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Un sordo en la cumbre del G-20

Los reunidos en Buenos Aires intentarán hacerle ver a Trump que una guerra comercial mundial es muy peligrosa, pero Trump no escucha a nadie. No es que no escuche; es que ni siquiera oye.

La cumbre del Grupo de los 20, o G-20, debería ser muy importante. Allí se reúnen los países que representan el 85 % de toda la economía mundial. Podría ser una ocasión estupenda para ponerse de acuerdo sobre los problemas graves que acechan al mundo, como la pobreza, la desigualdad social, el aumento de la población o el calentamiento global. En la cumbre de este año no se va a hablar de eso; todas las conversaciones van a estar dominadas por la guerra comercial, que amenaza con ser mundial.

Trump se ha empeñado en cambiar todas las reglas del comercio y lo está haciendo a golpe de aranceles, es decir, de impuestos a las mercancías en las aduanas. En enero tiene previsto subir al 25 %, desde el 10 % actual, los aranceles que aplica a productos chinos. Pero también quiere, en febrero, imponer un 25 % a los coches y a las piezas para coches que lleguen desde Europa. Esto puede ser un mazazo para los fabricantes europeos de automóviles.

Euskadi también podría sufrir las consecuencias, teniendo en cuenta la importancia que tienen aquí las fábricas que producen componentes para coches.

Los reunidos en Buenos Aires intentarán hacerle ver a Trump que una guerra comercial mundial es muy peligrosa, pero pierden el tiempo: Trump no escucha a nadie. No es que no escuche; es que ni siquiera oye.

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