"Mi obsesión ha sido mostrar en imágenes espacios y vivencias ocultas"
Además de las películas ya terminadas, aquellas que están por hacer o en proceso de creación también tienen su hueco en los festivales de cine, lugar de encuentro de todos los agentes que rodean a las películas. La sección WIP Europa del Zinemaldia, por ejemplo, muestra películas en fase de postproducción a productores, distribuidores, agentes de ventas y programadores de festivales que pudieran ayudar a estas obras en su camino a la gran pantalla.
Precisamente, en esta sección es en la que Arantza Santesteban (Pamplona, 1979), historiadora, cineasta e investigadora audiovisual, presenta “918 gau”, un trabajo en el que pasa por el tamiz del lenguaje cinematográfico experimental el recuerdo de las casi mil noches pasadas en prisión condenada por un delito de terrorismo a causa de su actividad política en un partido ilegalizado.
Hemos hablado con Santesteban para saber más sobre su proyecto.
“918 gau” está en fase de postproducción. ¿En qué punto exacto se encuentra?
En este momento, la película está en su fase final. Es complicado decir en qué punto exacto nos encontramos porque los tiempos para hacer una película son diferentes en cada proyecto, y todavía no sé concretamente en qué punto del final estoy. De todas formas, aún me quedan algunas cosas por rodar, hay que mejorar el sonido, hacer la gráfica, la música. Aún queda trabajo.

Arantza Santesteban, durante el rodaje de "918 gau"
¿Qué encontrarán los productores, distribuidores y programadores que vean tu película en San Sebastián?
Los profesionales que asistan a la proyección se encontrarán, como te digo, con una película sin terminar; de todas maneras, se trata de una muestra valida para captar los pormenores de la película. El fondo de la película está ahí: podrán ver cómo va a ser la película, aunque con todas las imperfecciones propias de un boceto.
Como autora, ¿te es difícil mostrar una creación provisional, algo que no es exactamente aquello que tienes en la cabeza?
Sí, mostrar algo que no está terminado sí que tiene algo de incómodo. En un proceso creativo, nunca estás segura del todo con los pasos que vas dando; y mostrar tu trabajo a diferentes profesionales en esa situación te puede colocar en una posición vulnerable.
De todas formas, los festivales de cine cada vez cuentan con más secciones work in progress, y los profesionales que participan en ellas saben que lo que están viendo no es una película terminada, sino un trabajo en su fase final. En ese sentido, estoy bastante tranquila.
¿Cómo se evita la tentación de seguir dando más vueltas a un proyecto que lleva tantos años en tu cabeza? ¿Cuándo querrías acabar la película?
Quiero terminar la película este año, no quisiera alargarlo más. Tengo otros proyectos y quehaceres, y quisiera terminar la película antes de acometerlos.
Pero, como dices, es difícil establecer un final definitivo. En el caso de esta película, siempre he sentido que alargarlo demasiado iba en detrimento del proyecto: ha pasado ya tiempo desde que sucediera lo que cuento en la película, y, de alguna manera, tengo la necesidad de dar por terminada la pulsión surgida en un momento concreto.
De cualquier modo, no soy una profesional del cine, en los últimos años he trabajado en la gestión cultural, y poder combinar todo ha sido verdaderamente laborioso. Así que ya me toca terminar.
¿Qué esperas de los representantes de la industria cinematográfica que verán tu película?
Más que esperar algo concreto, me gustaría que vieran cómo respira la película. Esta película cuenta algo muy concreto, un punto de vista propio sobre el conflicto que hemos vivido en Euskal Herria, desarrollado a través de un lenguaje cinematográfico experimental. Por un lado, me interesa conocer qué acogida puede tener eso por parte de la industria cinematográfica europea.
Por otro lado, algunos circuitos del sistema de producción cinematográfica están muy estructurados, y el camino que estas películas hacen por los festivales puede empezar hoy en día por las secciones WIP (work in progress). El interés y la visibilidad de algunas películas toman fuerza en este tipo de secciones. Además, también existe una dotación económica para poder terminar la película, y, tal y como están las cosas, ese premio siempre es importante para los cineastas.
¿Cuándo decidiste que querías llevar a la pantalla tu experiencia de hace diez años?
La necesidad de hacer esta película surgió hace unos tres años. Al abrir la caja en la que guardaba cartas y diferentes documentos de mi época en la cárcel (pasé años sin abrirla), me di cuenta de la fuerza de ese archivo. La caligrafía, los dibujos, su contenido… Entonces, vi muchas películas posibles, de manera que comencé a crear la mía propia.

Para entonces ya había hecho un par de películas y me rondaba la inquietud de dónde se encontraba para mí la fuerza del cine. Pensando sobre el poder del cine, en aquella época me preguntaba si el cine sirve para reforzar los estereotipos o, por el contrario, sirve para cuestionarlos. En mi caso, quería cuestionar los estereotipos de las principales narraciones políticas, y, para ello, pensé que la cinematografía que entonces tenía presente podía ser una buena manera de hacerlo.
En el aspecto formal, ¿cómo se lleva a la pantalla un espacio que suele estar fuera e incluso excluido del imaginario como es la cárcel? ¿Qué propuesta visual hace la película?
En el caso del proyecto “918 gau”, mi obsesión ha sido mostrar a través de imágenes espacios y vivencias que suelen permanecer ocultos. ¿Cómo se cuenta el sistema carcelario y la vida dentro de él sin caer en las estrategias habituales y sin reforzar los estereotipos?
Por un lado, he usado mi propio archivo de cartas e imágenes y, por otro, he grabado de manera bastante intuitiva otras imágenes que me han surgido en el proceso. Esta película es un trabajo experimental, en el que cuento la vida en la cárcel y los pensamientos que me han surgido en ese camino.
¿Qué futuro le auguras a la película?
Me gustaría que la película hiciera un buen camino, en su medida. Creo que en el sistema cinematográfico existe demasiado espacio para la vanidad y hay quien se emborracha de su obra. Esta película es muy humilde, muy honesta con aquello que cuenta. He pensado mucho la película, me ha costado mucho hacerla y lo que más me gustaría sería que funcionara bien, en su medida. No tengo pretensiones demasiado elevadas, pero tampoco demasiado pequeñas. Se trata de una película honesta, y quisiera que funcionara en su honestidad.
En 2017 también estuviste en el Zinemaldia con el cortometraje “Euritan”, dirigido junto a Irati Gorostidi. ¿Cómo vives el Zinemaldia?
El Zinemaldia es una oportunidad magnífica para los cineastas locales. Yo siempre me he sentido muy cuidada en este festival y he tenido una relación muy cercana con él. Como espectadora lo he disfrutado mucho, y como cineasta he tenido una relación muy bonita con la gente que trabaja en diferentes secciones del festival.
Septiembre tiene algo especial: además de ser el final del verano, el Zinemaldia se convierte en una cita ineludible.
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