Opinión
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El ruido y la furia

A veces siento envidia hasta de un presidente tan vituperado como Barack Obama que, al menos, se ha empeñado en regularizar inmigrantes ilegales.

El ruido mediático es tan fuerte que impide escuchar los rumores. La muerte de Cayetana de Alba y todo lo que la rodea, la entrada en la cárcel de Isabel Pantoja y la descripción del escenario, solo deja sitio para pensar si la cantante ha decidido entrar en prisión cuando podía hacer competencia a los focos del funeral.

Y así se pierden los sonidos de la batalla en Génova, donde las descargas contra Esperanza Aguirre son dejadas caer por el aparato. Y no llegan las quejas de los enfermos a los que Ana Mato asegura que ya ha dado orden de que les den sus medicinas, pero esas medicinas nunca llegan a sus manos. Y es un día, y otro, y una semana, y un mes. Y el peligro de muerte es cada vez más cierto.

Y ni nos enteramos de que la tercera parte de los trabajadores españoles cobran menos de seiscientos cuarenta y cinco euros que es un dato que debería avergonzar a todos aquellos que dicen que se acabado la crisis.

Y los periodistas mientras tanto ¿qué hacemos? ¿Decir que a Salvador Tous le corta el pelo su señora desde siempre?

A veces siento envidia hasta de un presidente tan vituperado como Barack Obama que, al menos, se ha empeñado en regularizar inmigrantes ilegales. No a todos, apenas a un tercio, pero ese es un gesto que va a ayudar a  cinco millones de seres humanos.

Qué alivio, quiero pensar.

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