Los estereotipos aún siguen obstaculizando el camino de la mujer en la investigación
La investigación científica ha recuperado un lugar central en todos los debates, cuando parecía que la sociedad le había dado la espalda a la ciencia, a causa del golpe que nos ha dado la pandemia. Sin embargo, a pesar de los avances de las últimas décadas, sigue teniendo una asignatura pendiente: la igualdad.
Hoy, 11 de febrero, se celebra el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia. Parece un buen momento para recodar, sin ir más lejos, que el confinamiento en 2020 afectó de diferente manera a las investigadoras científicas. Sencillamente, los hombres tuvieron más tiempo para investigar y publicar que las mujeres, y eso se reflejó en los artículos recibidos por las revistas científicas, según recogió un informe de la Unidad de Mujeres y Ciencia del Gobierno de España.
Lo que parece un detalle realmente desnuda una estructura por la que el peso de la conciliación familiar recae sobre las mujeres, y deja claro una de las labores que tendrá el mundo de la investigación en el futuro cercano: compensar la desigualdad creada a raíz de que muchas mujeres vieran un parón en su carrera científica por tener que cuidar a la familia en casa.
Sin embargo, la desigualdad empieza mucho antes. No en vano, hasta 1910 las mujeres no podían acceder a la Educación Superior en condiciones de igualdad en el Estado español. Hoy en día, según datos del Ministerio de Educación y Formación Profesional, hay "una baja presencia femenina en las áreas científico-tecnológicas en todos los niveles de estudio". Lo explica la doctora en Matemáticas Marta Macho-Stadler, profesora en la UPV/EHU que además edita Mujeres con Ciencia: "Sucede en carreras como Física y en casi todas las Ingenierías, con especial gravedad en el caso de la ingeniería informática", donde el porcentaje de mujeres era grande hace algunos años, pero "ha visto como descendía de manera radical la matrícula... y parece que sigue bajando".
Las razones de la falta de igualdad en la vocación son varias. En primer lugar están los estereotipos. "La ciencia es percibida por muchas personas como una actividad reservada para 'genios', para personas con una inteligencia privilegiada. Y la genialidad es un valor relacionado en general con los hombres; las mujeres somos 'trabajadoras' según la creencia de muchas personas, y parece que solo por eso conseguimos algunos éxitos", explica Macho-Stadler.
Ainhoa Madariaga, responsable del Plan de Igualdad de Ikerbasque, recuerda estas palabras de la periodista Angela Saini: "Resolver la incógnita que explique por qué hay tan pocas mujeres científicas es crucial para entender por qué existe ese sesgo. No se trata solo de explicar de qué son capaces las mujeres, sino, sobre todo, de aclarar por qué la ciencia no ha sabido librarnos de los estereotipos de género y de los peligrosos mitos que permanecen en vigor desde hace siglos. Las mujeres están muy poco representadas en la ciencia moderna porque durante la mayor parte de la historia se las ha tratado como a seres intelectualmente inferiores y se las ha excluido deliberadamente de ella".
Esta percepción comienza en la infancia, cuando las niñas, "a partir de los seis años ya empiezan a sentirse menos brillantes" que los niños. El resultado es evidente: "Si la ciencia se relaciona con la brillantez, y ellas se piensan menos brillantes, es posible que abandonen la idea de dedicarse a ciertas disciplinas ya desde muy jóvenes".
Como explica Macho-Stadler, el "excesivo paternalismo" hacia las mujeres, además, no corrige ese desajuste, sino que lo aumenta: "Aún hoy en día orientadoras y orientadores en las escuelas o familias, aconsejan a hijas e hijos de manera distinta a la hora de elegir sus estudios. A pesar de la buena intención, muchos aconsejan a las mujeres decantarse por 'algo más fácil' en vez de enfrentarse a una carrera con dificultades".

Foto: ThisIsEngineering/Pexels
Además, Macho- Stadler también apunta a la falta de referentes femeninos y, en definitiva, a la forma de tratar a niñas y niños, desde "los regalos que reciben", que ahondan en unas capacidades específicas, hasta "la presión terrible de la publicidad que empuja a unas y otros a querer ser de una manera u otra".
"Estas percepciones, estas tendencias, creo que podrían cambiarse en parte aumentando los referentes femeninos, mostrando a mujeres que trabajan en esos ámbitos y que expliquen a qué se dedican y por qué lo hacen, acercando la ciencia y la tecnología al gran público, desmitificando la labor científica y mostrándola como una actividad en la que lo realmente importante es el trabajo y la dedicación, y no esa supuesta 'brillantez' que muchas personas piensan que se requiere", explica Macho-Stadler.
