Igor Legarreta: "Ni ángeles ni demonios, somos humanos con miserias y virtudes"
Pese a todas las dificultades que se ha encontrado por el camino tras suspenderse el rodaje por culpa del confinamiento y retrasar el estreno en salas a consecuencia del cierre de estas, la falta de funciones por las restricciones horarias y confinamientos territoriales varios, la película “Ilargi guztiak” (Todas las lunas) llega por fin este fin de semana a los cines de Hegoalde.
El director Igor Legarreta (Leioa, 1973) presenta en su segundo largometraje tras su debut, “Cuando dejes de quererme”, un cuento gótico sobre la inmortalidad y, por tanto, sobre la vida, en el que caben temas como la pérdida y el duelo, la aceptación, el amor, la fe, la empatía, el instinto, la religión, el desprecio a lo desconocido, el fanatismo y la salvación. No es poco.
De mano de la joven actriz Haizea Carneros y junto a los consagrados intérpretes Josean Bengoetxea e Itziar Ituño, Legarreta aborda en la película, con elementos fantásticos y sobrada pericia técnica, un relato existencial sobre la vida, la muerte y el equilibrio entre ambas. ¿Se puede vivir realmente, si no es contra la muerte? ¿Tiene sentido la vida sin la muerte?
Intentamos hallar respuestas a estas y otras preguntas en la siguiente charla con Igor Legarreta sobre la película, que cuenta con la participación de EITB.
Por fin llega el estreno de “Ilargi guztiak”. ¿Cómo has vivido todos los obstáculos que os habéis encontrado para que la película llegue a los cines?
Con mucha paciencia, porque ha sido un proceso superlargo a consecuencia de la pandemia; hace poco dije a alguien que la película es “hija de la pandemia”. El confinamiento nos paró el rodaje, y ese fue el peor momento para mí: estar confinado sin saber si podríamos acabar la peli.
Esa incertidumbre que todos hemos tenido en todos los ámbitos fue bastante dura de cara a la película.

Igor Legarreta, durante el rodaje de "Ilargi guztiak"
En tu primer largometraje, “Cuando dejes de quererme” (2018), tú no firmabas el guion, mientras que en “Autómata” (Antonio Banderas, 2014) y en tus cortometrajes sí lo escribiste. Esta vez, diriges y has escrito el guion de “Ilargi guztiak” junto a Jon Sagalá. ¿En qué cambia escribir para dirigir tú mismo y, a su vez, dirigir lo que tú mismo has escrito?
Yo siempre me he considerado guionista por obligación. Empecé escribiendo los guiones de los cortometrajes porque no tenía historias y, cuando leía historias para intentar hacer algún largometraje, tampoco me convencían del todo. Así que empecé a escribirlas yo.
Por tanto, sí, tengo esa faceta de guionista, y escribo también para otros directores. Por eso me parece fundamental saber trabajar en equipo; creo que es una de las virtudes de hacer cine. Yo prefiero escribir en equipo, me parece un proceso muy bonito y muy duro. Se sufre mucho.
Pero trabajar en equipo no es fácil. Tienes que encontrar la persona o las personas adecuadas, porque hay mucho ego, a veces hay poca visión de equipo y, cuando escribes para un director, tienes que tener claro que es él quien va a rodar la peli; él tiene la última palabra, la visión completa del proyecto, etcétera.
¿Dónde nace la historia de “Ilargi guztiak”? ¿Qué reflexión o qué sentimiento hizo arrancar la maquinaria para hacer la película?
Jon Sagalá (coguionista) y yo empezamos a jugar con el mito del vampiro, porque nos gusta mucho el género. Y enseguida nos pareció que el concepto del vampiro como ser inmortal podía ser un conflicto atractivo para el personaje de nuestra película.
Sabemos que hay muchas películas sobre ello, que ya está hecho. En “Entrevista con el vampiro”, por ejemplo, se habla del vampirismo como condena, un hipotético regalo que luego resulta una fatal condena. Pero nos apetecía darle un camino diferente.
Tiramos del hilo, y vimos que esa inmortalidad como condena, que curiosamente es el mayor regalo que nos ofrecen las religiones, nos parecía superinteresante.

