Marc Casals: "Bosnia es un descubrimiento constante de la diferencia"
Hay muchos libros que aspiran, casi siempre condenados de antemano al fracaso, a condensar el objeto de su estudio; suele ser un ejercicio tramposo y empobrecedor. Muy lejos de ese objetivo, el libro del traductor y escritor catalán Marc Casals (Girona, 1980) La piedra permanece (Libros del KO, 2021), que va desde la crónica al ensayo y el reportaje, aspira a lo contrario: expandir en un libro un país tan rico y agradecido a la curiosidad como Bosnia-Herzegovina.
A través de los honestos testimonios de dieciséis habitantes del país, arropados con un profundo conocimiento de sus circunstancias y presentados con atractivo pulso literario, "La piedra permanece" ofrece un compendio de historias tan alejado de la reproducción y la afirmación de los estereotipos impenitentemente ligados a la región como de la fascinación acrítica hacia ella.
Marc Casals, afincado desde hace años en los Balcanes, no mira solo a lo que quiere ver y reafirmar, como un visitante atropellado, sino que recoge con paciencia los frutos de su mirada atenta y los generosos y crisolados testimonios de los y las protagonistas del libro: bosniacos sarajevitas, desplazados serbobosnios, franciscanos croatas, voluntarios de la Armija, vendedoras de flores del cementerio de Potocari…
Hemos hablado con Casals, que, coincidiendo con el treinta aniversario del comienzo de la guerra en Bosnia el próximo 6 de abril, presenta La piedra permanece este viernes, 1 de abril (19:00 horas), en la Biblioteca Central de San Sebastián (San Jerónimo) junto al pintor afincado en Donostia Sebas Velasco, en cuya obra también están plenamente presentes los Balcanes.
Contra los tópicos proyectados machaconamente hacia los Balcanes (ásperos, exóticos, bárbaros, misteriosos…), tu libro aspira a expandir Bosnia a través de dieciséis historias. ¿Qué elementos fundamentales debía tener cada una de ellas para acabar en el libro?
Aunque suene a perogrullada, el requisito fundamental era que el protagonista y su historia fuesen interesantes, porque sin eso no vale la pena sentarse a escribir.
Luego intenté que cada protagonista me permitiese hablar de diversos lugares y aspectos de Bosnia, procurando que la narración fluyese con naturalidad de la Historia con mayúscula a las pequeñas historias individuales y viceversa.
Parte de la atracción de Bosnia es su naturaleza de mosaico, y quería que el lector tuviese esa sensación de piezas que se van juntando, no siempre de forma armónica, hasta componer una figura que no me atrevería a decir que sea Bosnia tal como es, pero sí la Bosnia que yo he conocido.
¿Ha quedado mucho material fuera? ¿Por qué?
En fases iniciales descarté a varios personajes y quedaron fuera del libro dos capítulos que tenía redactados por entero. En ambos casos, la razón era que los personajes tenían menos interés literario que el resto.
Recalco lo de literario porque, en la vida real, quizás sean personajes más interesantes que algunos que salen en el libro, pero escribiendo me sorprendí de hasta qué punto el texto tiene sus propias normas.
¿Ha sido difícil hablar sobre temas íntimos y dolorosos con los y las protagonistas de los relatos? ¿Cómo han sido las entrevistas?
No diría que haya habido tantas "entrevistas", en el sentido de un intercambio estructurado en preguntas y respuestas, como "charlas" entre gente a la que une una amistad.
Por suerte, cuando empecé a escribir el libro ya llevaba cinco años viviendo en Bosnia y estaba acostumbrado a las conversaciones sobre la guerra, porque suelen darse cuando alguien coge confianza contigo. Además, tengo la ventaja de que hablo el idioma y, al mismo tiempo, por ser extranjero ellos podían sincerarse conmigo sin que hubiese un juicio por mi parte.
