Porque yo lo valgo
La vida es cruel. Y la política más. Juan Carlos Monedero se queja de que los suyos le han sumido en el abandono, que no le llaman, que le consideran un peligro tras sus manejos económicos. ¿Y qué hace él además de lamentarse? Lanzarse a los brazos de la espiritualidad.
Una vez que se comprueba que no te puedes fiar de tus semejantes siempre te quedará una instancia superior. O tu perro. Fernando López Aguilar también está experimentando la cruz de la acusación. De malos tratos en su caso. Se declara inocente, claro. Pero si hay testimonios de las vecinas que es gente que tiene credibilidad para los miembros de un jurado popular parece que la cosa es seria.
Y luego ese “me merezco una mujer con mas pecho”. “Me merezco”, ese es el problema, lo que cada uno estima que se merece, que la vida le debe. Así no hay manera de sentirse a gusto.
Las masas también están cambiando su opinión sobre Alberto Nisman. La culpa la tiene una cuenta oculta en Nueva York. Lo malo es que NISMAN no puede decir que no es culpable, ni dedicarse a la meditación trascendental y cuando existe el precedente de una muerte sospechosa también hay que cuestionar las evidencias posteriores.
Hay que cuestionarlo todo, en realidad. Hasta cual es el lado bueno de Isabel Preysler, que mueve la mesa buscando el favor de los focos. Es lícito, sabe que tiene tirón. Nunca nadie consiguió tanto, en audiencia, con tan pocas palabras.
Pero ya se sabe que los espectadores son fácilmente influenciables y las pantallas, junto con el fútbol, es materia muy opinable, tanto que uno de cada tres tuits habla de la televisión. De ahí que las cosas tengan que ser controladas.
En “Los Nuestros”, serie de televisión, los asesores militares se encontraron con un guión repleto de soldados alcohólicos, peleas en los bares, infidelidades de las mujeres de los oficiales, vamos lo que era hace sesenta años “De aquí a la eternidad”, y tuvieron que intervenir y dejar las cosas limpias, que nadie se ofenda, que los malos sean los reconocidos y los soldados héroes, que para eso están.
Ese mundo virtual que sale en la pantalla. Esta vida cruel que alguien está manipulando.