Un año de masacre israelí en Gaza, sin final a la vista y con el conflicto extendido en Oriente Próximo
El recrudecimiento de la ofensiva israelí en Gaza que se aceleró el 7 de octubre de 2023 es el "último" episodio de un conflicto histórico que ha conocido tantos escenarios como puntos de inflexión, ninguno ni remotamente parecido a la escalada actual, por número de víctimas, daños y desplazamientos forzados.
7 DE OCTUBRE: Aproximadamente a las 06:30 horas, el brazo armado de Hamás, acompañado de otros grupos armados y de civiles palestinos lanzó un ataque "coordinado y complejo", según la evaluación posterior de Naciones Unidas y del Ejército israeli, contra las comunidades israelíes en la frontera con la Franja de Gaza, usando como cobertura el lanzamiento masivo de 2200 cohetes contra Israel. El ataque se saldó con más de 1200 muertos, de ellos 809 civiles y 314 militares. Un total aproximado de 14 970 personas resultaron heridas. Al menos 252 personas fueron secuestradas.
En torno a las 18:00, Israel declaró el estado de guerra: el principio de una operación militar sin precedentes contra la Franja de Gaza.
8 DE OCTUBRE: Las milicias de Hizbolá comenzaron sus ataques con cohetes contra las comunidades del norte de Israel, en el principio de la regionalización del conflicto y del endurecimiento de la estrategia del Ejército israelí que, enzarzado ya en tres frentes comenzaba el 27 de ese mes su invasión a gran escala de la Franja de Gaza.
Durante esa semana, y gracias a un intenso proceso de mediación internacional, Israel liberó a 240 presos palestinos a cambio de 105 civiles secuestrados por Hamás, en lo que, durante los primeros días, parecía tratarse de un primer impulso con vistas a un alto el fuego duradero, expectativas que acabaron desmoronadas.
Israel denunció que Hamás no tenía intención de liberar a todas las mujeres y los niños, mientras que el movimiento islamista acusó al Ejército israelí de violar constantemente las reglas del cese de hostilidades y de paralizar la ayuda externa al bloqueado enclave con la intención de asfixiar a la población.
El fin de la tregua supuso el recrudecimiento de los bombardeos israelíes sobre el enclave, la aceleración de sus operaciones por tierra, y la certeza de que las consecuencias de la guerra se estaban escapando definitivamente de las manos de la comunidad internacional.
El 6 % de la población ha muerto o está herida
Los meses posteriores se han caracterizado por la existencia de dos ciclos simultáneos de destrucción en Gaza y de "incapacidad" internacional para detenerla.
El 6 % de la población de Gaza ha muerto o ha sido herida en un año de bombardeos de Israel contra este territorio palestino.
Casi 42 000 personas han fallecido, mientras que los heridos son cerca de 97 000, a los que se suman los 10 000 desaparecidos que se cree están bajo los escombros. Se estima, además, que una cuarta parte de los heridos han sufrido heridas que les dejarán incapacitados el resto de su vida. Quedan aún alrededor de 100 rehenes en territorio gazatí.
Tampoco hay que olvidar el daño perpetrado al sistema sanitario gazatí en ataques continuos, que suman al menos 516 y en los que murieron 765 personas, mientras que la escasez de medicinas, combustible y trabajadores continúa. Del lado del personal médico, más de un millar han sido asesinados.
El 43 % de los hospitales funcionan de forma muy parcial, con una capacidad total de 1500 camas, mientras que hay otras 650 en diez hospitales de campaña. En torno al 66 % de las estructuras de Gaza están destruidas por los ataques israelíes.
Antes de agravarse el conflicto, un 20 % de la población había sido diagnosticada con trastornos mentales y el impacto de doce meses de hostilidades hace temer lo peor en este sentido. Tampoco hay servicios de oncología, de resonancia magnética y de cirugía pediátrica especializada, entre muchos otros servicios sanitarios esenciales.
La ayuda humanitaria roza sus niveles más bajos
La Franja de Gaza sigue sumando decenas de víctimas diarias y acrecenta unas necesidades humanitarias que en estos meses han quedado aún menos satisfechas por la menor entrada de convoyes al enclave palestino.
