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Los ‘sucesos de Montejurra’ cumplen 50 años: lucha entre ‘dos carlismos’, neofascistas italianos y… ¿colaboración del Estado?

La hipótesis de que tras los sucesos de Montejurra había una trama, impulsada por altas instancias del Estado, ha ganado peso a medida que han pasado los años.

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Imagen de los sucesos de Montejurra. Foto: EITB Media

La mera presencia del neofascista italiano Stefano Delle Chiaie en los Sucesos de Montejurra debería bastar para sospechar que, tras aquella matanza —presentada inicialmente como un mero enfrentamiento entre las distintas corrientes del carlismo—, se ocultaba una trama más compleja y oscura.

Delle Chiaie fue un personaje profundamente siniestro: un criminal de extrema derecha cuyo nombre aparece, de manera directa o indirecta, vinculado a algunas de las peores operaciones violentas de las últimas décadas del siglo XX, desde la represión coordinada de las dictaduras sudamericanas en el marco de la Operación Cóndor hasta la Matanza de Atocha.

Antes de implicarse en la estrategia criminal de las dictaduras latinoamericanas, Delle Chiaie ya había convertido el territorio vasco en uno de sus principales escenarios de actuación, participando desde finales de los 70 en diversos episodios de la guerra sucia contra ETA. A su lado operaban individuos igualmente turbios, como Jean-Pierre Cherid, antiguo miembro de la OAS en Argelia y posteriormente mercenario al servicio de los aparatos de inteligencia españoles. Previamente, ambos coincidieron en Montejurra, a las afueras de Estella/Lizarra, el 9 de mayo de 1976, hace ahora 50 años.

Los sucesos

Algunas de las crónicas de la época presentaban Montejurra como un mero enfrentamiento entre las dos facciones del Carlismo, los partidarios de Sixto Enrique de Borbón y los de Carlos Hugo de Borbón-Parma. Una cuestión esencialmente dinástica y ya entonces extemporánea en el contexto de la violenta Transición española.

Un grupo de carlistas, vinculados a la Comunión Tradicionalista (partidarios de Sixto Enrique de Borbón) dispararon contra sus rivales en el contexto de la tensísima celebración de la romería política y el viacrucis de Montejurra. Como consecuencia, dos personas, Aniano Jiménez Santos y Ricardo García Pellejero, fallecerían a consecuencia de los disparos

Manuel Fraga, ministro de Gobernación entonces, señaló que había sido “una pelea entre hermanos”.

La división en el Carlismo

La cuestión, sin embargo, tenía un componente esencialmente político, vinculado con la fractura ideológica que en aquellos años se daba en el seno del Carlismo. Los sectores vinculados a Comunión Tradicionalista, partidarios de Sixto Enrique, mantenían posiciones integristas: ultracatólicos, centralistas y profundamente anticomunistas.

El sector vinculado al Partido Carlista, mientras, había evolucionado hacia posiciones socialistas, autogestionarias y federalistas, tratando de conectar con el movimiento obrero, el antifranquismo y, en el caso de Euskal Herria, las reivindicaciones nacionales vascas.

En Montejurra, los partidarios de unas y otras posiciones chocaron. “En vez de cantar el Oriamendi, cantaban La Internacional, Els Segadors y lanzaban ‘vivas a Euskadi”, recogía una crónica de El Correo. Sin embargo, en los años sucesivos fue ganando peso la hipótesis de que aquel choque fue dirigido y manipulado.

La ‘Operación Reconquista’

En su libro ‘Interior: los hechos clave de la seguridad del Estado en el último cuarto de siglo’, publicado en 1998, el periodista Santiago Belloch, recopiló amplia información sobre la conocida como ‘Operación reconquista’.

Esta trama, a la que testimonios posteriores otorgarían plena verosimilitud, habría maniobrado con el objetivo de reventar los actos de Montejurra y propiciar un choque entre las diferentes facciones del carlismo con fines de carácter político. El objetivo de la operación era desactivar al carlismo socialista y autogestionario, así como acercar al carlismo sixtino y ultraconservador a las posiciones de la transición pilotada por la monarquía y los poderes postfranquistas.

El plan contaba con la colaboración del SECED, los servicios secretos creados por el almirante Carrero Blanco, y con el visto bueno del ministro Manuel Fraga y el presidente del Gobierno, Carlos Arias Navarro.

En el año 2023, los llamados “papeles de Ruiz de Gordoa” -vinculados al gobernador civil de Navarra, José Ruiz de Gordoa- reforzaron la hipótesis de que los Sucesos de Montejurra no fueron un choque espontáneo entre facciones carlistas, sino una operación organizada con implicación de aparatos del Estado.

El papel del neofascismo italiano

Una de las cuestiones vinculadas a los ‘sucesos de Montejurra’ plenamente corroboradas en los años posteriores es la participación en aquella operación de militantes neofascistas italianos y mercenarios internacionales vinculados a redes anticomunistas internacionales.

Una de las aportaciones que permitieron identificar a estos sujetos fueron las fotografías tomadas por Josu Chueca, doctor en Historia y durante décadas profesor en la EHU.

“Se trataba de mercenarios internacionales que trabajaban para el ministerio del Interior. En el caso de Jean-Pierre Cherid va a continuar trabajando para el Estado en este tipo de acciones hasta 1983, ya en la época de los Gal”, ha explicado en un reportaje realizado por ETB con motivo de este 50 aniversario.

En la misma pieza, el periodista Manuel Martorell, autor del libro ‘Carlistas contra Franco’, apunta a las más altas instancias del Estado. “Que la única organización carlista apostara por una integración de Navarra en el País Vasco no les gustó mucho a quienes estaban en el Gobierno de Arias Navarro”, indica.

Los responsables materiales de las muertes fueron identificados, aunque quedaron en libertad como consecuencia de la Amnistía de 1977. Stefano Delle Chiaie llegó a ser identificado por su presencia en España durante la operación, pero no llegó a ser condenado por Montejurra.

En los años sucesivos intensificaría su actividad criminal, primero en Euskal Herria y después en el cono sur. Poco antes de su muerte, publicó un libro de memorias en el que detallaba su actividad en una suerte de “internacional neofascista” con redes en medio mundo. 

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