Sebas Velasco: "En los Balcanes, la complejidad de la historia se revela en todas partes"
La obra pictórica del pintor y muralista donostiarra Sebas Velasco (Burgos, 1988) luce atravesada por los paisajes urbanos y humanos de los Balcanes; los cuadros del artista establecido en San Sebastián tejen estrechos vínculos con diferentes rincones de la antigua Yugoslavia desde que Velasco descubriera, hace diez años, las ciudades de Belgrado y Sarajevo: "Entonces me di cuenta de que en estos lugares encontraba algo especial y fascinante", resume.
Ahora, como punto álgido de esta relación artística de ida y vuelta entre Euskal Herria y los Balcanes, Velasco muestra la exposición The morning will change everything en Sarajevo, ciudad que encarnó el epítome de la diversidad social en Yugoslavia antes de que las guerras de desintegración del país la mermaran dramáticamente en los 90.
En los lienzos repartidos entre los muros del edificio brutalista que alberga el Museo de Historia de Bosnia-Herzegovina, Velasco condensa el resultado de diez años de observación: se retratan los icónicos elementos que articulan la geografía de los barrios de Grbavica y Alipašino Polje y otros paisajes de la región, claro. No faltan coches, chándales, hormigón, luces de neón, no-lugares en los que se confunden conjuntos de edificios con descampados, pero también se adivinan, en un plano latente, atmósferas sugerentes y nebulosas; retratos del hoy, y pistas de lo que podría llegar pronto, porque la mañana lo podría cambiar todo.
Hemos hablado con Velasco.
La exposición The morning will change everything fue inaugurada el pasado 4 de abril. ¿Cómo han ido el inicio y las actividades paralelas a la muestra?
La inauguración ha ido de maravilla. Pasaron más de mil personas por la muestra…
Como dices, además de los cuadros, también se pueden visitar una instalación fotográfica de Jose Delou y una videoproyección de Mario Ilic. Además, también organizamos charlas de personas expertas, tanto locales como internacionales, y un concierto de guitarra clásica.
He vivido todo en un ambiente muy colectivo, y ha resultado muy importante para mí, tanto en el plano personal como en el profesional.
¿Cómo surgió la posibilidad de organizar la exposición en el Museo de Historia de Bosnia-Herzegovina y cómo se ha ido materializando la que supone tu primera exposición en solitario en un museo?
Se trata de una idea que me ha acompañado durante los últimos años: realizar una exposición en Sarajevo me parece una preciosa manera de ofrecer algo a una ciudad que me ha regalado tanta inspiración.
Hace un par de años, la embajadora de Bosnia en España me propuso reunirme con la dirección del museo, y fue allí donde nació la posibilidad de montar esta exposición.
Se trata de algo importante para mí, no solo porque sea mi primera exposición individual en un museo nacional sino por el significado que otorgo a este lugar. Fue en su día el Museo de la Revolución, y entre sus objetivos estaba el de preservar la memoria de los partisanos, muchos de los cuales participaron en diferentes batallas de la Guerra Civil española.
Después de las guerras de 1990, tomó el nombre de Museo de Historia de Bosnia-Herzegovina, y atesora también la memoria de las personas que sufrieron el sitio de Sarajevo. Se trata, además, de una institución que escapa de la retórica étnico-nacionalista que se ha impuesto en la realidad actual.
Todos estos aspectos son importantes para mí, no tanto como pintor, sino a un nivel más personal. Desde un punto de vista más formal, como pintor, me encanta que mis pinturas se muestren en un edificio modernista ya que la propia arquitectura del edificio está relacionada con el contenido de los cuadros.
¿De dónde te viene esa fascinación por los escenarios físicos y humanos de los Balcanes? ¿Qué es lo que te ha atrapado de sus lugares y su gente?
Europa del Este siempre me ha atraído de una manera u otra. Hace diez años, conocí Belgrado y Sarajevo, y creo que fue entonces cuando me di cuenta de que en estos lugares encuentro algo especial y fascinante.
Por un lado, está la configuración de las ciudades y la arquitectura, el modo tan especial en que la luz, ya sea artificial o natural, afecta a todo el entorno; después, enseguida me atraparon las ganas por saber más sobre la historia y la política de la región. Finalmente, pero no deja de ser importante, diría que encontré una conexión inmediata con la gente de la zona. Muchos de mis primeros viajes estuvieron relacionados con el grafiti y los murales, y esto me permitió hacer buenas amistades que me ayudaron a conocer mejor su realidad y me empujaron a volver.
¿Qué te tiene que ofrecer una imagen para que te lances a inmortalizarla sobre el lienzo o sobre la pared?
A pesar de que el proceso creativo también tiene su parte inconsciente, hoy en día busco lugares en los que creo que encontraré algo. Procuro salir al amanecer o al anochecer en busca de una luz o un ambiente concretos. Después, espero a que aparezca ese algo.
Normalmente, se trata de una combinación de elementos. O, mejor dicho, de cómo la luz afecta a esos elementos. Después, realizo fotografías, que utilizo en el estudio como bocetos. Normalmente, mezclo varios dibujos en un collage digital, del que parto. Es entonces cuando comienzo a pintar sobre el lienzo.
Me gusta que las primeras fases resulten espontaneas, y me empeño en ello, abierto a las sorpresas que me pueda deparar la aplicación de la pintura. A continuación, defino más algunas partes o realizo algunos cambios, y sigo adelante hasta que me parece que el cuadro funciona o está ya terminado. De todos modos, es complicado dar por finalizado un cuadro.
