Madeleine: 'Solo somos cuatro amigos que quieren hacer temazos'
La llama de Madeleine no se ha apagado. Ese fuego que alimentaba sus humosas melodías en Mugarri, su anterior disco, los ecos volátiles y densos de sus canciones, siguen ardiendo en Su hura, tercer trabajo del cuarteto donostiarra.
Pero el tiempo, afortunadamente para todos, no pasa en vano, y, tras cinco años desde su anterior lanzamiento y un parón de casi tres años, los territorios musicales de Madeleine no solo se han expandido (el pop y el indie asoman más palpablemente y matizan el rock de su propuesta), sino que lucen más concretos en Su hura: el grupo ha trabajado sobre canciones, y no tanto, como en el pasado, sobre riffs.
Con la ayuda en la producción del cada vez más solicitado Eñaut Gaztañaga (Grises, Rural Zombies, Olatz Salvador, Voltaia…), esas canciones que antes resultaban ser la suma de diferentes partes suenan ahora más concretas y acotadas, sin renunciar a los emocionantes cambios de intensidad y resonancias atmosféricas que definen el sonido del grupo. A la hora de componer, el grupo ha puesto “cabeza” además de corazón, tal y como nos explica el guitarrista y cantante Gartxot Unsain.
Llegados a este punto, he logrado hablar de Su hura sin utilizar la palabra madurez, que, a buen seguro, será la más usada en las críticas del disco. Se trata de un concepto que me genera rechazo por lo gastado que está en la prensa musical, pero sí es cierto que en las siete canciones del disco se aprecia un cambio de mentalidad en Madeleine, que ha arriesgado intentando hacer canciones redondas, en lugar de seguir encadenando riffs con destreza, labor que ya habían demostrado dominar en Mugarri.
Unsain nos habla detenidamente sobre esta muchas otras cuestiones.
Después de Mugarri (2013) el grupo hizo un parón de tres años. ¿Qué fue lo que lo generó y qué os llevó otra vez a componer juntos?
El parón nos vino marcado por la propia vida; en este caso, fueron motivos de salud. Cuando estábamos a punto de grabar el tercer disco, un miembro del grupo se topó con un reto que arrebataba toda prioridad a nuestros planes.
En ese impás, todos hemos estado a lo nuestro. Algunos han llevado adelante el camino profesional que han elegido, y otros hemos participado y participamos en diferentes proyectos musicales.
Y la resurrección también nos la ha marcado la vida. Una vez dejados atrás los problemas de salud, mientras estábamos recordando lo olvidado durante estos tres años, recibimos inesperadamente la beca Kutxa Kultur Musika, y tanto el local como la subvención que recibimos nos dieron el empujón necesario.
¿Qué os ha facilitado la beca exactamente? ¿Crees que este tipo de ayudas son un método adecuado para que las instituciones ayuden a los grupos?
Ha sido un empujón enorme, y estamos muy agradecidos. El local de ensayo nos facilita mucho la logística, y, siendo donostiarras, es muy práctico juntarnos en Tabakalera, en Egia. Antes, necesitábamos coche para desplazarnos a Astigarraga, y el local no era tan bueno como el de ahora… Esta comodidad nos ha permitido aprovechar mucho mejor el tiempo.
La ayuda económica también nos ha posibilitado invertir por primera vez en aspectos que nos encantan: diseño, vídeo, edición física… Además, los conciertos fijados en la beca también nos han ofrecido un cierto escaparate.
Por otra parte, no es sencillo realizar un diagnóstico sobre el comportamiento de las instituciones. Está muy bien apoyar a los grupos y recibir tanto un local como recursos económicos. De todas maneras, es extraño sentirte dentro del circo de las fotos institucionales y las ruedas de prensa, y hay que saber aceptar que estás dentro de esa postal idílica sobre las ayudas que se le muestra a la sociedad, tapando por medio de las canciones tu incomodidad, tus contradicciones y demás.
Nosotros hemos tenido claro que las canciones nos definen mucho más que el hecho de serigrafiar nuestras propias camisetas, autoeditar nuestros trabajos o poner el logo de la Kutxa en nuestro último disco. Siempre hemos tomado nuestras decisiones dependiendo de cada situación, y creo que no tenemos grandes remordimientos en ese sentido.
