Fiebre de alfombra roja
Lo que no consiguió Sonia Monroy con su excursión extravagante a la alfombra roja de los Óscar lo ha logrado Anna Allen con su colección de mentiras en torno al mismo asunto: que se hable de ella.
Anna Allen es hoy insultada en todas las redes sociales, pero también la más nombrada, que quizá es lo que buscaba. ¿Por qué mienten? Porque su trabajo, en esencia, es mentir, vivir la vida de otros.
Otra cosa es la que ocurre con los políticos, que mienten aunque esta actividad esté en las antípodas de su misión. Claro que lo hacen para exculparse o porque a nadie le gusta que se digan cosas de uno que dejen un retrato oscuro.
A veces hay políticos que se vuelven actores: Mario Vargas Llosa, por ejemplo, aunque su tarea más conocida es la de escritor. Pero se ha subido a las tablas y le pagan 360 euros al día que es la tarifa máxima para un actor protagonista.
Los profesionales se quejan, creen que hay intrusismo, y lo entiendo, aunque no por lo de Vargas Llosa que, al menos, se ha trabajado el texto que recita, sino por tanto político lanzado al teatro del mundo.
Los partidos sí que parece que tienen un laboratorio de proyectos y no las televisiones que investigan ahí que programas pueden ofrecer a sus clientes. Yo, como todos, tengo mis favoritos, como me pasa en el cine, y reconozco que cualquier espectador, ustedes mismos, tiene derecho a elegir a los suyos. Otra cosa es que, inevitablemente tengamos que verles en una mala película.