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Comunicando

La gente no solo se encuentra en mejor disposición económica, sino también anímica, y las sicav se han puesto al pil-pil con tanta gente que quiere guardar su dinerillo en esas supercuentas

Parece que el verano se ha apoderado de nosotros, y no solo porque haga buen tiempo y ayer comenzara nominalmente, sino porque se va imponiendo la sensación de liviandad que parece corresponder a esta estación.

Y es que  nos pilla cansados. Pero no cometan el error de bajar la guardia. Hay quien está muy activo. Jordi Sevilla, al que todos creían una figura del pasado, ha vuelto para ocuparse del “gobierno en la sombra” -que bueno el título- de Pedro Sánchez. Los dinosaurios siguen ahí, y no necesariamente en “Jurassic World”.

Albert Rivera ha  aprovechado la flojera para nombrarse candidato al gobierno para las siguientes elecciones, que llegarán con tiempo frio. Tan lejos.

Alicia Sánchez-Camacho va a tener vacaciones, algo amargas porque le echan casi toda la culpa de lo sucedido. Alguien tiene que pagar el pato, ahora que definitivamente hemos salido de la crisis.

Lo indica el aumento de los nacimientos, la gente no solo se encuentra en mejor disposición económica, sino también anímica, y las sicav se han puesto al pil-pil con tanta gente que quiere guardar su dinerillo en esas supercuentas. Quizá incluso haya patriotas griegos invirtiendo ahí ahora que, pobres, se han visto forzados a sacar el dinero de su país.

Superado el mal trago de estos años ya solo es necesario que se lo reconozcan al Gobierno que sigue con su mantra: “No sabemos comunicar”. Y puestos a la tarea han decidido “comunicar” a los jefes de las televisiones que no se metan con ellos porque lo pagarán caro. Igual comunicar no es el verbo apropiado, pero parece que están muy ocupados con esto.

Ha muerto Laura Antonelli, una chica guapa que protagonizó películas como “Malicia”, y, ojo, “El Inocente”, de Luchino Visconti. Nadie más vio en ella posibilidades como actriz, y por su afán por permanecer bella se destrozó la cara y las drogas y la locura se apoderaron de su destino.

No fue, al parecer, una buena vida. Pero no hay una buena muerte.

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