Intento de magnicidio
Guardar
Quitar de mi lista

Los cuatro asesinatos de presidentes en EE.UU. y la media docena que sobrevivieron: ¿por qué se repite la historia en Estados Unidos?

El tercer atentado contra Trump evidencia la recurrencia de los intentos de magnicidio en Estados Unidos, que algunos analistas vinculan con el permisivo acceso a las armas de fuego.

Washington (United States), 26/04/2026.- (L-R) First lady Melania Trump, US President Donald Trump, and CBS News senior White House correspondent Weijia Jiang participate in the White House Correspondents' Association Dinner in Washington, DC, USA, 25 April 2026. EFE/EPA/Yuri Gripas / POOL

Donald Trump, durante la cena en la que tuvo lugar el último atentado.

Un dato demoledor atraviesa la historia de Estados Unidos: cuatro de sus presidentes han sido asesinados en el cargo. Media docena de presidentes, además, han logrado sobrevivir a atentados de todo cariz a lo largo de los últimos casi 200 años. La historia se repite con el tercer atentado contra Donald Trump, y una parte del país trata de analizar los porqués de esta constante.

Los cuatro asesinatos

El asesinato de Abraham Lincoln en 1865 inaugura la historia de los magnicidios contra presidentes de Estados Unidos. Aquel crimen es elocuente de la tensión entre polarización y reconciliación. La Guerra Civil estadounidense acababa de terminar y el presidente representaba, al mismo tiempo, la victoria y una voluntad de reconciliación. John Wilkes Booth, un actor y conspirador simpatizante de los Estados Confederados, disparó contra Lincoln en el Ford's Theatre y trató de acabar con esa idea de reconciliación.

Apenas 16 años después, en 1881, James A. Garfield, el vigésimo presidente de Estados Unidos, fue tiroteado en una estación de tren por Charles J. Guiteau. El asesino no era esta vez un conspirador, sino un hombre frustrado y con problemas mentales que se sentía ignorado por el sistema.

Aunque Garfield sobrevivió inicialmente al atentado, su estado se fue deteriorando durante semanas debido a infecciones agravadas por prácticas médicas inadecuadas.

En el caso de William McKinley, en 1901, la razón fundamental que operó fue de carácter ideológico. Tuvo mucho que ver con el contexto sociopolítico que se vivía. La acelerada industrialización norteamericana había generado grandes desigualdades y fuertes tensiones sociales. El movimiento obrero ganaba fuerza, y el anarquismo logró cierto predicamento en grandes entornos industriales, influido por las ideas de Emma Goldman, “la mujer más peligrosa de América” para el FBI y los conservadores norteamericanos.

Leon Czolgosz, muy influido por Goldman, acudió a una recepción pública de McKinley en el llamado Templo de la Música. Mientras saludaba a los asistentes, Czolgosz se acercó como si fuera a estrecharle la mano, y a corta distancia le disparó dos veces. El autor del crimen había ocultado un revólver bajo un pañuelo blanco que fingía cubrir una herida en la mano.

El asesinato de John F. Kennedy en 1963 es mucho más conocido, y también ha sido mucho más debatido. Un coche descapotable, cámaras, ruido, tres disparos… Y el intrincado contexto del momento de mayor tensión de la Guerra Fría.  Las imágenes del atentado, captadas en plena vía pública, son un elemento icónico de una época.

Lee Harvey Oswald fue detenido como autor material, y la versión oficial sostiene que actuó en solitario. Las inconsistencias detectadas en la investigación y el clima político de la época han hecho que el caso siempre haya estado rodeado de sospecha. La hipótesis de una conspiración en el contexto de la Guerra Fría ha tenido mucho predicamento.

Además de estos cuatro magnicidios, Andrew Jackson, en 1835; Harry S Truman, en 1950; Gerald Ford, en dos ocasiones en 1975; Ronald Reagan, en 1981; y Donald Trump, en tres ocasiones, han sobrevivido a atentados estando en el cargo.

Siendo aún candidato, Theodore Roosevelt recibió en 1912 un disparo en el pecho mientras hacía campaña en Milwaukee para el efímero Partido Progresista. En aquel momento tomó una decisión insólita: subió al estrado y decidió seguir adelante con su intervención. Habló durante unos 90 minutos ante el público y con una bala en el pecho, lanzando una frase que quedaría para la posteridad: “Señoras y señores, no sé si entienden del todo que acabo de recibir un disparo, pero se necesita más que eso para matar a un alce”.

Los porqués

El atentado del fin de semana contra Donald Trump ha dado pie a diferentes lecturas interpretativas sobre los porqués de esta constante en la historia estadounidense. Una de las razones que los analistas mencionan de manera recurrente tiene que ver con el acceso, extremadamente sencillo, a las armas de fuego, en virtud de la Segunda Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos.

En segundo lugar, muchos medios se refieren a la alta polarización que, de nuevo, viven los Estados Unidos. “El ataque en la cena en la Casa Blanca pone de manifiesto la creciente tensión política”, titulaba The New York Times una crónica en la que alertaba de cómo la “intensa polarización” está elevando el riesgo de violencia política.

El Washington Post, mientras, ponía de relieve cómo “se dispara el temor a que se reproduzcan episodios de violencia política”, y la CNN ha hablado de “la creciente violencia política que pone en peligro derechos fundamentales”.

Otro de los factores que se viene mencionando horas después del intento de atentado es el cariz de “símbolo total” del presidente de los Estados Unidos, lo que lo convierte en objetivo para atacantes que buscan notoriedad o impacto.

En Estados Unidos, asimismo, se ha hablado sobre el efecto contagio de estos intentos de atentado: el “copycat effect”. Ataques muy mediáticos pueden inspirar a individuos aislados que buscan notoriedad o replicar el impacto.

La mayor parte de los medios, finalmente, están recurriendo a la figura del lobo solitario (lone wolf) para describir al sospechoso, una idea que el propio Trump alimentó en su comparecencia. Este perfil conecta con buena parte de los atentados, frustrados o no, contra presidentes de Estados Unidos a lo largo de la historia.

En este punto, no obstante, algunos analistas sitúan el foco de nuevo en la cuestión de las armas. ¿Podrían actuar estos lobos solitarios en un contexto de mayor restricción en el acceso a las armas de fuego?

“La experiencia del sábado por la noche es similar a la que viven muchos estadounidenses, ya que las grandes concentraciones y los días cotidianos en escuelas y universidades están marcados por el temor constante a los tiroteos masivos. Millones de extranjeros que presenciaron el caos televisado podrían preguntarse por la facilidad de acceso a las armas de fuego y la parálisis del debate público sobre el tema”, señalaba Stephen Collinson en CNN.

Te puede interesar

18:00 - 20:00
EN DIRECTO
Hace  min.

Esteban lamenta el "inmovilismo" del PSE tras su crítica a PNV por el blindaje del euskera

El presidente del PNV, Aitor Esteban, se ha mostrado "dolido" por las críticas del PSE-EE a la postura de su partido en relación al blindaje del euskera para acceder a un empleo público y ha indicado que acusaría a los socialistas de "absoluto inmovilismo" en este asunto. Esteban ha señalado que su partido trabaja para lograr una seguridad jurídica "para todos" los que se presenten a una oferta pública de empleo.

Cargar más
Publicidad
X