Irati Gorostidi: "Uno de los propósitos de 'Contadores' es revisar o poner en entredicho los prejuicios"
Elegido para el catálogo Kimuak, proyectado en la Semana de la Crítica de Cannes y seleccionado para competir en la sección Zabaltegi-Tabakalera del Festival de San Sebastián. Contadores, cortometraje de Irati Gorostidi, ha emprendido un camino que parece imparable.
La cineasta nacida en Egüés en 1988 ha situado la historia en 1978, y mira a un grupo de personas trabajadoras deseosas de emprender, recién terminado el franquismo, nuevas formas de vida y de organización.
Gorostidi muestra, en una historia de 19 minutos enmarcada en el proceso de negociación de un convenio colectivo para el sector del metal, los deseos y los sinsabores de aquellos que pensaron en otros mundos posibles. Hemos hablado con ella.
¿Qué acogida ha tenido hasta ahora Contadores?
El camino recorrido hasta ahora ha abierto muchas puertas a la película, ha recibido un gran reconocimiento. Estoy deseando presentar la película en el Zinemaldia, que me parece un contexto fabuloso; más, si cabe, entre amigas y amigos y cerca de todo el equipo. Estoy muy contenta.
¿Qué supone un hito como mostrar su trabajo en el Zinemaldia para una cineasta local?
Lo que más ilusión me hace es que el público de aquí va a tener la oportunidad de ver la película; eso es muy importante para mí.
Además, Zabaltegi siempre ha sido una sección que he seguido con mucho interés. Va a ser precioso poder enseñar la película en San Sebastián.
No cabe duda de que es un festival importante, e imagino que pasar por él facilitará a la película el camino para llegar a otros muchos sitios.
¿Cómo has vivido el Zinemaldia hasta ahora, y cómo te gustaría vivirlo este año?
Al tenerlo tan cerca, el Zinemaldia ha sido para mí desde pequeña una magnífica puerta para descubrir cine.
Por eso, es especialmente emocionante participar por primera vez con una película.
Reparando en la forma de Contadores, el formato, los colores y la textura nos trasladan a la época en la que está ambientada la película: la Euskal Herria industrial de 1978. ¿Qué reflexión hay detrás de esa presentación?
Detrás de la forma, no existe solo una intención de realizar una recreación realista de la época. Diría que el realismo ha sido una consecuencia del proceso, y no al contrario.
Creo que el ejemplo de la impresión de los panfletos ilustra bien cuál ha sido ese proceso. En la película, un grupo de trabajadoras y trabajadores imprime un panfleto en el apartamento en el que vive. Utilizarán para ello una multicopista conocida como "vietnamita" (al parecer, recibía ese nombre porque lo usaba el Viet Cong), muy fácil de fabricar, transportar y esconder; era muy adecuada para usarla en la clandestinidad.
La verdad es que utilizar una vietnamita en 1978 no es muy realista, resulta bastante anacrónico. Se utilizaba, sobre todo, durante el franquismo, en la década de 1960, principios de la década de 1970... De todas maneras, me parecía interesante utilizarla en la película; teniendo en cuenta que la principal reivindicación de los y las trabajadoras es la autonomía, creí adecuado que siguieran utilizando ese método con algo de nostalgia.
Para grabar la secuencia, tuvimos que aprender cómo se usaba, reproducir el sistema y realizar un profundo estudio sobre sus usos. Todo eso nos sirvió para entender el momento histórico de un modo que no habría sido posible con la simple investigación teórica.
Te has alejado totalmente de la épica, en una época de sobredosis de mensajes emocionales. ¿Qué razón existe detrás de esa decisión estilística y estética?
Diría que esto es otra de las consecuencias del proceso. Mi intención era entender las conversaciones y otros detalles de la época, además de, como cineasta, probar otras maneras de trabajar.
Por ejemplo, a través de la película reflexiono sobre lo colectivo: cómo se desarrollan las conversaciones colectivas, cuál es la estructura de las conversaciones que se dan en las asambleas...
Mientras hacía la película, no pensaba en el efecto que tendría (el impacto emocional que tendría, etcétera), sino que analizaba cuestiones formales, estéticas y teóricas mediante las herramientas que me ofrece el cine.
La película mira a quienes impulsan maneras más horizontales de gestión, más allá de las cadenas que los atenacen (el franquismo y el posfranquismo o transición, en este caso). ¿Cuánto hay de homenaje y cuánto de acicate para el presente o el futuro en la película?
Sí existe, en alguna medida, voluntad de homenajear, siempre con una gran preocupación por evitar la nostalgia o la idealización.
Me parece demasiado decir que sea un acicate para el presente o el futuro; eso sería maravilloso, ¡claro!
Quizás, más concretamente, uno de los propósitos detrás de la película pueda ser poner en cuestión o revisar los prejuicios sobre lo que ocurrió en aquella época.
Existen y han existido muchas propuestas de una organización o una gestión más horizontal. ¿Qué tenían de especial las surgidas en el movimiento obrero vasco alrededor de ese 1978?
La verdad es que no sé si las propuestas de esa época fueron especiales. A lo mejor, he puesto mayor atención en las similitudes que tienen con otros procesos que en sus diferencias...
Diría que una parte muy significativa de la narrativa sobre el presente de los últimos años se ha hecho mirando a esa época o partiendo de ella, y me han llamado la atención algunos elementos de entonces, marginados a la hora de explicarla. Me he centrado en el caso del movimiento obrero, pero seguro que encontraríamos cosas increíbles y significativas en caso de mirar hacia otros ámbitos.
Tratándose de una película que habla en cierta medida sobre las relaciones laborales, ¿cómo ha sido el proceso de realizarla?
En este tipo de proyectos, es de gran ayuda trabajar con personas con las que tengas afinidad. A pesar de que cada persona del equipo tenga su propia función, ayuda mucho que su punto de vista esté alineado con el del proyecto y trabajar de un modo transversal.
¿Cómo ves la actual situación del cine vasco?
Me siento afortunada porque trabajo entre gente que admiro; siento que estamos desarrollando nuestra práctica en conversación entre nosotras mismas. Eso es maravilloso, un regalo que me ofrece un placer inmenso, y creo que, si no fuera por eso, no estaría haciendo lo que hago.
Más allá de esa alegre sensación, no puedo decir mucho; no he examinado la actual situación del cine vasco, y me cuesta responder a este tipo de preguntas. Tratando de evitar las simples ocurrencias, se me ocurre algo que salta a la vista: en Euskal Herria existen posibilidades de financiación, y, si no fuera por ello, no sería posible hacer lo que hacemos.
Seguramente, la principal razón de la visibilidad y la abundancia del cine vasco es simplemente material.
Los cortometrajes Contadores y San Simón 62 (Irati Gorostidi y Mirari Echávarri) han surgido en el proceso de creación del largometraje Anekumen. ¿Qué nos puedes avanzar sobre él?
Anekumen es una ficción ambientada en la década de 1980, y se fundamenta en una investigación mía sobre una comunidad llamada Arco Iris.
Los dos cortometrajes que has mencionado tienen el mismo origen. Ahora mismo, tenemos bastante avanzada la fase de desarrollo y seguimos en el proceso de financiación para la producción.
Si todo va bien, rodaremos en verano de 2024.
¿Qué le deseas a Contadores?
Le deseo que encuentre su camino. A ver si posibilita conversaciones interesantes y ojalá que, cuando dentro de unos años mire atrás, sienta que ha sido importante en un proceso de aprendizaje.
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