"En 'Emadan' no existen buenos y malos; por eso es un disco lleno de preguntas"
La música de Eneritz Furyak es un territorio libre para quien la escucha; las melodías de guitarra y voz y las atmósferas electrónicas fluyen sin trabas, carentes de rígidos patrones rítmicos, por las diez canciones que forman “Emadan”; las letras, además, también habitan ese universo expedito, y sugieren sin dirigir.
Es sabido que las canciones toman tantas direcciones como oyentes las reciben, y esa idea queda patente con la escucha de “Emadan” (Farmway Records”, 2021), segundo disco de Eneritz Furyak. Las susurrantes voces y las tenues guitarras acústicas llegan envueltas en arreglos electrónicos en este trabajo, del que hemos hablado con su creadora.
Has dicho que este disco es fruto de una reflexión y que marca un antes y un después en tu carrera. ¿Qué nuevos caminos has tomado en él?
En una primera mirada más superficial a las canciones, si las hubiera grabado solo con guitarra y voz sin añadir nada más, sería fácil decir que este disco no es más que una continuación del camino que abrió el anterior. Pero si nos paramos a analizarlo profundamente, diría que eso es una gran mentira.
Así que, empezando por la superficie, lo que ha perdurado es la manera de componer, ese juego entre la guitarra y la voz; la novedad sería la electrónica.
Pero si profundizamos más, vemos que han cambiado muchas más cosas; la elección de las melodías es más sutil, las voces continúan teniendo protagonismo aunque dejan más espacio a la música, las letras son más coherentes y, por supuesto, he situado todo esto en una atmósfera concreta de una manera que quizás antes no hacía.
Las letras son abiertas y sugerentes, dejan mucho espacio a la interpretación, pero, en algunas de ellas, se advierte una llamada a atreverse, a avanzar hacia la luz. ¿Está ese impulso detrás de la forma y el fondo de “Emadan”?
Creo que ahí hay una forma de ver la vida que te lleva a aceptar que no existen blancos o negros puros a pesar de llevar todo hasta el extremo y que te hace ver que al final es necesario tomar una decisión
En términos generales, en “Emadan” no hay buenos y malos; por eso es un disco lleno de preguntas.

Por el contrario, me parece que las canciones tienen un tono oscuro, sobre todo en las melodías y en los arreglos electrónicos. ¿Estás de acuerdo? ¿Te mueves a gusto en ese territorio musical?
Sí, las canciones se balancean entre esos claroscuros, pero siempre tienden más a la oscuridad.
Diría que ese es mi lugar, pero, en tanto en cuanto también me gustan los contrastes (y las contradicciones en las letras), en muchas canciones busco palabras luminosas con melodías oscuras y viceversa.
De todas formas, diría que “Emadan” tiene una oscuridad controlada. Podría ser mucho más oscuro, pero, de alguna forma, no he querido cercenar ese punto de ingenuidad.
Las guitarras, las voces y las letras establecen el eje del disco, pero la electrónica tiene un gran peso. ¿Cómo definirías la aportación de cada uno de esos cuatro elementos a tu música?
Todas las canciones de este disco están escritas en 2020 solo con guitarra y voz, pero, cuando las escribí, sabía que, por un lado, les quería dar una forma diferente y, por otro, quería crear un disco capaz de mostrar una unidad. No quería solo una colección de canciones.
CONTENIDO NO ENCONTRADO
El paso hacia la electrónica lo di en enero de 2020, partiendo de miedos y desconocimiento. Diría que todo lo referente a la electrónica lo creé en una semana sin apenas dormir, dejando de lado la autocensura y de una forma bastante dadaísta.
Al final, parece una paradoja, pero este disco que comencé a componer desde la guitarra no necesita guitarras. Las he dejado porque me gusta y porque aportan otro sonido al disco (de esta manera, no es solo un disco de electrónica), pero es casi solo un elemento percusivo, un esqueleto.
Al final, quien coloca las canciones en el espacio y en el tiempo o las saca de allí para llevarlas a una realidad más onírica es la electrónica. Y la voz, por el contrario, es indispensable; conduce el disco y marca la melodía principal y la sustancia.
Son canciones grabadas por ti misma en tu estudio. ¿Cómo has organizado la grabación y cuándo has decidido dar por terminado el disco?
Es curioso, pero grabé las guitarras y las voces dos veces hasta que encontré las que me gustaban, y ahora me he dado cuenta de que no fue una cuestión de que la grabación no fuera buena, sino que mientras las grababa tomé decisiones relacionadas con la composición, sobre todo en lo que respecta a la dinámica y los registros: tocar más suave aquí, aquí cantar con voz grave, con voz infantil…
En el caso de las guitarras y la voz, es cierto que de alguna manera respeté la “norma” y cada una está grabada en un solo día para respetar la colocación de los micrófonos y porque la voz humana cambia día a día.
Para la electrónica, como nunca había hecho nada así, seguí a mi instinto y no hubo ninguna norma.
Hemos dedicado mucho tiempo a la mezcla y la masterización. Yo hice una mezcla principal y fue ahí, y no antes, cuando vi por primera vez que había terminado de grabar el disco. Después, Mono IRazi se ha encargado de la mezcla y masterización definitivas, y ha sacado a relucir el brillo de ese trabajo ya terminado.

