De la invisibilidad al empoderamiento de las mujeres en la prostitución
“Una actitud de respeto consciente y de reconocimiento, sin emitir juicios de valor”. Esa es la filosofía de trabajo de Askabide, una asociación sin ánimo de lucro e independiente, que trabaja por la inclusión del colectivo de mujeres que ejercen la prostitución en Euskadi, así como de mujeres que se encuentran en situación de exclusión. Acaban de recibir el Premio Emakunde a la Igualdad 2020, precisamente por su labor en la visibilidad de la situación de discriminación y vulnerabilidad de este colectivo de mujeres.
“El premio nos ha hecho muchísima ilusión, siempre es una alegría que te reconozcan el trabajo después de tantos años”. Lo explica Diego Lodeiro, coordinador del Centro de Acogida de Askabide y miembro de la actual Junta Directiva, y uno de los alrededor de 20 trabajadores que conforman hoy el equipo de Askabide.

Askabide nació en Bilbao en 1985 para ayudar a resolver todo tipo de consultas sociales, administrativas y servicios de apoyo psicológico y asesoría jurídica a las mujeres que ejercían la prostitución en el entorno de la Calle Cortes, el epicentro de la prostitución en Bilbao en aquellos tiempos, para ello pusieron en marcha el centro de acogida inicial. Con el paso de los años, la asociación ha ido completando una extensa lista de proyectos, servicios e iniciativas, que aunque, cada una con sus particularidades, comparten una misma filosofía: trabajar para generar procesos de empoderamiento individuales y colectivos, que den a las mujeres la autonomía y el impulso necesario para que sean ellas las protagonistas de su crecimiento y su destino, tanto a modo personal como a nivel de colectivo.
La mayoría de las mujeres con las que tiene contacto Askabide son mujeres migrantes, jóvenes, en situación irregular, con cargas familiares en su país de origen, mayormente Latinoamerica, están de paso en la ciudad o en Bizkaia, ya que muchas de ellas están en el “sistema plaza” de intercambio de mujeres por los locales donde se ejerce la prostitución. Esta movilidad dificulta aún más que las mujeres se asienten en un lugar desde donde el cual poder proyectar su propio futuro.
Askabide contacta con las mujeres, ya sea en la calle, en locales o en pisos. Se presentan, se interesan por la situación de esa persona y se le abren las puertas de la asociación, "para lo que necesite". El trabajo de campo permite a las mujeres saber que tienen un Centro de Acogida donde pueden recibir información y asesoramiento, participar en cursos y talleres de formación, informarse sobre alternativas laborales, y donde pueden acudir para compartir de forma igualitaria, con otras compañeras, profesionales y personas voluntarias sus preocupaciones, necesidades y sueños. Por otra parte, Askabide dispone de recursos residenciales y de acogida para las mujeres en situación de exclusión; y por supuesto, trabaja también para la sensibilización social mediante diversas iniciativas, a fin de visibilizar y desestigmatizar el sector de la prostitución.

Mayor invisibilidad
El sector está experimentando grandes cambios en los últimos años, y han pasado de ejercer en clubs o en las calles, a ejercer la prostitución en pisos o incluso habitaciones alquiladas. Según la asociación la prostitución callejera en Bizkaia no llega al 5% de la totalidad; esto significa que de cinco mujeres que estén en la calle, hay 95 en locales o pisos. Explica Lodeiro, que el trabajo de campo “es bastante más complicado” ahora. Si a eso se le suma que ya apenas hay anuncios en los periódicos y el contacto entre las mujeres y los clientes se hace a través de Internet “es mucho más difícil poder establecer contacto con ellas, llevar un registro y conocer su realidad”. La invisibilidad es cada vez mayor.