Los Balcanes son una región especialmente castigada por los estereotipos desde el punto de vista occidental. ¿Qué postura tomas frente al lienzo, respecto al equilibrio entre el retrato y la sugerencia? ¿Cuál es tu objetivo al pintar?
Mi objetivo no es proyectar una imagen concreta de la región. Trato de distanciarme de una mirada documental, y evito seguir estrategias definidas de antemano.
Por el contrario, me guía ese algo que alumbra una emoción, ya sea esta visual o más íntima, profundamente interior. Y puede que sea eso lo que cree una atmósfera sugerente.
De todas maneras, para algunas personas las imágenes refuerzan estereotipos, y para otras ponen en cuestión esos mismos estereotipos. Más allá de eso, mi intención inicial dista de profundizar en esta cuestión.
La frase The morning will change everything, que da título a la muestra, ofrece un resquicio a la esperanza que entronca con el espíritu de las recientes protestas en Serbia y Macedonia del Norte contra la corrupción y el secuestro del Estado. ¿Qué se ve en los Balcanes al mirar hacia la luz?
Sí, el título está inspirado en una canción del grupo Indexi, y me gusta porque se puede interpretar de diferentes formas. Una de ellas es, efectivamente, la que tú comentas.
Entre mis amistades en Serbia ha existido una gran implicación en las últimas protestas, y se nota cierta esperanza. En cambio, en el caso de Bosnia, mis amistades locales me comentan que la crisis y las tensiones políticas en torno a Dodik (Milorad Dodik es el primer ministro de la República Srpska, en Bosnia-Herzegovina) son vistas como maniobras para distraer la atención de los verdaderos problemas y evitar que la ciudadanía se movilice como sí se están movilizando en Serbia.
El actual Museo de Historia de Bosnia-Herzegovina se creó después de la II Guerra Mundial, en tiempos de la República Federativa Popular de Yugoslavia bajo el mandato de Tito. ¿Qué diferencias percibes entre la manera de entender y utilizar el arte de aquella Yugoslavia y la de los actuales estados posyugoslavos?
Es una pregunta interesante. No soy especialista en el tema, por lo que puedo explicar lo que me cuentan mis colegas de Bosnia.
En la Yugoslavia socialista, el arte estuvo bajo la influencia de la dirección política del país. Esa dirección cambiaba en la medida en la que la propia Yugoslavia evolucionaba, pero, sobre todo durante las primeras décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, el arte era entendido como una herramienta ideológica al servicio de ideas revolucionarias y antifascistas; y también una herramienta a favor de la idea central de Hermandad y Unidad.
Hubo casos de censura, sí, pero, al igual que en otros ámbitos, esa censura fue bastante más leve que en la Unión Soviética y el resto de los países del Pacto de Varsovia. Existían proyectos artísticos, películas y libros que cuestionaban y criticaban el régimen, y, a pesar de ello, estos también recibían financiación por parte del Estado.
El realismo socialista fue promovido sobre todo durante los veinte años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, y muchos artistas se adhirieron a este movimiento porque sentían que tenían que contribuir en la construcción de una nueva sociedad socialista. El Estado financió muchos proyectos de arte contemporáneo; la situación no era, ni mucho menos, como la presenta Marina Abramovic. Lo repito: eso es lo que me cuentan mis amigas y amigos, je je je.
Los centros culturales para estudiantes fueron espacios fundamentales para estas prácticas, y fueron financiados por el Estado, que consideraba el arte un bien común y realizaba grandes inversiones en obras de arte.
Hoy en día, en cambio, las instituciones creadas por la antigua República Federativa Socialista de Bosnia-Herzegovina, entre ellas el Museo de Historia, no tienen un estatus claro: ni el Estado ni la Federación quieren responsabilizarse de él.
Actualmente, el arte es entendido como un bien común, y no existe ni mercado, ni sistema privado de mecenazgo, ni nadie que realice algún aporte económico al arte. Hoy se dice que el arte es más libre, pero no porque este sea hoy en día un país especialmente libre o liberal, sino porque, directamente, hay muy poco interés. Es como si se hubiera perdido la conciencia sobre el poder del arte, y entonces todo vale porque "es solo arte, es inofensivo".
¿Dónde debe mirar quien llegue a los Balcanes? ¿Qué no se debe perder?
Dependerá, claro, de los intereses y el carácter de la persona. Pero diría que, en los Balcanes, la complejidad de la historia se revela en todas partes, y por eso resulta una zona especialmente interesante. La gente es muy abierta, muy mediterránea, muy callejera; en ese sentido, sus costumbres son muy parecidas a las nuestras, y la gente se siente muy a gusto inmediatamente.
También subrayaría su diversidad en muchos otros ámbitos: paisajes, arquitectura, comida o música.
LEE LA ENTREVISTA CON EL ESCRITOR Y TRADUCTOR MARC CASALS
Marc Casals: "Bosnia es un descubrimiento constante de la diferencia"
¿Cuáles son tus próximos planes?
En junio participaré con un par de obras en una feria de arte en Suiza. Por otra parte, sigo inmerso en la preparación de un libro que recogerá las pinturas y otros materiales fruto del trabajo de diez años inspirado en la antigua Yugoslavia.
* "The morning will change everything" se puede visitar en Sarajevo hasta el próximo 28 de mayo
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