Amets Arzallus: 'El relato de Ibrahima muestra la magia de lo simple'
Las generalizaciones arrasan con todo. En las sentencias rotundas, todas las aristas quedan aplastadas por una uniformidad que nos impide encontrar asideros con los que agarrarnos a las historias. Oímos hablar y hablamos de “migrantes” (más sobre “inmigrantes” que sobre “emigrantes”, para ser exactos) y oímos hablar y hablamos sobre “africanos”, como si supiéramos de qué estamos hablando, y olvidamos que hay tantas historias como personas; olvidamos que hay tantas historias como narradores.
“Miñan” gira en torno a una de esas historias que se pierden cada día, que nadie cuenta y nadie escucha, en la voz de dos narradores. Se trata del viaje del joven guineano Ibrahima Balde (Konakry, 1994), contado por el propio Balde y recogido por Amets Arzallus (Hendaia, 1983) en esta obra publicada por la editorial Susa, con un estilo desnudo, sin adornos. Conoceremos así sus orígenes, sus proezas en pos de un futuro que se aleja y las heridas abiertas durante la búsqueda desesperada de su hermano.
Hemos hablado con Arzallus sobre este libro escrito junto a su miñan (“hermano menor”, en idioma pular) Ibrahima Balde.
Has definido el libro como “la historia de una relación”. ¿Cómo se fraguó esa amistad?
Ibrahima llegó a Irun a finales de octubre. Yo solía acercarme a la Red de Apoyo de Irun, primero al gaztetxe La Kaxita y más tarde a la plaza San Juan, a ayudar en aquello en lo que podía. Empecé, por ejemplo, a realizar entrevistas a la gente que decidía quedarse aquí y pedir asilo, por un lado para que pudieran preparar la entrevista que tendrían en comisaría durante el proceso de asilo y por otro, en lo que a nosotros respecta, para conocer mejor la historia de la gente que pasa por aquí.
Tuve una entrevista con Ibrahima. Pero una vez terminada la charla, volvimos a quedar unos días después y le hice otra entrevista, no sé por qué. De manera inadvertida, se creó entre nosotros una relación o, como dice Ibrahima, “un movimiento que no es fácil de explicar con palabras”.

¿Cuándo decidisteis escribir el libro?
Yo me di cuenta bastante rápido de que Ibrahima tenía no solo una historia, sino una forma especial de contar su historia, con una poética propia. Entonces vi que Ibrahima guardaba un libro dentro de sí, y le propuse ayudarle en esa tarea.
Pero, en el fondo, para mí el libro, aunque cuente la historia de su vida, es una obra sobre la relación que creas con un migrante y sobre lo que aprendes en esa relación. En ese aspecto, la búsqueda del estilo que encontramos en el libro está conectada con la vida real e inspirada en una incesante reflexión sobre nuestra relación.
Ibrahima revive todo aquello que cuenta, cada vez que lo hace, pero, a pesar de ese dolor, ha querido hacer el libro. ¿Con qué objetivo se ha vaciado en “Miñan”?
No diría que Ibrahima relacione el libro con un objetivo concreto. En el fondo, el libro es consecuencia de una relación y un ejercicio, y creo que responde a una necesidad mutua, suya y mía.
Por mi parte, responde a la necesidad de saber sobre lo que ocurre, y, por su parte, quizás a la necesidad de contar, de liberarse. Pero todo eso lo digo yo, y lo más correcto sería, pasado un tiempo, preguntárselo a él, escuchar qué es lo que dice.
Durante su travesía Ibrahima vivió muchas situaciones extremas, barbaridades. ¿A qué se aferró para seguir adelante?
Habiendo vivido todo lo que ha vivido, después de sufrir la miseria económica y humana, Ibrahima ha mantenido una dignidad increíble, no ha cambiado su manera de mirar a la gente. No ha puesto en tela de juicio sus principios éticos.
Muestra una educación profunda, no sé si relacionada con los enseñanzas religiosas recibidas en casa o dada por sus pardes por otras vías, pero tiene algo. Y ha salido adelante una y otra vez con ese algo, seguramente, ayudado también por un instinto de supervivencia.
La narración rezuma oralidad, has trasladado al papel las palabras de Ibrahima de la forma más directa posible. ¿Cuántas veces has reescrito el texto para desnudarlo?
Puede que si comenzara a definirlo, rompiera algo, por lo que prefiero dejar la voz de Ibrahima tal y como está para que cada lector la tome a su manera. Lo único que me atrevería a decir es que el relato muestra a veces esa magia de lo simple.
Por otro lado, es cierto que el proceso de reescritura y correcciones ha sido tan largo como el de escritura. Podría decir que lo ha releido y corregido una docena de veces. He intentado en todo momento borrar mis rastros, porque me daba cuenta de que en muchos casos él solo era capaz, yo estaba de sobra.
Finalmente, por supuesto, en el libro están tanto su voz como mi mano, pero he tratado de equilibrar la balanza hacia él en la mayor medida posible.
¿Qué ha pensado Ibrahima al llegar aquí, a lo que para muchos migrantes supone una meta, y ver de cerca la dejadez hacia los migrantes y cómo son utilizados?
Ibrahima construye un punto de vista sin ningún prejuicio en cada sitio que atraviesa, con cada persona que conoce. En Europa primero conoció a los guardias civiles de Almería, pero llegó muy rápidamente a Irun, por lo que para Ibrahima Europa son los voluntarios y amigos de la Red de Voluntarios de Irun. Eso es lo que ha conocido directamente.
Ahora, desde que le han negado la petición de asilo y lo han dejado sin posibilidad de trabajar y sin refugio, desafortunadamente está conociendo otra Europa. Y con esos dos elementos, además de los que él sume, estará construyendo su propia visión de Europa.
¿En qué tipo de lector pensabas mientras escribías?
La verdad es que durante el proceso de escritura no he pensado en ningún perfil concreto de lector. Mientras escribía, consultaba a los de mi alrededor, y cuando me he sentido perdido sus consejos me han ayudado a encontrar el camino.
¿Qué le deseas al libro?
Le deseo, por supuesto, que sea leído y que, además de ser leído, despierte reflexiones. Si alguien cerrara el libro y se quedara pensando un poco sobre este mundo en el que vivimos, mi objetivo estaría cumplido.
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