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La salud mental de los estadounidenses

En el fondo, tiene razón Donald Trump cuando dice que el problema de las armas en Estados Unidos es un problema de salud mental; pero no el sentido en que él lo dice.

En el fondo, tiene razón Donald Trump cuando dice que el problema de las armas en Estados Unidos es un problema de salud mental; pero no el sentido en que él lo dice.

Es un problema de salud mental porque el cerebro de muchos de los estadounidenses que defienden las armas no funciona bien. No entienden una cosa tan simple y tan importante como la relación entre causa y efecto. No entienden que el autor de la matanza de Texas, si en vez de tener un fusil a mano lo que hubiera tenido fuera una sartén, no habría causado 26 muertos y 50 heridos.

No entienden que algo tendrá que ver la venta libre de armas con el hecho de que cada día mueren, de media, 95 personas en Estados Unidos por disparos de armas de fuego. Al año, 34.000. En seis años, más de 200.000, como la población de San Sebastián o la de Pamplona. Y, sin embargo, siguen defendiendo que se vendan libremente todo tipo de armas y que los pocos controles que existen sean eliminados.

Pero hay más: dos de los supervivientes de la matanza de Texas declararon a las televisiones que la culpa era de Satán, así como suena, del Diablo, que poseyó al asesino y le llevó a cometer la matanza. En efecto, es un problema de salud mental.

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