Estaría bien que las instituciones hicieran un diagnóstico más realista, debido a que no todos los grupos tienen las mismas intenciones, necesidades, deseos y caminos. Hoy en día, hay muchos grupos que consideran un triunfo tocar en un festival potente, y las instituciones lo facilitan. Pero deben saber que para un grupo el día a día es tan importante como el escaparate, que un local físico es una mejor ayuda que tocar en un festival a las seis de la tarde.
Además, en el funcionamiento de las instituciones existe una especie de burocracia interminable que, aunque sea necesaria, muchas veces es desesperante.
Entrando ya en Su hura, el disco comienza con “Inongo garen”, una canción que encaja con la línea estilística de vuestras anteriores canciones, y se cierra con “Sumendi”, quizás la más alejada de lo hecho hasta ahora. ¿Se trata de mostrar de dónde venís y a dónde vais?
El parón de los últimos años ha sido el que ha hecho que esa línea estilística se expanda. En las canciones del disco, se pueden ver ideas de hace cuatro años (“Inongo garen”) y otras terminadas la semana anterior a la grabación (“Sumendi”). Todas esas ideas han sido afinadas por los gustos que hemos ido adquiriendo y una mejor manera de funcionar, y estas siete canciones son una especie de resumen de nuestro parón, ideas antiguas y nuevas.
Esa variedad es también consecuencia del proceso compositivo. Por primera vez, hemos dado prioridad a la canción por encima de nuestros gustos; hemos trabajado las estructuras; hemos buscado los fallos y hemos defendido aquello que nos parecía bueno. Es difícil recoger los gustos de cuatro personas, pero hemos intentado creer en las ideas que teníamos entre manos, abrir nuevos caminos y experimentar más que nunca.
No le debemos a nadie una línea estilística, solo somos cuatro amigos que quieren hacer temazos.
Habéis manifestado que ya no os sentís representados por la amplia etiqueta de “postrock”. ¿Con qué etiqueta estáis a gusto?
La verdad es que la palabra postrock se ha convertido ya en una especia de broma dentro del grupo. Al principio, nos salió de forma natural priorizar la música instrumental y meter pocas voces; por eso éramos postrock. Pero en el camino hemos abierto un poco esa vía estilística, y es tan pesado quitarse de encima esa etiqueta, que ya nos lo tomamos a risa.
Hemos reducido los pasajes largos y las repeticiones, hemos dado tanta importancia a la improvisación como a trabajar los temas, y hemos trabajado la voz, además de gritar cuando lo hemos estimado oportuno… Hemos hecho muchas cosas.
Escuchamos tanta música no instrumental como instrumental, o quizás más, y esas influencias han marcado la evolución del grupo. Amamos los pasajes instrumentales, pero queremos decir cosas, y decirlas de una manera concreta. Si eso es “postrock”… ¡Post vale!
Nosotros nos sentimos a gusto con la etiqueta “buena gente”: “post-música emocional hecha por buena gente” o rock.
Las canciones son ahora más concretas, antes estaban compuestas por más partes diferentes y tenían más altibajos. ¿Miráis ahora a la canción como unidad?
Sí. Nos atrae mucho el conjunto de la canción. La redondez del mainstream siempre tiene un sentido negativo, pero, después de escuchar y trabajar mucho la música, te das cuenta de que hay que trabajar y mucho que la canción sea redonda. Y se trata de un proceso precioso: analizar las cosas, probar, trabajar…
Por primera vez, hemos trabajado estructuras que nos atraían, poniendo las cosas en duda, sin tachar de negativo algo porque se repitiera, los estribillos nos han erizado la piel y hemos elaborado muchísimo los ritmos de batería.
Al final, hemos intentado hacer las mejores canciones posibles bebiendo de nuestras fuentes, pero por primera vez trabajando con la cabeza además de con el corazón.
Y creo que eso nos ha posibilitado hacer canciones más bellas. Son más variadas, no tan repetitivas, más dinámicas…
Hasta ahora, cuando componíamos, no nos preguntábamos mucho “¿por qué?”, todo era una especia de collage de lo que nos gustaba, y eso estaba muy bien. Ahora, hemos querido organizar ese collage con más calma.
