“Inurri itsuak”, la vida mancha
Igor Legarreta lleva a la gran pantalla “Las ciegas hormigas”, oscura y épica novela de Ramiro Pinilla sobre la supervivencia humana. Legarreta compone un wéstern clásico, donde la lluvia, la oscuridad y la barbarie se imponen a la arena, el sol y la fortuna.
"Inurri itsuak"
Sabas Jáuregui, el protagonista de Inurri itsuak interpretado por Urko Olazabal, no sabe o no puede ser humano; se niega o ha visto negada su capacidad para sentir, dudar, empatizar, emocionarse, cambiar, reflexionar y retroceder. Sobre todo ello, Sabas eleva invariablemente, tanto en la novela como en la película, su implacable afán por sobrevivir a su manera, arrasando con todo y arrastrando a todos.
En la década de 1930, durante una noche de fuerte galerna cuya potencia Legarreta logra atrapar tras la cámara –la lluvia cala al espectador, el viento lo agita y la espuma lo salpica–, un carguero repleto de carbón encallará en la costa de Getxo. Las familias getxoztarras de clase popular, entre ellas los Jauregui, verán entonces una oportunidad para, por fin, no pasar frío ese invierno.
El director Igor Legarreta junto al actor Urko Olazabal. Foto: Nicolás de Assas.
El inquebrantable instinto de supervivencia de Sabas arrastrará a toda la familia en la trágica búsqueda de un sustento y teñirá de negro sus presentes y sus futuros, de la misma manera en la que el carbón entinta la arena de la costa bizkaina.
La familia encabezada por los personajes de Urko Olazabal e Itziar Ituño, que encarna con brillo la interesante evolución dramática de su personaje, Josefa, buscará a su manera la salvación en un frío mundo que mancha y en el que, como recuerdo uno de los personajes de la película, todo, el carbón, el mar y nosotros mismos, tiene un dueño.
La actriz Itziar Ituño, en "Inurri itsuak"
Inurri itsuak, rodada en euskera bizkaíno y que cuenta con la participación de EITB, apoya el pesimista y negro relato de Ramiro Pinilla en una estructura y ambientación clásica de wéstern épico, con un hilo narrativo que se va tensando conforme la película avanza y un poso social que eleva su valor.
En Inurri itsuak no brilla la esperanza, quizás solo se vislumbre en Ismael, el hijo menor de Sabas que espera poder pescar algún día El Negro. Y es que poca esperanza queda a quienes han visto arrebatada su humanidad, y tampoco es justo pedírsela ni a Ramiro Pinilla ni a Igor Legarreta. Ellos nos ofrecen su mirada para que podamos, al menos, comprobar la oscuridad carbonosa que nos rodea.