Las organizaciones internacionales han denunciado desde el estallido de la guerra que las autoridades políticas y militares de Israel han dificultado la entrada de ayuda humanitaria en el enclave palestino. A esto se le suma también las acciones hostiles de civiles israelíes extremistas, que han llegado a asaltar convoyes cargados de ayuda y suministros básicos en plena ruta por carretera hacia la Franja de Gaza.
Naciones Unidas cifra en unos 500 los camiones que ingresaban diariamente a la Franja de Gaza antes de la Guerra, mientras que en el pasado mes de agosto tan solo 1559 camiones pudieron cruzar los pasos fronterizos de Kerem Shalom y Rafah —los únicos que siguen operativos— a pesar de que este verano se haya declarado la alerta por hambruna en algunas zonas de Gaza.
En torno a 1,9 millones de palestinos (el 90 % de la población) está actualmente desplazada debido a la ofensiva. Parte de estos civiles gazatíes se han visto obligados cambiar de ubicación en varias ocasiones tras los ataques israelíes, perpetrados incluso en zonas catalogadas como "seguras"."
Los gazatíes se enfrentan ahora al hambre rampante, la propagación de enfermedades, una vasta destrucción, un sistema sanitario diezmado, infraestructuras de agua y saneamiento y una grave carencia de productos de primera necesidad.
El Líbano es primera plana
Israel y el grupo chií libanés Hizbulá libran ahora sus peores enfrentamientos en un año, mientras el Líbano sufre bajo una oleada de bombardeos israelíes sin precedentes en décadas. El de Ministerio de Salud del Líbano ha cifrado en más de 2000 los muertos y en unos 9600 los heridos en el país por los ataques israelíes del último año.
El ciclo de violencia en este escenario en principio secundario cambió para siempre el pasado 17 de septiembre, cuando Israel hizo estallar simultáneamente miles de buscapersonas en manos de integrantes de Hizbulá en el sur y el este del país, y los suburbios meridionales de Beirut, sus principales bastiones en el país.
Más de dos semanas después los libaneses aún tratan de procesar los acontecimientos que se han ido sucediendo rápidamente desde entonces, con su país bajo constantes bombardeos y a las tropas israelíes invadiendo su territorio para confrontar a Hizbulá en las zonas fronterizas.
Hizbulá lanzó su primer proyectil contra Israel en esta escalada el 8 de octubre de 2023, un día después del ataque terrorista del movimiento islamista Hamás contra territorio israelí para advertir de que este grupo no estaba solo y de que el disputado "frente" libanés aún era una amenaza.
Pero poco se podía imaginar entonces que, un año después, se esté viviendo un conflicto más sangriento que la guerra de 2006.
Una sociedad dividida
Tras un período de impopularidad extrema, primero por la reforma judicial y agravada después por los ataques del 7 de octubre, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, vuelve a liderar los sondeos, y su coalición de Gobierno, la más extremista en la historia de Israel, volvería a ganar en unas hipotéticas elecciones.
A pesar de la mejora en su popularidad, su partido, el Likud, todavía está muy lejos de una mayoría absoluta, y las tensiones en el seno de la coalición no hacen más que aumentar.
Esas tensiones no son más que el reflejo de una sociedad dividida: por la reforma judicial, por un lado, pero también por la inclusión de los judíos ultraortodoxos en el Ejército, la gestión del acceso a la Explanada de las Mezquitas de Jerusalén o, incluso, el rumbo de la economía.
En este último punto, cabe recordar que el presupuesto para 2025 todavía no ha sido aprobado, mientras las agencias de calificación de crédito no dejan de rebajar la nota de Israel y el país afronta un gasto por la guerra en Gaza de más de 20 000 millones de euros.
De no aprobarse el nuevo presupuesto antes del 31 de marzo, el Gobierno se disolvería automáticamente y se convocarían elecciones anticipadas.
Cada vez más aislados
La deriva extremista del Ejecutivo de Netanyahu, consecuencia de la necesidad de mantener el apoyo de los partidos ultranacionalistas Poder Judío y Sionismo Religioso (ambos liderados por colonos antiárabes), también ha servido para aislar a Israel en la arena internacional.
Incluso Estados Unidos, su mayor aliado diplomático y militar, ha adoptado una postura cada vez más crítica con las autoridades israelíes, sancionando a algunos colonos en Cisjordania ocupada o retrasando el envío de armamento por el desproporcionado impacto que sufren los civiles en la Franja de Gaza.
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