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Hamlet 2.0

Un personaje digno de Shakespeare, David Rockefeller, cumple cien años además de tener 3200 000 000 de euros. Rico y longevo. Qué mal repartida está la fortuna.

Hoy está resultando un día bastante shakesperiano, versión tragedia. ¿Qué enormes dudas y debates han precedido a la amarga decisión de cesar en el cargo de duquesa a la hermana del rey por parte de este? ¿Qué presiones habrá tenido que aguantar? ¿Qué consejeros han presionado en un sentido u otro para que se produzca este hecho tan doloroso como poco significativo?

¿Cuántas brujas, de las de Macbeth, han montado la profecía? Bien, Cristina ya no es duquesa, su consorte no es duque. Y ahora ¿qué? ¿Qué actúe la justicia? Ayer un rato cayó en el estudio donde Ana Rosa Quintana hace su programa. ¿Un mal augurio? ¿Una amenaza? ¿Motivo para un chascarrillo?

Mariló ya lo barruntaba: “No tengo fuerzas para volver”, dice. Cuanta grandeza en esta declaración, ella tan resuelta, tan vivaz, tan vital, ahora se nos presenta derrumbada, indefensa.

Otra tragedia. La de Rita Barberá tampoco es manca: dejar el puesto tras tantos años. Pero ella firme en su imagen lo deja antes para no tener que rendir su sable ante el victorioso general del ejército enemigo.

Otro personaje digno de Shakespeare, David Rockefeller, cumple cien años además de tener 3200 000 000 de euros. Rico y longevo. Qué mal repartida está la fortuna. Esta vez la tragedia es para resto, él, como Falstaff, circula entre un género y otro.

En cambio, qué poco de grandeza hay en Pedro Sánchez que ha ido al club Bilderberg pero ya se ha marchado. ¿Por qué? ¿Por qué ha ido? ¿Por qué se ha marchado? ¿El gato está muerto o vivo?

Hay quienes no tienen problemas porque se creen inmortales. Lo dice George Packer que analiza en un libro los problemas del mundo. Son los ricos habitantes de Silicon Valley, todos partidarios del cambio rápido, sea en la dirección que sea. No son mala gente, opina el autor, solo viven en otro mundo. Ese al que no tenemos acceso. Lo terrible es que cree el autor que nada va a cambiar. Y algo sabe.

Shakespeare sigue siendo eterno.

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