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Cincuenta años (in)satisfechos

Al final el público lo que busca es entretenimiento, que la vida es muy dura. Fíjense que en Mosul te pueden caer ochenta latigazos por ver fútbol por la tele.

Alejo Cuervo, que es un avispado editor que consiguió la exclusiva de george r. R. Martin, asegura que se está dando la vuelta al dominio de la literatura realista. Cree, como antes los editores de “Harry Potter”, que el público va a cambiar porque se haya visto impulsado a consumir un determinado título.

No, los lectores y espectadores de “Juego de Tronos” lo son de esa serie. Y cuando acabe se olvidarán de los dragones. Y un día el avispado editor se dará cuenta de que no tiene un autor estrella que le venda miles de libros.

Las cosas vuelven a su lugar, salvo en la tele, donde el nuevo talent, más arriesgado, más sexy, más estúpido, va a unir a famosos con delfines y quizá no podamos distinguir quienes son los seres inteligentes.

Al final el público lo que busca es entretenimiento, que la vida es muy dura. Fíjense que en Mosul te pueden caer ochenta latigazos por ver fútbol por la tele. Claro, es un peligro, pero es tanta la tentación y tan abrigada la privacidad y tan emocionante la clandestinidad…

En Mosul no podría pasearse Hope Solo, la portera de la selección femenina de Canadá, que es famosa por su currículo deportivo, pero también por su difícil vida privada, por sus desnudos robados y porque le pegó un bofetón a su sobrino.

En Mosul quizá eso no tendría importancia y pasan seguramente cosas más serias, pero quién sabe si ocurren en realidad o son consecuencia de los mensajes de miedo de los dueños de Occidente que ven ahí al diablo, como otros lo ven paseando por las calles españolas con el nombre de Podemos. Que, vete a saber, igual cierran Zara porque gana mucho, un veintiocho por ciento más que la última vez que midieron.

¿Hay alguna enseñanza en eso más allá de la tendencia al amontonamiento del ser humano? ¿La hay en el hecho de que el precio de la vivienda esté volviendo a los niveles de antes de la crisis? ¿Y en que, cincuenta años más tarde, todavía siga sirviendo el mensaje de los Stones en (I Can’t Get No) Satisfaction?

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