Haizea Carneros y Josean Bengoetxea, en "Ilargi guztiak"
Una de las cuestiones fundamentales de la película parece haber sido encontrar el tono de un cuento fantástico, aunque la película aborda cuestiones bien terrenales. ¿Cuáles eran tus líneas maestras desde el punto de vista estético para vestir la historia?
Es verdad que esa ha sido una de las grandes dificultades a la hora de escribir el guion. Saber en qué punto quedarnos y no explotar de todo el género, aunque resultara muy tentador.
Pero nos dimos cuenta enseguida de que nuestra protagonista no era un monstruo y que no disfruta de su condición, por lo que no nos hacían falta colmillos largos, asesinatos o exceso de sangre… La película iba por otro camino, y esa niña vampirizada es quizás el personaje que más humanidad contiene.
Durante la película destaca, sobre todo en algunos momentos, la búsqueda de la belleza. ¿Qué importancia das a la belleza dentro del desarrollo de una narración?
Para mí es fundamental. A mí me gustan las cosas bonitas, y bonito no tiene por qué ser cursi ni pastelero. Me gusta la belleza y creo que la belleza en un disco, en un libro y en una película es un valor.
Hablo de una belleza con contenido, que esté dentro de lo que yo entiendo como un valor narrativo, no una belleza vacía o “la postal por la postal”.
A mí me gusta hacer películas bonitas. Como espectador, agradezco ir al cine y disfrutar audiovisualmente de una película bonita, esperando, claro, que la historia me agarre.

La película aborda el rechazo a lo diferente, la deshumanización y demonización de aquello que no conocemos. ¿Por qué tenemos ese rechazo al cambio y a perder lo que tenemos, por muy miserable que esto sea?
En este caso, la razón es el miedo, que, por otra parte, es siempre el alimento de la religión. La religión ha encontrado el negocio en nuestro miedo a la muerte. Ese miedo nos atenaza y no nos deja actuar como realmente desearíamos o nos gustaría intentar.
Si tengo que decir cuál es el fondo temático de la película, diría que es la aceptación. Es una película en la que la niña vive un largo proceso para aceptar el miedo, el miedo a lo azaroso de la vida, a eso que no se puede controlar y puede provocar sufrimiento.
Esa aceptación de la vida como algo caótico, azaroso e impredecible pero hermoso a la vez es lo que te libera de la autoridad moral que te dice cómo comportarte, que te hace prisionero y te vampiriza a cambio de ofrecerte una solución fácil a esos miedos humanos y sanos.
Esa forma en la que nos hacen ver la vida se sintetiza en un momento de la película. Parece ser que tenemos que ser ángeles o demonios, ese es el gran debate supersimple de la iglesia católica, y la niña se lo pregunta continuamente. Pues bien, no somos ni ángeles ni demonios, somos humanos con todas nuestras miserias y todas nuestras virtudes.
Da la sensación de que ha sido un rodaje muy duro: oscuridad, nieve, humedad, frío… ¿Cómo lo recuerdas?
Ha sido muy duro, y creo que se ve en la pantalla: lagos, cuevas, bosques, invierno, Artikutza, barro, caídas, animales, coronavirus… Pero es cierto que hemos salido gracias al talento y al esfuerzo del equipo, que ha sido la hostia.

Gran parte del peso de ese equipo lo soporta en la película una actriz tan joven como Haizea Carneros. ¿Cómo disteis con ella y cómo explicarías su trabajo?
Era el gran reto de la película, porque es la protagonista absoluta. En cuanto pudimos, pusimos en marcha un casting lo más amplio posible a nivel de Euskal Herria, y la encontramos en Algorta. Nuestra pequeña vampira es de Algorta.
Desde el principio notamos que es especial, que tiene una sensibilidad fuera de lo común y la seleccionamos después de dos o tres pruebas. A partir de ahí, montamos un equipo de coach con Laia Ricart a la cabeza y Eneko Sagardoy, y trabajamos con ella tanto como pudimos. Por un lado, repasamos el guion para que entendiera el personaje, su implicación en la historia y la relación otros personajes.

Haizea Carneros, Igor Legarreta e Itziar Ituño, durante el rodaje
Y también queríamos que aprendiera la técnica cinematográfica: a qué se iba a enfrentar en un rodaje. No es lo mismo repasar el guion en casa que irte al monte con cincuenta personas a la intemperie, con mal tiempo, focos, cámaras, marcas, “no mires aquí, mira allí”… Haizea dio una masterclass, y, como es una niña superinteligente, superdisciplinada y supersensible, a la semana y media teníamos una actriz profesional como la copa de un pino.

Itziar Ituño, en "Ilargi guztiak"
¿Y qué comentarías sobre las actuaciones de Josean Bengoetxea e Itziar Ituño?
Ha funcionado de maravilla con ambos. A Josean lo conocía de “Cuando dejes de quererme”, y con Itziar empecé haciendo cortos en la uni.
Son un actor y una actriz con muchísimo talento, ambos muy valientes y supercercanos, lo que es maravilloso para un director.
¿Qué recorrido le deseas a “Ilargi guztiak” tanto en los cines como dentro de cada espectador?
Yo espero que la película tenga un recorrido lo más largo posible, porque eso querrá decir que se seguirá disfrutando de una u otra manera. Además de eso, espero que a la gente le guste de la manera que le tenga que gustar, porque se entretenga, porque le parezca muy bonita, porque le emocione o porque le haga pensar.
Creo que las películas están hechas para los espectadores, por lo que, si estos se llevan un cachito de esa película a casa, de maravilla.

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