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Those were the days, my friends

Que Alvaro Perez, el Bigotes, salga en la tele y la gente no se queje como cuando salió la madre del Cuco es inexplicable.

“Somos estúpidos, ignorantes y destructivos”. Así piensa de la especie Morrissey, cantante y compositor. Y añade: “El mundo sacaría mucho partido si los humanos se extinguieran”. Bien, hay motivos para pensar así.

Que Bankia aumente sus beneficios en casi un trece por ciento en los primeros meses de este año teniendo detrás todas las deudas que tiene, con los preferentistas, con los accionistas y con todos los ciudadanos, y no suelte un euro lo avala.

Al mismo tiempo advierte de que suspende la correspondencia postal, todo irá por Internet, cuando no hay más que ver la edad que tienen los afectados, que quizá no todos naveguen en la red con soltura.

Que el gobierno español haga una previsión de crecimiento para este y el próximo año de casi el tres por ciento lo certifica.

Que Alvaro Perez, el Bigotes, salga en la tele y la gente no se queje como cuando salió la madre del Cuco es inexplicable. Quizá es que siempre debemos ir más allá para explicar las cosas. ¿Por qué las editoriales, casi podríamos decir la editorial Planeta, se empeñan en sacar libros de políticos -anuncia uno más de Zapatero, cuando es evidente que pierde dinero por el elevado pago que tiene que hacerles, y que después, salvo excepciones, no recupera? ¿Debemos pensar que hay otras compensaciones?

¿También las hay para los medios de comunicación que están empeñados en subir a Ciudadanos al poder, aunque sea en las encuestas previas a la carrera? Pues si no las hay, sin duda las habrá.

Mientras tanto García Montero, poeta metido a político, reivindica la movida madrileña. Ya se sabe, después de la transición, esa que algunos quieren cargarse, o quizá solo olvidar, llegó la juerga, y esa es siempre estupenda.

No es de extrañar que los políticos visiten tanto el plató de “Que Tiempo Tan Feliz”.

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