Siempre intenté escucharlos con sensibilidad, y, si salían temas dolorosos, una vez tocados me quedaba un rato charlando de cosas más ligeras. Primero porque, más allá del libro, les considero mis amigos y me gusta pasar tiempo con ellos, así que no solo estaba allí en busca de material para escribir, y, segundo, porque hubiese sido una crueldad por mi parte dejarles alterados tras recordar una vivencia traumática.
Creo que para escribir sobre personas, y más si son supervivientes de guerra, debe regir el mismo principio que en medicina: "Ante todo, no hagas daño".
En las aclaraciones anteriores a las historias, explicas que has buscado ser representativo en aspectos como el geográfico, el étnico y el de la clase social, pero en el aspecto de género te ha sido imposible debido al conservadurismo del país y a que las vivencias de las mujeres han estado más ligadas al ámbito privado. ¿Está cambiando el panorama en Bosnia en este sentido?
Está cambiando poco a poco, como en todas partes. Bosnia sigue siendo una sociedad más patriarcal que la nuestra, y se ha vuelto más conservadora desde los años 90, con la vuelta de las religiones a la esfera pública. ¡Paradójicamente, a veces hay abuelas que son más liberales que sus nietas!
Estoy particularmente satisfecho de los tres capítulos protagonizados por mujeres que hay en el libro, porque, siendo hombre, entrañaban la dificultad adicional de pintar una psicología femenina compleja, en lugar de una caricatura. Por las reacciones, tengo la impresión de que lo he conseguido. Aunque, claro, me ayudó el hecho de que en todos los casos se trata de mujeres fascinantes.
Según la cita que abre el libro, en Bosnia "la piedra permanece" a pesar de que el agua fluya. Y precisamente el agua, con sus ríos tan presentes y diferentes entre sí (Una, Vrbas, Neretva, Drina, Miljacka), ya dan pistas al viajero de que hablamos de un país rico y, como muchos otros, pleno de contrastes y confluencias… ¿verdad?
Bosnia es un descubrimiento constante de la diferencia, tanto en sentido positivo como negativo, porque encuentras de forma constante la tensión entre la diferencia como riqueza y la diferencia como fuente de conflicto.
Y sí, es muy sorprendente tanto la personalidad tan marcada (en términos de color, sensaciones que despierta, etc.) que tiene cada uno de esos ríos como los vínculos emocionales que traban con ellos los bosnios que viven cerca de sus orillas.
Respecto a la cita que da título al libro, ojalá el país fluyese como el agua y no hubiese que invocar la piedra como símbolo de resistencia.
En el ámbito social, esas confluencias, en forma de uniones mixtas (como la de Mladen y Azra, del noveno capítulo) y convivencia, fueron habituales en diferentes zonas (Sarajevo…) hasta el inicio de la guerra y los consiguientes movimientos migratorios internos de personas refugiadas. ¿Cómo de posibles y habituales son esas uniones hoy en día?
La verdad es que bastante menos, porque, como dices, por los desplazamientos causados por la guerra ya es menos probable que dos personas de etnias distintas entren en contacto. También, como en el caso de la familia de Azra, puede ocurrir que las familias se opongan porque arrastran resentimientos del pasado. Pero todavía pueden darse esas uniones, sobre todo en entornos urbanos donde la gente se fija menos en qué es cada cual.
También me gustaría aclarar que las "etnias" de Bosnia no son categorías estancas con límites rígidos, sino que, como hacemos todos, cada bosnio configura sus diversas identidades de formas complejas o incluso hay quien renuncia a dedicar el más mínimo tiempo a esta cuestión, porque en los Balcanes consume una enorme cantidad de energía.
Ahondando en esto, existe una identificación seguramente simplificadora de los principales grupos de población de Bosnia (bosniacos musulmanes, serbobosnios ortodoxos y bosnio-croatas católicos) muy unida a los orígenes religiosos. ¿Cuán presente está la religión en el día a día de Bosnia?
Está mucho más presente que antes, pero, sobre todo, como marcador identitario.