Los pisos siguen existiendo, pero, según apunta Lodeiro “la figura de la persona encargada del negocio, que recibía al cliente y lo acompañaba al salir, está desapareciendo, por lo que puede haber chicas en habitaciones de alquiler contiguas, que ni se conozcan entre ellas. No hay nadie aparte de ellas. Esto supone que, si ya de por sí es un colectivo vulnerable, estén aún más expuestas a tener que vivir situaciones de peligro, e incluso de violencia”.
Precisamente, una de las líneas de actuación principales de Askabide hoy en día es la de la prevención de las situaciones de violencia, de cuya existencia son “conscientes y conocedores”, pero que por lo general, quedan silenciadas. “No es un colectivo que se caracterice por denunciar, por muchos motivos: porque se encuentren en situación irregular, por miedo a que sean cuestionadas o no se les crea o por el propio miedo de reconocerse como prostitutas”. La asociación incide estos últimos años en dar visibilidad a este tipo de situaciones ya que muchas mujeres asumen el peligro y la violencia como algo inherente al ejercicio de la prostitución.
En esa línea de prevención y sensibilización, Askabide ha publicado recientemente el libro "Déjame contarte" que recoge testimonios de mujeres que han sufrido agresiones en el contexto de prostitución.
Es a raíz de la vulnerabilidad del sector que se plantea el debate de si la prostitución debería ser regulada por ley o abolida. Debate en el cual Askabide ha evitado siempre posicionarse: “Entendemos que es muy complejo dar respuesta a toda la problemática de todo el colectivo mediante una sola línea de abordaje. Es un tema que crea debate incluso dentro del propio colectivo”. Por lo tanto, Askabide recalca que “la necesidad urgente es llegar a pequeños acuerdos que garanticen mejores condiciones y mejor calidad de vida para estas mujeres, independientemente de los posicionamientos que puedan tener los colectivos, entidades o partidos políticos. Existe el peligro de perdernos en grandes teorizaciones, que a decir verdad, son totalmente ajenos al día a día de estas mujeres”.
Lodeiro recalca que en Askabide están “por y para estas mujeres, independientemente de que entren por la puerta solicitando una alternativa laboral, y que quieran abandonar la prostitución, o entren porque les ha llegado una carta que no entienden o por cualquier otro tipo de cuestión, y en ningún momento se planteen dejar de ejercer la prostitución. Intentamos ayudar a todas en los que podamos ayudar, sin emitir juicios de valor y dejando que sean ellas las que vayan marcando el ritmo”.
El sector en tiempos de pandemia
Como no podía ser de otro modo, la pandemia ha tenido un gran efecto también en el sector de la prostitución en Euskadi. Afirma Lodeiro que “la pandemia no ha hecho más que poner sobre la mesa la vulnerabilidad y la fragilidad de este colectivo”. Explican que con el estado de alarma se acercaron más de 60 mujeres al centro de acogida a hacer demandas, en su inmensa mayoría relacionadas con las coberturas de necesidades básicas como la comida o el pago de alquileres de las habitaciones en las que vivían. “Muchas se encontraron en riesgo de quedarse en la calle, porque al no poder ejercer la prostitución, no podían pagar el alquiler e iban acumulando deuda”.
Se quedaban fuera de las ayudas oficiales que estaba ofreciendo la administración, ya que muchas de ellas no tienen un lugar fijo de trabajo, se van moviendo de un sitio a otro, no están empadronadas, ni mucho menos disponen de un contrato de alquiler, “había quien no tenía ni documentación siquiera”, señalan desde la Asociación. Se les pudo dar apoyo mediante el programa Azken Sarea Indartzen del Gobierno Vasco, un fondo de ayudas dirigido a personas que se quedaban fuera de las ayudas públicas.
La pandemia también ha dado un revés importante a la iniciativa Mari Makeda, el proyecto de inserción socio-laboral basado en el diseño, confección y venta de ropa de estética africana. Hoy en día, mantienen el proyecto en mínimos e impulsando la venta online, “a esperas de que la situación permita que pueda volver a ser lo que era”, explican desde la Asociación.
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