% de quienes dan positivo acuden después a la colonoscopia, según recoge el estudio.

De los 4.892 cánceres detectados por el cribado con información sobre su estadio, el 70,8% se diagnosticó en fase I o II, es decir, en momentos en los que el tratamiento tiene más opciones de éxito.

También baja la mortalidad en mayores de 70

Aunque el cribado no se dirigía a los mayores de 70 años durante la mayor parte del periodo estudiado, su mortalidad por cáncer colorrectal también bajó, un 19,6%. Los autores lo explican por un efecto de arrastre: quienes se sometieron al cribado entre los 50 y los 69 años siguen beneficiándose de esa detección precoz al hacerse mayores.

Precisamente por ese margen de mejora en la población de más edad, Osakidetza extendió el año pasado el cribado hasta los 74 años. Los primeros datos de esa ampliación, citados en el estudio, muestran una participación del 77% y una tasa de detección de cáncer que duplica a la registrada en la franja de 50 a 69 años.

La pandemia no frenó la tendencia

El equipo investigador comprobó además que la caída en la mortalidad por cáncer colorrectal se mantuvo durante la pandemia de covid-19, pese al repunte generalizado de la mortalidad por todas las causas en esos años. Incluso descontando las muertes atribuidas directamente al coronavirus, la tendencia a la baja se sostiene.

Los autores reconocen alguna limitación: al tratarse de datos agregados y no individuales, no pueden vincular directamente la participación de cada persona en el cribado con su supervivencia. Aun así, consideran que la magnitud y la constancia del descenso, mantenido durante más de una década, avalan el impacto del programa.

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