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Alejandro González Iñárritu, el bardo de la imagen

Desde su súbita irrupción en el panorama cinematográfico con “Amores perros” hasta “Bardo (o falsa crónica de unas cuantas verdades”, el cineasta mexicano, que presentará su instalación “Carne y arena” en la sede de EITB en Bilbao, ha cimentado una carrera imprescindible en el cine de autor del siglo XXI. 

Alejandro González Iñárritu

Alejandro González Iñárritu

El director mexicano Alejandro González Iñarritu (Ciudad de México, 1963) forma parte, por derecho propio, del canon del cine de autor del siglo XXI. Sus siete películas, premiadas entre otros con un total de cinco premios Óscar, avalan ese lugar referencial en la cinematografía contemporánea, donde lo han llevado su maestría y audacia técnica y formal y su tino para acotar y precisar los ángulos desde los que mirar a su alrededor.

Iñárritu asaltó el panorama cinematográfico, desde un México que saludaba el nuevo milenio con un PRI en descomposición después de 70 años de gobierno y la irrupción del movimiento zapatista, con la imprescindible Trilogía de la Muerte, integrada por las películas Amores perros (2000, premio de la Crítica en Cannes y nominación al Óscar de mejor película de habla no inglesa con su ópera prima), 21 gramos (2003) y Babel (2006), tres opresivos films fragmentados sobre la pérdida, la fe, el azar, el dolor, la violencia y la (des)esperanza, escritas junto al escritor Guillermo Arriaga.

En estas tres películas, indispensables, un acontecimiento trágico enlaza diferentes hilos narrativos que se nos presentan alternándose en la pantalla y dibujando un complejo y completo retrato del alma humana, cuyo peso el doctor Duncan MacDougall determinó en 21 gramos; de ahí el título de la segunda película del tándem Iñárritu-Arriaga. Desde Ciudad de México a Marruecos, desde Tokio y Tijuana a los paisajes suburbanos de EE. UU. Iñárritu y Arriaga fijan en la trilogía, con pleno dominio de una narrativa disruptiva tan precisa que no peca nunca de accesoria, que, tal y como rezan los créditos finales de Amores perros, “también somos lo que hemos perdido”. 

La colaboración artística entre Iñárritu y Arriaga terminó abruptamente después de su tercera película, que amplifica los efectos de un solo disparo al mundo entero, con un sonado y público divorcio creativo, reparado recientemente con un abrazo público en el marco del 25ª aniversario del estreno de Amores perros. Iñárritu se trasladó entonces a Barcelona para filmar a Javier Bardem en Biutiful, una radical, asfixiante y menos perfecta mezcla de realismo sucio y un plano más sobrenatural y onírico.

Birdman (2014), su siguiente película, sirvió a Iñarritu para criticar el vacuo brillo de los superhéroes y llevarse los Óscar a mejor película, mejor director y mejor guion, además de para demostrar su control de la narración, tanto en el tono –pasó del drama a la comedia negra– como en la técnica: la narración fragmentada de sus primeras tres películas muta aquí en un (falso) plano secuencia de dos horas.  

Sus últimas dos películas hasta la fecha no pueden ser más diferentes entre sí. El renacido (2015, Óscar de mejor dirección, mejor fotografía y mejor actor protagonista para Leonardo DiCaprio) es una técnicamente impecable película de aventuras, menos trascendente que sus anteriores trabajos, mientras que Bardo (o falsa crónica de unas cuantas verdades) es un autobiográfico y melancólico repaso (“la memoria no tiene verdad, sino convicción emocional”, dice el mexicano) al recorrido de un periodista y documentalista mexicano que regresa a su país, al que mira después de una experiencia como migrante en California.

Precisamente la migración es el eje de Carne y arena, una travesía inmersiva de realidad virtual en el que El Negro (apodo de Iñárritu debido a Roberto Hodge, futbolista chileno jugador del Club América, del que el cineasta es seguidor) sitúa a cada persona en el centro del periplo de las personas migrantes y refugiadas mexicanas y centroamericanas.

La instalación, estrenada en 2017 en Cannes y acreedora de un Óscar especial de la Academia de Hollywood, se podrá visitar en la sede de EITB entre el 11 de marzo y el 20 de junio, y aspira a poner la semilla de aquello que El Chivo, uno de los protagonistas, de Amores perros, proclamaba con amargura a su hija: “Quería componer el mundo para después compartirlo contigo”.

Se fracase o no, el cine y el trabajo de Iñárritu pueden ser material para esa labor. 

Migración

La instalación “Carne y arena”, de Alejandro González Iñárritu, se podrá visitar en la sede de Bilbao de EITB

EITB

La experiencia inmersiva que sitúa a cada visitante en el centro del viaje de personas migrantes y refugiadas estará expuesta entre el 11 de marzo y el 20 de junio en el Plató 5 de la sede de EITB. Las entradas se pondrán a la venta el 17 de febrero por 11,21 euros. 

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