Antes utilizabais las voces prácticamente como un complemento, pero esta vez han tomado mucha importancia e incluso protagonismo en algunas canciones (“Perkalenea”, las primeras mitades de “Nahi on bat” e “Inoiz lehortuko da”, “Sumendi”…). ¿Por qué?
Creo que la voz es el elemento más importante, llamativo y fuerte de un grupo. La voz tiene que ser la conductora de eso que tienes detrás, y, al menos a mí, lo que transmite la voz es lo que más me emociona cuando escucho música.
Siempre hemos tenido una personalidad muy melódica, y, como oyentes, somos unos grandes amantes de la melodía. Hasta ahora, esa melodía solo estaba en las guitarras y el bajo, y la voz solo era un cruda expresión emocional. Ahora, por el contrario, hemos utilizado la voz para hacer algunas melodías. Lo hemos sentido así, y era un reto hacer frente a nuestros propios prejuicios.
Ha sido un proceso largo, pero hemos invertido tanto tiempo con las voces decidiendo qué queríamos decir y cómo queríamos hacerlo como con las guitarras. Y creo que hemos aprendido mucho, a quitarnos las vergüenzas, a reunir las fuerzas necesarias para cantar…
Ha habido muchos altibajos en el camino del grupo, somos cuatro jóvenes de 30 años llenos de dudas, la vida nos sorprende y nos asusta en la misma medida, y las palabras tienen una fuerza especial para transmitir todos esos sentimientos. Por eso las hemos utilizado.
¿Y de qué habláis a través de esas palabras?
Sobre ese punto de inocencia que teníamos de pequeños, de aquel fuego (su hura); de sentirnos de todo el mundo pero no saber si somos de algún lugar; de diluirnos junto a la sociedad; del orgullo y la pena de que alguna vez se secará la dinámica de un grupo de amigos; del volcán que supone el crear como clamor vital; de la felicidad que puede dar compartir una casa en el día a día; aquel equilibrio emocional; de identificar el postrock con el pasado… Son miles de sentimientos, pero nosotros los unimos todos en uno. Tenemos una buena intención: crear la banda sonora de nuestra vida.
Habéis elegido grabar en el estudio Gaztain, un lugar que cada vez está más solicitado. ¿Qué ha aportado Eñaut Gaztañaga al disco?
Eñaut nos ha aportado, antes que nada, amistad, y, después, una gran profesionalidad. Es un gran amigo, y teníamos claro que queríamos tener a alguien así a nuestro lado en este reto para hacer las cosas de la mejor manera posible. Tenía que sentir, entender y ayudar al grupo. Además de en una dinámica de trabajo inmejorable, Eñaut nos ha ayudado a jugar, disfrutar y aprender. El resultado nos ha encantado, y estamos muy emocionados de oír por primera vez las ideas del local con un sonido tan bueno.
Como productor nos ha ayudado muchísimo, nos ha dejado jugar mucho con los pedales, ha dado su opinión, priorizando muchas veces la canción, y hasta ha hecho una colaboración oculta de guitarra. Aupa Eñaut!
El disco también está publicado en formato físico, para lo que habéis acudido al artista Marcos Navarro. ¿Dónde se puede encontrar vuestro trabajo?
En esta nueva tendencia de intentar hacer las cosas bien, queríamos delegar en otra persona la tarea del diseño. Conocíamos el trabajo de Marcos, y se lo propusimos. Ha dibujado con su gran estilo todo lo que le hacían sentir nuestras canciones, y también nos ha atraído esa combinación de diferentes disciplinas.
Estamos muy orgullosos del resultado, y el soporte para la edición física limitada también nos parece original. Estará disponible en los conciertos o pidiéndonoslo a nosotros.
¿Qué planes tenéis ahora?
Nuestras intenciones son visitar a los amigos que hicimos en el pasado, conocer nuevos lugares y dar los conciertos más potentes que podamos. Mientras, crearemos nuevas canciones, y, como siempre, la vida nos llevará allí donde debamos llegar.
Terminemos con un test.
Un grupo o músico vasco: Beñat Antxustegi
Un grupo o músico extranjero: Bon Iver
Un disco que no dejas de escuchar últimamente: Olatz Salvador, Zintzilik
Una canción: “The Less I Know The Better” (Tame Impala)
Un lugar para tocar: El local
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