Un simulacro muy real
Nitya López Saitua estrena “Simulacro” en Zinemaldia, una película memorable sobre memoria, un ensayo cinematográfico que llega dolorosamente hondo.
“Las heridas siempre se cierran”, decía el cineasta Nitya Lopez Saitua (Ibarrangelu, 1996) en una entrevista en el programa "Kultura.eus" de Radio Euskadi. “Pero a veces se cierran con mierda dentro, y la llevas para el resto de tu vida”, añadía el director de Simulacro, película que impugna la frontera entre documental y ficción.
Simulacro es un bello ejercicio de sumergirse en una herida, analizarla y tratar de limpiarla. Nitya Lopez Saitua reconstruye ante la cámara, gracias a la magnífica labor de los actores Miguel Garcés e Iraia Elias, la discusión que certificó la separación de sus padres.
Para regresar o construir esos recuerdos de la infancia (la frontera entre crear y recrear se diluye en varios pasajes) y conocer a sus padres “cuando se querían” –Leire y Jesús se separaron cuando Nitya contaba con 4 años–, la película muestra un rodaje en el que Loez Saitua interviene y guía a ambos actores.
La película va completando huecos, particulares pero también compartidos, sobre una vida que ha sido como ha sido, pero, como subraya la canción final de la película (“Aquello”, de Ibon Belandia), “pudo haber sido otra, de no haber sido así”.
Lopez Saitua utiliza para intentar domar el dolor incrustado, además de las reconstrucciones de Elias y Garcés, imágenes del archivo familiar y testimonios actuales de los padres.
El resultado es una película palpitante, formalmente libre, valiente y refrescante y líricamente profunda y brillante.