Por las particularidades de la organización en comunidades confesionales del Imperio otomano, en Bosnia las identidades nacionales de bosniacos, croatas y serbios se han ido conformando a partir de la religión. Así pues, para mucha gente la religión sirve más como elemento de identificación nacional que como un conjunto de creencias o preceptos éticos.
De hecho, por esta convivencia secular entre religiones, en Bosnia se dan muchos sincretismos que siempre me han cautivado. Por ejemplo, en el libro cuento que, en una iglesia católica de Sarajevo, ortodoxos y musulmanes iban a la misa de los martes, dedicada a San Antonio de Padua, y a ponerle velas a la estatua del santo para que les ayudase a encontrar el amor.
¿Cuál es el grado de representación actual de las minorías como la de David, el judío sefardí de Sarajevo protagonista del séptimo capítulo, el pueblo romaní y otras?
Escaso, como el de cualquiera que no se identifique primordialmente como bosniaco, croata o serbio, entronizados por los Acuerdos de Paz de Dayton como "pueblos constitutivos" de Bosnia.
Eso los deja fuera tanto del imaginario simbólico que promueve el marco institucional como del reparto de poder, que se suele hacer a partir de lógicas nacionales.
Desde 2009, existe una sentencia de la Corte Europea para los Derechos Humanos obligando al Estado bosnio a derogar la norma por la que la presidencia debe estar formada por un bosniaco, un croata y un serbio, porque resulta discriminatorio para judíos y gitanos, entre otros, pero no se ha aplicado jamás.
Paradójicamente, en Bosnia uno no se puede declarar en el censo como bosnio, sino solo como bosniaco, croata, serbio u "Otros", que es donde se encuadran judíos, gitanos y la población que se siente bosnia antes que cualquier otra consideración.
Diferentes analistas hablan de la situación más tensa en Bosnia y Herzegovina desde 1997, debido a la intención de Milorad Dodik, presidente de la República Srpska (el Estado está divido en las entidades de la Federación de Bosnia y Herzegovina, la República Srpska y el distrito de Brcko), de avanzar en las atribuciones a su territorio en materia judicial y tributaria; la UE ha enviado 500 soldados más de la EUFOR a la zona; hay declaraciones cruzadas entre el embajador de Rusia en BiH y el miembro croata de la presidencia Željko Komšic sobre un hipotético ingreso del país en la OTAN… ¿Crees que hay peligro real de escalada?
El aumento de la tensión es evidente desde hace meses por la escalada secesionista de Milorad Dodik. Además, la guerra en Ucrania añade un elemento de volatilidad geopolítica, porque Rusia lleva años trabando lazos con Dodik, pero también con Serbia e incluso con el nacionalismo croata.
Si uno mira qué países de la antigua Yugoslavia no están en la OTAN, aparte de Serbia (es un caso especial, porque fue bombardeada por la Alianza), uno de ellos es Bosnia. Ahora mismo, dudo que la situación pueda desembocar en violencia a gran escala, teniendo en cuenta que Rusia parece empantanada en Ucrania.
Dodik es demasiado débil como para intentar algo solo, y Serbia intenta mantener la equidistancia entre Rusia y Occidente.
¿Qué influencia tienen en todo esto las próximas elecciones de octubre?
Sobre las elecciones de octubre, primero hay que ver si se celebran, porque el principal partido nacionalista croata amenaza con boicotearlas si no se reforma la ley electoral de acuerdo con sus intereses.
En las historias de Nihad Hasanovic y Dobrila se tratan las consecuencias psicológicas de la guerra. ¿Qué seguimiento ha tenido el tema de la salud mental en Bosnia y qué influencia tienen imágenes como las que llegan estos días de Ucrania (o de Siria, o de Irak, o de Afganistán…) sobre los habitantes?
Por desgracia, es un tema que se trata poco y a mí me interesa especialmente. De hecho, una de las historias que descarté para el libro estaba protagonizada por un psicólogo especialista en síndrome de estrés postraumático.
