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¿Hay alguna posibilidad, por pequeña que sea, de arreglar lo nuestro?

Los corruptos, tratan de apuntarse al “carro Cristina”, quieren ser considerados beneficiarios a título lucrativo, devolver la pasta, o parte, o lo que sea, y evitar el juicio.

Salimos del fin de semana impregnados de miedo escénico. Se extiende la costumbre de sentirse agobiado y abandonar el escenario. Mejor marchar que caerse, claro.

Mejor rendirse que plantar cara a situaciones imposibles, como hace Cospedal al justificarse argumentando que la misma corrupción que hay en un partido político la hay en la sociedad en general.

Las implicaciones de esta frase son tales que uno se pregunta para qué sirven tantos asesores tan bien pagados, si no son capaces de evitar semejante despropósito.

Los representantes de esa normalidad, los corruptos, tratan de apuntarse al “carro Cristina”, quieren ser considerados beneficiarios a título lucrativo, devolver la pasta, o parte, o lo que sea, y evitar el juicio.

La monarquía creando estilo, tras la suspensión temporal de convivencia, llega una nueva definición legal.

Ante esto, ¿qué hacer? Leo: “La resistencia es fundamental en la vida democrática”. Lo ha dicho Tzvetan Todorov, filósofo, y me digo: “Aquí va a estar la solución”. Pero leo toda la entrevista y nada: hasta los pensadores están confusos. Heridos, ni siquiera muertos, como decía Springsteen de los poetas.

Me entra el pánico escénico. Sabina, después de todo, puede ser sustituido por Melendi, pero hacen falta cambios más radicales para arreglar lo nuestro.

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