Rafa Badia: 'A veces nos empeñamos en defender fotografías que no valen la pena'
Su libro combina fotografía y poesía. Son 80 imágenes, todas verticales, y 19 poesías que retratan su visión personal de Barcelona. Rafa Badia es, ante todo, fotógrafo, o como él mismo dice, un "ladrón de luz".
Siendo niño, su padre, un abogado aficionado a la fotografía, le puso una cámara en las manos. Y ahí empezó todo.
Tras trabajar para El País como redactor y fotógrafo, y para varias publicaciones de viajes como editor, Badia lleva años dedicándose a enseñar fotografía, pero sin dejar de recorrer las calles de Barcelona cámara en mano.
- Facebook, Twitter, Instagram, los teléfonos móviles… generamos y consumimos imágenes con mucha rapidez. ¿Cómo se adapta un fotógrafo a toda esa sobredosis visual?
Frente a la velocidad, yo propongo a mis alumnos el slow food, el slow photo y el slow fuck; les digo que coman, que follen y que fotografíen con calma. Instagram, Facebook, Flickr… El problema no es mostrar tu trabajo en ellas, eso es genial, sino las prisas para mostrarlo. El material tiene que madurar. Cuando subo algo reciente a Facebook lo hago con una especie de incomodidad, porque no tengo la certeza de que esa foto vaya a resistir el paso del tiempo. O, mejor dicho, porque no me he distanciado de ella para entender si tiene un valor real o no.
- ¿Entonces, una foto que hoy te gusta puede no gustarte dentro de diez años?
La foto que hoy te encanta puede que te guste por motivos extrafotográficos: el buen rollo que tenías, con quién estabas, qué comiste… Y te empeñas en defender fotografías que luego no valen la pena. Tienen un valor sentimental, no estético. La forma de quitarle ese valor sentimental es distanciarte en el tiempo.
- Eso también se aplica a los fotógrafos profesionales.
Un reportero vale lo que vale su último trabajo. Puedes tener el Pulitzer, el World Press Photo… pero si tu último trabajo es malo, te tiran a la papelera, más si eres freelance. Eso te hace estar en una tensión permanente e intentar salvar tu último trabajo porque es el que te indica que no te has hundido.
- Llevas más de 20 años fotografiando Barcelona, sus calles… Y distingues entre fotografía de calle y fotografía en la calle.
En la fotografía de calle la calle es el tema en sí, y en la fotografía en la calle la calle es el escenario. Por ejemplo, Diane Arbus hace fotografías de personas en la calle. En cambio, Lee Friedlander o Joel Meyerowitz hacen fotos del espacio urbano, donde todos los elementos (personas, coches, carteles publicitarios, edificios…) se relacionan entre ellos, incluso el cielo es parte del tema. La calle es el tema, no sólo el escenario.
- Hay quien dice que la fotografía de calle es algo sencillo, porque sales y todo está ahí, las personas, los fondos, la luz… No es algo que tengas que diseñar y construir, como sucede en la fotografía de moda o de estudio.
No estoy de acuerdo. En la fotografía de calle tienes que tener la capacidad fundamental de discernir cuáles son los elementos de interés, organizarlos en segundos, aprovechar un instante y resolverlo en una sola imagen. Tienes que poder analizar rápidamente una situación, y determinar qué elementos funcionan.
Una foto imperfecta de un gran evento, como el asesinato de Lee Harvey Oswald, el asesino de Kennedy, tiene valor porque es el tema el que justifica la toma, aunque esté mal compuesta. En la fotografía de calle no hay un gran tema, por lo tanto, todo tiene que funcionar.
- ¿Cómo?
Tiene que estar todo bien puesto. Si el brazo del niño está demasiado alto o el jersey no combina bien con el coche del fondo, la fotografía fracasa. Eso es lo difícil de la fotografía de calle.
- Y todo eso hay que hacerlo rápido.
Yo siempre digo que si en siete segundos no tengo la foto, pues no la tengo. Es decir, desde que detecto una toma hasta que la foto está hecha median entre tres y siete segundos, como mucho. Incluso en el caso de los bodegones encontrados, esos objetos que te encuentras en la calle (una pared, una bicicleta, una papelera…) y que no puedes modificar, ni cambiar su luz. La foto de la moto en la contraportada del libro, por ejemplo, la resolví en tres segundos. La vi, la previsualicé y la realicé.
- En 'Barcelona Blues' das una visión melancólica de la ciudad.
Sí, pero no creo que Barcelona sea una ciudad melancólica, es la mirada la que es melancólica. De hecho, originalmente el proyecto se llamaba Barcelona Vertical, porque todas las fotos son verticales, pero me di cuenta de que había una serie de patrones que se repetían y que asociadas a los poemas le daban un aire melancólico.
- Pero no triste.
Yo entiendo la melancolía como Fernando Pessoa (poeta y escritor portugués). Habla de la melancolía como del placer de estar triste. No es un sentimiento negativo, es un intento de extraer la belleza de unas pequeñas dosis de tristeza, nada dramático. Se trata de utilizar como combustible sentimientos como la vulnerabilidad o la fragilidad y hacer algo creativo que te permita avanzar.
- ¿De dónde viene la decisión de combinar fotografía y poesía?
Poesía y fotografía son formas de expresión. Hay una poesía que se recita, que tiene que ver más con la música; y una poesía que se lee, como la japonesa, más visual. Mis poemas son muy visuales porque cuando los lees generan imágenes.
- Como 'Cruce de calles', el poema central del libro.
Ese poema es en realidad una fotografía. Yo voy por la calle y de repente veo una situación en la que estamos una serie de personas; el albañil, la señora magrebí con dos niños pequeños, la abuelita, la chica con el móvil… Y digo, esto es una foto, pero no la tengo, no tengo la cámara. Y estoy convencido de que si lees el poema puedes crear la imagen. Por tanto, las fotos del libro son muy poéticas, y los poemas son muy fotográficos.
- ¿Cómo definirías Bilbao visualmente?
Bilbao es una mezcla, un territorio relativamente pequeño muy rico en elementos visuales. Me gusta su mezcla de arquitecturas, tiene partes de Boulevard parisino, lo viejo es muy rectilíneo. Me fascina la mezcla de elementos modernos, las entradas al metro, el contraste, la aparición del Guggenheim ahí en medio, como una ballena varada.
Bilbao es territorialmente abrupto, estilísticamente posmoderno y lumínicamente cambiante. Me da muchos elementos de cambio en un mismo día. Montañas, colinas, subidas, bajadas… me da dimensión en la horizontalidad y en la verticalidad. Es un juego muy interesante.
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