“Emadan” es tu segundo disco largo, y responde a un concepto de álbum muy cuidado, tanto en la coherencia lírica y musical como en la presentación. ¿Ha existido un esfuerzo consciente en ese sentido?
Sí. Como te he dicho, tuve claro desde el principio que el objetivo era hacer un disco, y no tanto canciones sueltas. Además, si entramos en detalles, te puedo decir que las primeras cuatro canciones las compuse seguidas adrede, como si fueran una pequeña sinfonía con diferentes pasajes.
De todas formas, el mayor esfuerzo llegó a la hora de despedirme de las canciones que no quedaban bien en “Emadan”. Había canciones que me encantaban pero no pegaban con el disco, y tuve que apostar por el concepto en detrimento de esas canciones.
¿Cómo han ido los conciertos de presentación? ¿Cómo has vivido estos nuevos conciertos?
Pues, al principio con miedo y un gran torbellino de ilusión. No son los tiempos más comunes para sacar un disco, y para mí era un reto llevar este disco al directo respetando su sonido, entre otras cosas porque, técnicamente, toco los sintetizadores con algunos pedales mientras canto y toco la guitarra.

Equipo en drecto de Eneritz Furyak
Diría que me ha costado comenzar a disfrutar “Emadan” en directo, pero el disco y yo hemos empezado a entendernos también en directo, y sé que el y la oyente reciben todo esto de diferente manera.

Y ahora que el disco ya está en la calle, ¿qué? ¿Qué futuro le deseas a “Emadan” y Eneritz Furyak y qué planes tienes?
Vivimos en tiempos en que un single caduca en una semana. Así que mi deseo para un disco de diez canciones, teniendo en cuenta que yo creo en él, es que perdure. Y si algún o alguna oyente siente como suyo lo que se cuenta en el disco a través de la música o las letras, seré feliz con eso.
Mirando a objetivos más prácticos, me gustaría poder llevar este disco al escenario tantas veces como sea posible, ya que ese es el mejor camino y el más real para compartir música hoy en día. Objetivos tengo muchos, pero sobre todo me gustaría seguir creando, y para ello ese camino tiene que ser digno.
Para terminar, elige, por favor...
Un grupo o solista vasco o vasca: Últimamente me ha atrapado el grupo TOC
Un grupo o solista extranjero o extranjera: Los gallegos Chicharrón
Un canción: “Azalgorri”, de Moxal
Un escritor o escritora: Colette
Un local preferido para tocar: Hace mucho que no toco allí, pero el Mogambo de Trintxerpe me ha enseñado mucho
Un concierto inolvidable como espectadora: Muchos de los que he visto en las fiestas de Mosku en Irun o en el Jaion del gaztetxe Lakaxita… o el del grupo Archive en su gira de 2019 en Burdeos
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