Este síndrome está muy extendido en Bosnia, y causa un gran sufrimiento psicológico, pero, como en tantos otros lugares, la tradición de ir a terapia es escasa y se considera un capricho o un síntoma de debilidad, así que poca gente se trata.
Estaba en Sarajevo el día que Rusia invadió Ucrania, y tanto los amigos con los que me encontré como las caras de la gente de la calle eran un poema. Una de las consecuencias del Síndrome de Estrés Postraumático es la reactivación de la vivencia que ha causado el trauma y, si para nosotros, las imágenes de ciudades arrasadas y bloques destruidos en Ucrania remiten de inmediato a Bosnia, imagina cómo debe ser para alguien que ha vivido la guerra.
En la propia historia de Nihad, hablas de la generación bosnia nacida a mediados de los 70, en pleno socialismo, como la más diezmada por los traumas y la violencia de la guerra de los 90. ¿Qué hay de la generación de los nacidos tras la guerra? ¿Qué perspectivas tiene alguien nacido o nacida a partir de 1997? Muchos terminan emigrando…
Me hubiese gustado que hubiese más gente joven en el libro, aunque salen algunos, pero, como su biografía es más corta, resultaba difícil, por ejemplo, montar un capítulo entero en torno a alguien de estas nuevas generaciones.
La verdad es que no tienen una vida fácil: les han criado padres que probablemente arrastren heridas de la guerra, en el sistema educativo muchos profesores les tratan de manera despótica y es muy difícil encontrar un trabajo estable si uno no entra en una red clientelar o paga para que le contraten.
Ante esa falta de perspectivas, muchos terminan emigrando. Creo que Bosnia le está fallando a esa generación y eso es algo nefasto, porque son precisamente ellos quienes deberían construir el futuro del país.
Dice Ivo Andric en Un puente sobre el Drina que "la vida es un milagro incomprensible, porque se gasta y se diluye sin cesar y, no obstante, permanece firme y sólidamente como el puente sobre el Drina". ¿Sobre qué base se apoya en Bosnia el milagro incomprensible de la vida?
Apenas ahora me doy cuenta de que la forma en que uso la frase "el agua fluye, la piedra permanece" no anda muy lejos de la metáfora sobre la que Andric construye El puente sobre el Drina: la piedra del puente como aquello que perdura de la vida humana frente al paso del tiempo y la historia, que, como el agua, la van erosionando. ¡Y eso que te puedes imaginar que conozco ese libro a fondo!
Podría aventurar alguna explicación sobre cómo persiste la vida en Bosnia, pero siento que hay una fuente oculta que va más allá de las palabras e incluso de mi comprensión. De hecho, el impulso de escribir un libro, porque empecé por puro impulso, está directamente relacionado con la perplejidad que sentía una y otra vez: teniendo en cuenta lo que les ha ocurrido, ¿de dónde sacan estas personas su fuerza y sus ganas de vivir?
No sé si he conseguido explicarlo, pero espero que sí mostrarlo y reivindicarlo como algo extraordinario y digno de toda admiración.
Como amplio conocedor de los Balcanes, ¿qué breve consejo le darías, más allá del imprescindible de leer tu libro, a quien aspire a tener una visión más profunda de la zona?
¡Lo de imprescindible leer mi libro lo dices tú, que conste!
Tengo más bien poca querencia prescriptiva, pero, si tuviera que dar algún consejo, sería el de hablar con la gente. De esa forma, la visión, a veces demasiado abstracta, de los libros toma formas concretas y, con suerte, los Balcanes se van revelando en su complejidad, que es fascinante.
Me identifico profundamente con la cita de Ivan Lovrenovic que abre el libro y, sobre todo, con su cierre respecto a los Balcanes: "Sueño con que llegue el día en que este universo se estabilice políticamente y empiece a descubrirse a sí mismo su mágico rostro de mil rostros".
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