Elecciones en Alemania: ¿Quiénes son los principales candidatos?
El candidato del bloque conservador a la Cancillería, Armin Laschet, pugna por el poder desde su posición de sucesor natural de Angela Merkel, aunque lastrado por los sondeos y por su condición de "opción B" a tomar el relevo de la canciller.
La sucesión que anhelaba Merkel está plasmada en una imagen de julio de 2019, con la canciller sentada junto a la líder de la Unión Cristianodemócrata (CDU), Annegret Kramp-Karrenbauer, y Ursula von der Leyen, camino a presidir la Comisión Europea (CE).
Kramp-Karrenbauer, leal a la línea Merkel, se había impuesto como líder del partido que Merkel presidió durante 18 años y era la favorita a dirigir al bloque conservador en las elecciones de 2021.
Pero la nueva líder tiró la toalla unos meses después, incapaz de consolidar su liderazgo. Empezó la búsqueda del sucesor "B", lo que tras duros forcejeos internos recayó en el centrista Laschet.
Fue una apuesta continuista, por pertenecer a la misma corriente que Merkel. Pero al mismo tiempo divergente, ya que ni el talante ni la gestión de Laschet siguen los parámetros de la canciller.
Recién cumplidos los 60 años, padre de tres hijos, católico y abogado, Laschet emprendió la carrera hacia la Cancillería en marzo.
Su designación coincidió con la de la verde Annalena Baerbock y mientras se disparaba la intención de voto a favor de la ecologista. Fue un efecto momentáneo, ya que el ascenso verde se disipó pronto.
Pero tampoco eso ayudó a Laschet. A la mala gestión durante la pandemia siguieron las devastadoras inundaciones del oeste del país, con 190 muertos entre su "Land" y el vecino de Renania Palatinado.
Se viralizaron ahí una imágenes en que aparecía a carcajadas, de visita en una región afectada y mientras el presidente del país, Frank Walter Steinmeier, expresaba su apoyo a los damnificados.
Un proceder impensable en cualquiera que aspire al puesto de Merkel. Empezó su desplome en los sondeos, mientras ascendía el socialdemócrata Olaf Scholz, vicecanciller y ministro de Finanzas.
De rostro afable, Laschet suele presentarse como un tipo familiar y consumidor de la popular serie policiaca "Tatort", una especie de señal de identidad para el alemán común.
Hijo de un minero de Aquisgrán, creció en una familia de fuertes raíces católicas, dominante en su región, antaño corazón rojo del país y bastión socialdemócrata.
No fue un estudiante prodigioso, sino más bien repetidor. Tuvo que esforzarse para terminar Derecho y se estableció como abogado.
Con 18 años ingresó en la CDU, en 1994 entró en el Bundestag (Parlamento federal) con un escaño por mandato directo de su distrito. En 1999 se convirtió en eurodiputado y a partir de 2005 volvió al ámbito regional como ministro de la Familia del "Land".
El ministro de Finanzas alemán, Olaf Scholz, ha sido la apuesta de su formación política, el Partido Socialdemócrata (SPD) para alcanzar la Cancillería tras ocho años como socio minoritario de la coalición presidida por Angela Merkel.
Scholz, un socialdemócrata pragmático y perteneciente a la corriente más centrista de la agrupación, ha estado en la última legislatura al frente de la cartera de Finanzas y como vicecanciller en el equipo de Merkel.
Las bases del partido, cansadas de la gran coalición, no lo quisieron como líder de la agrupación y prefirieron al dúo formado por Saskia Eskien y Norbert Walter-Borjans.
Sin embargo, cuando Eskien y Walter-Borjans tuvieron que escoger un candidato a la Cancillería recurrieron a Scholz sabiendo que era el más indicado para captar votos de centro y disipar los temores de un giro a la izquierda en la política alemana.
Scholz, nacido en Osnabrück (norte de Alemania) en 1959, saltó al primer plano de la política durante la era del último canciller socialdemócrata, Gerhard Schröder.