Madariaga ve "necesarios cambios profundos", que tengan como objetivo un "cambio cultural", y de mientras, también esos cambios diarios: "introducir la perspectiva de género en la investigación; crear espacios para la reflexión; celebrar días como el 11 de febrero, para visualizar el rol de las mujeres en la ciencia; enseñar a las generaciones del futuro que es posible ser mujer y científica…".
Panorama desigual en la investigación
Si bien el camino empieza en la infancia, la universidad es un punto de partida importante en la investigación. Concretamente, un buen indicador es el número de personas doctoradas, que encontramos en el Informe sobre la Ciencia en Euskadi 2020 de Ikerbasque. En ese aspecto podríamos pensar que se ha alcanzado la igualdad en el sistema universitario de la Comunidad Autónoma Vasca, ya que el número de mujeres y hombres doctorados ha sido muy parejo en la última década, habiendo sido más las mujeres que han leído una tesis en siete de los diez años que van entre 2008 y 2018.
Estos números, sin embargo, cambian en función de la disciplina. Macho-Stadler matiza que, por ejemplo, "lo biosanitario tiene un gran porcentaje de mujeres y lo tecnológico uno bajo". La financiación es indispensable en la compleja etapa postdoctoral, pues "alguien que desee dedicarse a la investigación debe conseguir algún contrato que le permita continuar", y en esa competición hombres y mujeres no están en igualdad de condiciones.
Además, después se impone el "efecto tijera": en los primeros años de universidad hay más mujeres, pero según ascendemos en la carrera profesional nos encontramos con más hombres. El 75 % de las cátedras de la UPV/EHU pertenecen a hombres. Lo mismo pasa con las personas que se dedican completamente a la investigación. La igualdad en las tesis no se traduce en igualdad en el número de investigadoras, ya que las mujeres representan al 35 %, sin registrarse cambios en la última década.
Madariaga explica así el techo de cristal en la investigación: "Lo forman los obstáculos para subir a niveles más altos en la jerarquía académica, y además de afectar a la carrera profesional de las mujeres investigadoras, reflejan una participación baja. Cuantos más hombres haya en puestos de dirección, menos oportunidades tendrán las mujeres investigadoras que quieran promocionar a esos puestos en el futuro".
Y esto no cambiará solamente con el paso del tiempo. "Para muchas mujeres, la etapa postdoctoral comienza en un momento en que quieren tener familia, y es difícil compatibilizar los cuidados con la investigación. En investigación en ciencia, si paras durante una temporada larga puede suceder que otra persona que trabaje en el mismo tema avance en lo que tú estabas haciendo", explica Macho-Stadler.
Por ello, la doctora en Matemáticas cree que los cambios hay que impulsarlos, y animar a las mujeres a pedir cátedras "incluyendo en las evaluaciones maneras de valorar aquellas paradas de actividad vinculadas a las responsabilidades familiares, teniendo mucho cuidado con los tribunales que juzgan a candidatos y candidatas y estableciendo cuotas".
En los últimos años hay una tendencia hacia la igualdad. Por ello, para Madariaga, "se puede suponer que en el futuro se logrará la igualdad también en las últimas categorías", pero siempre que "se apoye a las mujeres titulares de hoy".
No hay que olvidar que la agenda científica "se diseña desde el punto de vista de los hombres. Por lo tanto, la participación y el liderazgo de las mujeres investigadoras han sido minoritarios; de hecho, como consecuencia de una cultura de organización con unas normas y estereotipos no escritos, tienen que hacer frente a dificultades y obstáculos, y por lo tanto, muchas veces la investigación no es atractiva para las mujeres", cree la responsable de Ikerbasque.
El reto de la conciliación, más difícil en la investigación
La ciencia también está dominada por las leyes del mercado, y la competición es una constante en las carreras de los investigadores, por lo que su labor "requiere una dedicación constante e intensa". Como explica Macho-Stadler, "muchas personas están trabajando en los mismos temas", lo que "imprime mucha presión en el trabajo". Conciliar la vida familiar con la carrera profesional "puede provocar una bajada de rendimiento", y eso afecta especialmente a las mujeres.
"Si las mujeres se dedican de manera mayoritaria a las responsabilidades familiares, rendirán menos y su currículum se verá afectado", explica la investigadora. Algo que, como demuestran los datos de publicaciones científicas durante el confinamiento, la pandemia ha puesto "en evidencia": "Atender todo lo que pasaba en casa y teletrabajar e investigar ha sido especialmente difícil para las mujeres".
La lucha por la igualdad real de oportunidades tampoco debe olvidar los llamados "micromachismos", que afectan en el día a día de las mujeres y que pueden "contribuir a que disminuya tu confianza, a que percibas que los retos son imposibles de alcanzar... y en muchas ocasiones a que abandones". Estas diferencias en el trato son "sutiles a veces, pero demoledoras en sus consecuencias".

Foto: Polina Tankilevitch/Pexels
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