Igor Legarreta: 'Hay que retorcer la historia sin romperla del todo'
Igor Legarreta tiene una larga carrera detrás de la cámara: ha dirigido varios cortometrajes (El trabajo, El gran Zambini…) y ha trabajado como coguionista y director de la segunda unidad en Automáta (Gabe Ibáñez) o Zipi y Zape (Oskar Santos).
Ahora, debuta como director de largometrajes con Cuando dejes de quererme, que cuenta la historia de Laura (Flor Torrente), que abandonó Euskal Herria tras, supuestamente, ser abandonada por su padre cuando era una niña y vive en Buenos Aires con su padrastro (Eduardo Blanco).
Un día recibirá una llamada en la que le hacen saber que el cuerpo de su padre, interpretado por el reciente ganador del Goya al mejor actor revelación, Eneko Sagadoy, ha aparecido enterrado en un bosque. Según las pruebas forenses, murió hace más de 30 años asesinado de un disparo en la nuca.
Laura volverá a Euskal Herria junto a su padrastro y emprenderá una investigación junto al agente de seguros Javier Egoskue (Miki Esparbé) para descubrir qué fue lo que acabó con la vida de su padre.
Hemos hablado con Legarreta sobre las claves de "Cuando dejes de quererme".
¿Qué te hizo querer contar la historia de Cuando dejes de quererme?
Fundamentalmente, el guion que leí, escrito por Javier Echániz, Ion Iriarte y Asier Guerricaechebarria. Me atrapó la historia, el tono, los personajes… Y tener a una protagonista situada en medio del amor de dos padres. Siempre me pareció un conflicto muy interesante.
Laura vuelve a Euskal Herria 30 años después de haber dado por cerrado un capítulo vital. ¿En qué medida crees que nos moldea nuestro pasado o el desconocimiento del mismo?
Laura deja Euskal Herria sin cumplir los 4 años y pone un océano de por medio. Y, aunque prácticamente no tiene memoria respecto a la familia que dejó, la figura de su padre, etc., crece en ella un vínculo emocional, absolutamente irracional, que la une con la tierra que dejó atrás.
Me gusta ese lazo emocional que nos une con el pasado, y que tanto esfuerzo nos cuesta cortar. De hecho, a veces es imposible hacerlo.

El elenco de actores está encabezado por Flor Torrente y Miki Esparbé. ¿Qué dirías que ha aportado cada uno de ellos a la película?
Los dos han aportado su personalidad, haciendo los personajes suyos. Diría que con Flor el personaje ha ganado en credibilidad como "vasco-argentina", y al mismo tiempo se ha reforzado esa sensación que siempre vi en el personaje, la de alguien en el que late cierta tristeza infantil. Flor transmite carácter y fragilidad al mismo tiempo.
Por su parte, Miki ha contribuido a dar cercanía y verosimilitud a su personaje, y ha potenciado el aspecto luminoso y curativo que por sí ya tenía. Aporta mucha fuerza.
Además, también participa un actor más habitual para el público general como Eduardo Blanco ("El hijo de la novia", "Luna de Avellaneda"…). ¿Cómo ha sido trabajar con él?
Con Eduardo, como con el resto, el trabajo ha sido muy fácil. Pero en su caso, debido a su experiencia y prestigio, su apoyo y confianza resultan fundamentales para un primerizo.
Además, es un gran lector de guiones, y me ha ayudado mucho a la hora de afinar y matizar líneas de diálogo y el tono de algunas secuencias. Una gozada.

La película también cuenta con Eneko Sagardoy…
Eneko tiene talento, capacidad infinita de trabajo, gran sensibilidad… Es una fuerza de la naturaleza… ¡Y encima, de Durango!
Llama mucho la atención la madurez que tiene para ser alguien tan joven.
Has rodado en muchos escenarios de Euskal Herria: Urkiola, Altsasu, Bilbao, Oñati… ¿Crees que haber rodado en espacios conocidos era importante para una película que gira en torno a la idea de que "el lugar, la tierra, nos condiciona"?
Desde el principio tuvimos claro que las localizaciones eran fundamentales para la película. Mikel Saldise, jefe de localizaciones, ha hecho un trabajo espectacular. Necesitábamos que los espacios donde se desenvuelven los personajes sumasen, necesitábamos montañas y necesitábamos canteras, bosques, nieblas…
No encuentro mejor idea visual que cuando Laura, la protagonista, que no recuerda prácticamente nada de su pasado vasco, ponga el pie en Euskadi lo haga en un ambiente dominado por la niebla…
Hemos procurado que, de alguna manera, su paisaje mental tuviese su reflejo en ese lugar al que regresa y que apenas sí recuerda.

¿Cuáles dirías que tienen que ser las patas sobre las que debe descansar una película de suspense?
Supongo que hay que saber retorcer lo suficiente la historia sin llegar a romperla del todo.
Además, también aparecen pinceladas de humor. ¿Qué uso has hecho del humor en la película?
El humor es otro de los elementos que me atrajo del guion. Creo que viene muy bien como "desengrasante", que le quita algo de peso y solemnidad al drama y al misterio.
Hay que tener en cuenta que la investigación que presenta la historia no resulta muy sofisticada; nuestros investigadores son gente normal con conocimientos más o menos normales. Y el humor suma a la hora de mantener esa "normalidad" (en nuestro día a día el humor nunca falta). También resta intensidad, y es que a veces creo que algunas historias se toman demasiado en serio a sí mismas.
Los personajes utilizan el amor para justificar ciertos comportamientos en un momento dado. ¿Cuándo está justificado, si lo puede estar, ese triunfo de lo irracional sobre la racional?
"Amar a alguien con locura" es una expresión popular que, en sí misma, resulta inquietante. En la película el amor (o el desamor) es utilizado por los personajes para explicarse a sí mismos.
Supongo que es más fácil mentar al amor para justificar determinado comportamiento. Parece que así se justifique todo.

¿Cuál ha sido la principal diferencia de pasar a ser director y capitanear el barco? ¿Te ha servido tu experiencia anterior?
Claro, todo suma. He aprendido mucho rodando y escribiendo. Un amigo director suele decir que no se puede ser panadero si no haces barras de pan. Aún así, rodar un largo es… bueno, rodar un largo. El trabajo y la responsabilidad se multiplica, y también los problemas.
Para mí, la gran clave para llegar a buen puerto es rodearte del mejor equipo posible. En mi caso, así ha sido.
Han sido necesarios seis años para hacer la película. ¿Cuáles son los principales problemas a los que habéis tenido que hacer frente?
Fundamentalmente, completar la financiación. Hacer cine es algo muy caro, y muchas veces los procesos se alargan demasiado. Pero, aunque parezca algo excepcional, no lo es tanto. Una vez leí que en Hollywood la media para completar una película son cinco años. No nos hemos ido tanto.
Después de terminada y a puertas de su estreno, ¿qué camino te gustaría que hiciera "Cuando dejes de quererme"?
Siempre he dicho que mi aspiración principal era hacer una buena película. Y creo que lo hemos logrado. Así que quiero creer que eso debería ser suficiente para que la película tenga una vida comercial sana: es decir, que la película guste y emocione al público.

¿Tienes algún nuevo proyecto entre manos?
Sí, tengo un par de cosas. Teniendo en cuenta los procesos que sigue el cine, siempre hay que tener algo entre manos.
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