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¿Comienza a remontar la natalidad? Las razones de un posible cambio de tendencia

En 2025 se registraron un 3 % más de nacimientos que en el año anterior y se dio el primer incremento interanual desde 2011. El demógrafo Unai Martín explica las razones y si se trata de un cambio de tendencia.

DEFUNCIONES - NACIMIENTOS ES

Tras más de una década de caída en picado de la natalidad, el número de nacimientos creció en Euskadi al término de 2025. Según el dato hecho público por el Instituto Nacional de Estadística, a lo largo del pasado año nacieron 13.344 niños, lo que supone un 3 % más que el año anterior (12.937). Se trata del primer crecimiento interanual desde que en 2011 la natalidad llegase a su pico más alto desde la década de los 80. Y es ahí donde surge la pregunta: ¿asistimos por fin a un cambio de tendencia o se trata de algo puntual?

Los datos trimestrales del Eustat, que aún debe confirmar el dato anual, venían apuntando la posibilidad de que en 2025 se podía poner fin a esa tendencia negativa de tantos años. De hecho, los demógrafos esperaban este momento desde hace algunos años. ¿La razón? La base demográfica en las edades reproductivas efectivas podría estar empezando a aumentar.

El declive de los 90

Para entender el porqué hay que retroceder hasta finales de los 80 y principios de los 90. En aquellos años nacieron muy pocos bebés en Euskadi. Si en 1976, el año con más nacimientos en la historia de Euskadi, nacieron 41.100 bebés, para 1986, en apenas 10 años, los nacimientos ya se habían reducido a la mitad, 20.094. En 1994, se tocó fondo, con solo 15.284 nacimientos, ligeramente por encima de las cifras que en los últimos años tanto preocupan.

“Llevamos años viviendo las consecuencias de la bajada de la natalidad que se produjo hace 30-35 años. No solo el número de nacimientos tocó fondo, sino también la tasa de fecundidad, el número de hijos por mujer, que llegó a situarse en el 0,9, una cifra menor a la actual. Desde finales de los 90, en cambio, remontaron tanto el número total de nacimientos (llegó a su máximo en 2011, con 21.180 nacimientos) como la tasa de fecundidad, que se situó por encima del 1,3 entre 2014 y 2016 (1,37)”, explica Unai Martín, demógrafo, doctor en Sociología y profesor de la Universidad del País Vasco (EHU).

Imagen de recurso de un bebé. Foto: Pexels

Es decir, las personas nacidas en aquellos años de declive demográfico, en el periodo en el que menos niñas y niños nacieron en Euskadi, son precisamente quienes se vienen situando en los últimos años en las edades reproductivas efectivas.

Los últimos datos demográficos, no en vano, reflejan que dos terceras partes de los nacimientos se corresponden con los grupos de edad 30-34 (alrededor de un 34 %) y 35-39 (un 33 %), mientras que un 20 % se corresponde con mujeres menores de 29 y, finalmente, el grupo de 40 años y más representa algo más del 10 % (11,2 %).

Solo la inmigración ha conseguido paliar en cierta medida esa situación heredada del declive demográfico de finales de los 80 y principios de los 90. A falta de los datos finales, el 26 % de los bebés nacidos en los tres primeros trimestres del año eran hijos de madres de nacionalidad extranjera, tendencia que se mantiene estable en los últimos años. La cifra es algo mayor si se atiende al total de madres nacidas en el extranjero, el 35 %. Es decir, una tercera parte de los bebés que nacen son hijos de madres llegadas en las últimas décadas a Euskadi. 

¿El fin de un largo declive?

Ahora, ese posible cambio de tendencia tras años de bajada de la natalidad podría consolidarse con la entrada de “generaciones más numerosas”.  

“Tenía que llegar este momento. Lo que estábamos viendo no era un descenso de la fecundidad, el número de hijos por mujer, que de hecho venía siendo más alto que en los 90. Lo que veíamos era sobre todo un descenso de la natalidad, del número total de nacimientos. Y se venía produciendo porque eran pocas las mujeres en edad fértil, ya que nacieron en años de muy baja natalidad. Si no desciende la fecundidad, el cambio se consolidará en la medida en que la situación que vivíamos se compense porque entran generaciones más numerosas y también por la migración, que propicia un aumento de las mujeres en edad fértil”, añade Martín. 

El demógrafo de la EHU pone, no obstante, el foco en la existencia de problemas, la mayoría de carácter material, que generan “un contexto muy antinatalista” y, en consecuencia, una “fecundidad insatisfecha”.

“El problema no es cuántos bebés nacen, sino que exista una fecundidad insatisfecha. Todos los estudios señalan que la gente tiene menos hijos de los que desearía. Y tener el número de los hijos que uno desee me parece un derecho muy básico. Chocamos con una estructura muy antinatalista. La emancipación residencial es muy tardía y difícil. Y ocurre lo mismo con la estabilidad laboral y vital. El primer hijo se retrasa tanto que muchas veces no da tiempo, o no llega el momento, de tener el segundo”, añade.

En opinión del sociólogo y demógrafo de la EHU, existe también una “desigualdad de género en el cuidado” que frena la natalidad, ya que supone un “coste de oportunidad elevado” para las mujeres “en un momento en el que la maternidad no es la única vía para la realización de las personas”.

En este sentido, Unai Martín considera que el reto pasa por alinear las expectativas reproductivas de la población con la fecundidad real, “dando respuesta a un derecho básico como es el reproductivo”. Aunque eso exige políticas muy ambiciosas y un cambio de paradigma para revertir la situación.

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