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Mejor contradecirse que petrificarse (Goethe)

¿Perseguimos la libertad de expresión en nombre de la libertad de expresión? Tenemos un problema. Y solo los fanáticos no lo tienen.

Han detenido a Dieudonné, humorista, por decir “Yo me siento Charlie Coulibaly”.

Amedy Coulibaly mató la semana pasada a cuatro personas en un supermercado de PARIS. Y así nos ponen ante nuestras contradicciones. ¿Puede decir Dieudonné impunemente lo que dice? ¿Perseguimos la libertad de expresión en nombre de la libertad de expresión? Tenemos un problema. Y solo los fanáticos no lo tienen.

Poner a niños de diez años a ejecutar espías es pensar que el baño de sangre es el entorno perfecto en este mundo confuso. Frente a estas cuestiones la cultura palidece, se te quitan las ganas de comentarlo, pero hay que seguir adelante, incluso con nuestras contradicciones.

Nos preocupamos por el ambiente en que crecen nuestros niños, para lo cual hay que reprender a veces a los mayores. A Cuatro le ha caído una multa por una película inapropiada en horario infantil. Pero ¿quién decide cuál es el horario infantil? ¿Y cómo se clasifican esos contenidos que están libres en la Red?

Quizá la vida era menos complicada cuando José Luis Moro, que acaba de morir, se inventaba aquella familia Telerín que les decía a los niños cuándo tenían que irse a la cama. Aunque no hicieran caso. Como siempre han hecho.

Quienes sí parecen haber aceptado las sugerencias son los que mandan a la gente a Eurovisión. Edurne, que se ha pasado semanas diciendo que tenía posibilidades, ha sido designada por el dedo del destino, llamémosle así, no sabemos si porque no había otra o porque es la adecuada.

Ella ya sabía algo y el conocimiento es poder.

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