Pese a que su imagen sufrió con los graves disturbios registrados en las calles de Hamburgo durante la cumbre del G20 en 2017, cuando era alcalde-gobernador de la ciudad estado, su carrera ha sido de constante ascenso.
Entre 2002 y 2004, cuando Schröder no sólo era canciller sino también presidente del Partido Socialdemócrata (SPD), Scholz fue secretario general de la formación política y, como tal, un defensor radical del paquete de reformas conocidas como la Agenda 2010.
La iniciativa de Schröder implicaba recortes sociales y llevó a una escisión dentro del SPD y al surgimiento del partido La Izquierda, en el que los disidentes socialdemócratas se unieron a los postcomunistas.
Siendo secretario general, Scholz declaró que las diferencias que tenía el SPD con La Izquierda eran más grandes que las que tenía con cualquier otro partido. En esos momentos todavía no existía la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD).
En todo caso, su apoyo a la Agenda 2010 y su rechazo a posibles coaliciones con La Izquierda han hecho que a Scholz se le sitúe habitualmente dentro del ala más conservadora del SPD, e incluso se le suele aplicar el adjetivo de "schröderiano".
Su carácter pragmático volvió a ponerse de relieve durante su gestión como ministro de Trabajo de la primera gran coalición de Merkel, cuando fue responsable de la ley que establecía un aumento paulatino de la edad de jubilación hasta los 67 años.
Su gestión bajo el Gobierno de Merkel le ha permitido crear confianza en muchos sectores que tienden a identificarlo como una apuesta por cierto grado de continuidad.
La candidata verde a la Cancillería, Annalena Baerbock, irrumpió en la campaña alemana prometiendo juventud y feminismo, ímpetu, cambio y "realismo radical", pero su inexperiencia, sus traspiés y un supuesto plagio le han pasado factura.
Unas y otras, las fortalezas y debilidades de la única candidata mujer, conforman el perfil de la primera apuesta en firme de Los Verdes por alcanzar la Cancillería y que finalmente, pese a que los sondeos apuntan que doblará los resultados de 2017, parece que va a quedar lejos de las expectativas.
Su nominación el pasado marzo llevó a su partido, por primera vez en la historia, a liderar de forma clara los sondeos de intención de voto. Superaron al bloque conservador de la canciller Angela Merkel, rozando el 26 % de los votos: los ecologistas aspiraban a todo.
Entonces Baerbock representaba todo lo que le faltaba tras ocho años en el poder al actual gobierno y a sus integrantes, el bloque conservador de la Unión Cristianodemócrata y la bávara Unión Socialcristiana (CDU/CSU) y el Partido Socialdemócrata (SPD).
Pero Baerbock y Los Verdes se han ido desinflando desde entonces, apuntan las encuestas, que sitúan actualmente al partido en tercera posición, por detrás de las dos formaciones tradicionales.
Su exposición en una larga campaña -especialmente agresiva para los estándares alemanes-, la guerra sin cuartel desde algunos medios y las redes han ampliado como una lupa sus debilidades y también sus errores, sembrando la duda de si a lo mejor a Baerbock le quedaba grande el traje de canciller.
Baerbock nació el 15 de diciembre de 1980 en una granja cerca de Hannover (centro de Alemania). Desde pequeña vivió el ecologismo, aunque sin activismos: ella misma ha contado que asistió con sus padres en varias ocasiones a manifestaciones antinucleares.
Estudió Ciencias Políticas en la Universidad de Hamburgo y posteriormente Derecho Público Internacional en la británica London School of Economics, donde forjó su solidez en el ámbito económico y social.
En política, sin una extensa experiencia, ha pasado por distintos niveles administrativos, aunque nunca en puestos de gestión, algo que han resaltado en repetidas ocasiones conservadores y socialdemócratas.
Ha catado la política regional en el estado federado de Brandeburgo, lleva dos legislaturas en el Bundestag (cámara baja) y ejerció durante tres años en Bruselas de jefa de gabinete de la eurodiputada verde Elisabeth Schroedter.
Baerbock está casada y tiene dos hijas pequeñas. Aunque no se considera religiosa, pertenece a la iglesia evangélica.
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