La guerra de las ganancias
Quédense con el nombre: Villarejo, José Manuel. No solo charlaba con Gonzalez, y quizá le chantajeaba, sino que tenía algo con Corinna, la princesa, con el pequeño Nicolás, con el Departamento de Asuntos Internos, con los fondos reservados, con la falsificación de pruebas y con alguien llamado El Comisario Oscuro, un ser como salido de un thriller fantástico.
Y, además, tiene un medio de comunicación que con buen tino ha titulado “Información Sensible”. Cuánta falta hubiera hecho un personaje así, quizá si existía, en los tiempos en que Luis Roldán saqueaba huchas de huérfanos, ese mismo Luis Roldán que ahora vuelve convertido en héroe, un tipo normal y común, en palabras de su biógrafo Fernando Sánchez Dragó, atraído por el lado oscuro.
Dice Dragó que ha estado al borde del suicidio escribiendo este libro. Cuánto melodrama en la boca y tan poca literatura en la pluma.
Todo tiene un marcado color negro. Zaur Dadaev, que asumió haber matado a Nemtsov, ahora se desdice. ¿Qué le harían, que le prometerían, que han dejado de cumplir?
En Utah, el estado de los mormones, han recuperado el fusilamiento para aplicar la pena de muerte. ¿No era eso un método militar?
Maduro se ha fabricado una Ley Habilitante para combatir las amenazas del los yanquis del norte. ¿No será una asunción de poderes absolutos para castigar a sus vecinos?
No se preocupen: abandonen estos negros asuntos y libérense. Vuelve “La guerra de las galaxias”, en película y también en cómic. ¿En cuarenta años no hemos conseguido inventar nada nuevo? Qué rápidas van algunas cosas; qué enquistadas están otras.