'‘El hoyo’ invita a pensar sobre el injusto reparto de la riqueza en la sociedad'
Un rectángulo de 6 x 8 metros y seis metros de altura por nivel, con un hoyo en el centro, en el que caben la codicia, el egoísmo, la amistad, la violencia, la solidaridad, la esperanza y todos los aspectos de la condición humana, además de comportamientos no tan humanos. Eso es “El hoyo”, el lugar en el que todo ocurre en la película de Galder Gaztelu-Urrutia.
El director vizcaíno apela durante los 94 minutos de la película al espectador, que, inevitablemente, toma parte en el debate político que “El hoyo” plantea: ¿merezco más que otros seres humanos?, ¿estoy dispuesto a renunciar a mis privilegios?, ¿tiene algún sentido valerse de la necesidad de otros?, ¿cuándo se desvanece el humanismo ante el instinto de supervivencia?...
El público navega en estos dilemas universales sin riesgo a dispersarse, pues es dirigido con brillantez por Gaztelu-Urrutia a través del hilo dramático de la historia, enmarcada en un mundo apocalíptico de una horizontalidad tan aplastante como tristemente cotidiana.

Hablamos con Gaztelu-Urrutia sobre esta estimulante película, en la que participa EiTB.
El guion nace de una idea del dramaturgo David Desola, desarrollada por él mismo junto a Pedro Rivero (“Birdboy”). ¿Cómo llega la historia hasta ti y qué te enganchó de ella? ¿Por qué quisiste dirigirla?
Así es, era un guion para teatro que escribieron David y Pedro. La historia nunca se llegó a hacer en teatro, y se lo pasaron a Carlos Juárez, productor de Basque Films.
A Carlos le gustó mucho, me lo pasó inmediatamente y desde el primer momento me pareció un texto con muchísimo potencial por su simbología, por su metáfora, por la profundidad de los personajes y por la temática.
Pero también era un texto que había que adaptar mucho para hacerlo asumible para los espectadores de cine, porque esa primera versión era muy dialogada, tenía todavía mucha más carga ideológica, era menos físico… Nos pusimos a tratarlo, y tardamos dos años en escribir el guion para la película. Fue un trabajo arduo porque teníamos visiones diferentes de la película, pero creo que al final ha quedado un poco de cada uno, y estamos muy contentos con el resultado.
“El hoyo” aúna cine social, ciencia ficción, toques de humor y giros surrealistas. ¿Cómo dotaste de unidad a la película? ¿Cómo encontraste el equilibrio entre todas esas vertientes?
Esto era una de las cosas más complicadas a la hora de afrontar la película: unir todos los diferentes tonos. El primer guion para teatro era el de una comedia casi satírica, y en las siguientes escrituras y durante los ensayos veía que la película se me iba oscureciendo, pero no quería prescindir totalmente del humor.
El humor sirve para desengrasar la solemnidad del discurso y la importancia de los temas que tratamos. Combinar esa parte más irónica y humorística, aunque sea más contenida, con la parte más violenta, dramática y tan dura del final fue unos de los aspectos más complicados de la dirección.
Hemos intentado hacer un tratamiento muy sobrio del humor, en el que no nos reímos de nuestros propios chistes, e introducirlos de manera muy estratégica en el guion para integrar al espectador en la trama. Fue un trabajo de cirujano: meter humor, luego pegar el hachazo, cuando el espectador no se ha recuperado del hachazo meter un toque humorístico sutil…
La película es compleja porque discurre en el umbral de la comprensión, y eso supone un riesgo, más en una película con vocación internacional como esta. En ese sentido, que haya funcionado en Sitges, en Toronto y en otros festivales demuestra que hemos dado con un tono muy internacional.
Es una película distópica, pero, más allá de los efectos visuales, el peso de los actores es fundamental, sobre todo el de Iván Massague que aparece en casi todos los planos. ¿Cómo fue el trabajo con los actores?
Todos los actores y actrices se han involucrado muchísimo. En Iván pensamos desde el inicio para ese papel, y los ensayos fueron muy fluidos. Estuvimos bastantes semanas ensayando en una reproducción del hoyo, y adaptamos el texto a sus características porque, por muy buen texto que sea, no te puedes empeñar en que un actor diga algo que no le encaja. Fuimos muy sensibles con las características del actor y tuvimos manga ancha para adaptar el texto.

El rodaje fue bastante ágil, pero Iván tuvo que adelgazar 12 kilos durante el mismo. Con nuestro presupuesto, no nos podíamos plantear hacer un parón para que adelgazara, así que tuvo que hacerlo en las seis semanas de rodaje. Esto le provocaba unos cambios de humor grandes, y le vino bien para el personaje. Él lo pasó mal, pero hizo un trabajo enorme.
En el caso de Zorion, ese personaje lo iba a hacer otro actor, pero finalmente no pudo, y tuvimos que acudir a Zorion a falta de una semana para iniciar el rodaje. Es el personaje que tiene los diálogos más complejos, de estilo más clásico, y tuvimos que trabajar muy duro para prepararlo.
Pero ha quedado muy bien. Y estamos muy contentos.

El tema social está muy presente desde el inicio en la película, que, afortunadamente, no solo aspira a entretener. ¿Qué papel crees que le toca al espectador de una obra como esta?
La película es una invitación a reflexionar sobre el injusto reparto de la riqueza en la sociedad. Es uno de los problemas más importantes, y la película enfrenta al espectador a los límites de su propia solidaridad. ¿Serías solidario incluso cuando tu propio bienestar depende de esa solidaridad?
No es una película contra los de arriba o contra los de abajo. Sitúa al espectador en un estado de bonanza o de pobreza, y le invita a pensar qué haría él.
La historia rehúye el determinismo y el maniqueísmo, ya que la posición en la plataforma de cada uno de los reos se presenta como aleatoria y los privilegios no son permanentes, sino mensuales. ¿En qué medida nos determina nuestro lugar en el mundo de cara a nuestros actos?
Nuestra conclusión es que las personas somos muy muy parecidas, hayan nacido en Nigeria, en Madrid, en Bilbao o en Estocolmo, lo que pasa que el entorno, la clase social en la que te ha tocado nacer, te condiciona ideológicamente. Y eso es lo que pasa en ‘El hoyo’.
El personaje de Trimagasi odia a los de abajo cuando está arriba y a los de arriba cuando está abajo. Pues la película habla de eso, ¿vamos a estar siempre quejándonos de lo mal que lo hacen los de arriba para dejar nosotros de hacer lo que debemos hacer? Siempre va a haber un político corrupto, un megaempresario que contamina mucho… Pero ¿vamos a seguir usando eso como excusa para rehuir nuestra responsabilidad?

¿Qué futuro le auguras a la película? ¿Estás trabajando en algún otro proyecto ya?
Sí, estoy trabajando en otras cosas, pero todavía es muy pronto para hablar sobre ellas. Respecto a la película, vamos paso a paso. Al público le está gustando allá donde hemos ido, y espero que vaya bien, soy muy optimista.
Nosotros estamos muy orgullosos de la película que hemos hecho.
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