Idles, el rugido de la revolución tierna
Nos habitan carencias. Necesitamos vías de aire que nos ofrezcan aliento entre charco y charco, entre petición y petición de los gobernantes de turno por "arrimar el hombro" (¿más?, ¿otra vez los mismos y las mismas?, ¿para qué?) y promesas de salir más fuertes de las zanjas de turno (ja, ja). Anoche, Idles nos ofrecieron, en su hora y media de vehemente concierto de la sala Santana 27 de Bilbao, un poco de resuello en la asfixia, que no es poco.
En noventa minutos de reloj, cumpliendo exquisitamente el horario, y con un dinamismo absoluto (no hubo parones, a pesar de los continuos cambios de instrumentos sobrevenidos por distintas afinaciones), Idles descargó sin pausa una veintena de canciones.
Desde el comienzo con "Colossus", que abre su segundo disco, hasta el cierre con "Rottweiler", que cierra esa misma obra, los cinco músicos hicieron un cíclico y enérgico repaso a sus cuatro discos de estudio, los más inmediatos, punks y canónicos "Brutalism" (2017) y "Joy as an act of resistance" (2018) y sus dos últimos discos, "Ultra Mono" (2020) y "Crawler" (2021), más variados, profundos (incluyen secuencias y sintetizadores que engordan su sonido).
Impulsado por la espectacular pegada del batería Jon Beavis (exhibición absoluta de contundencia y regularidad durante los 90 minutos) y el penetrante bajo de Adam Devonshire y adornado por las guitarras de Mark Bowen y Lee Kiernan, efectivos en las canciones de los dos primeros discos y más disonantes, ruidistas y ornamentales en las de los dos últimos, el cantante Joe Talbot, un monstruo de escenario, escupió sus reconfortantes letras con rabia y potencia punk, cadencia rap y más que correctos fraseos ("The Beachland Ballroom", "MTT 420 RR"…).
El público participó ansioso en un concierto con sabor a los de antes, y coreó los estribillos del grupo inglés, plenos de fuerza punk pero lejanos al nihilismo primigenio de ese estilo ("no future") y rebosantes de humanismo, lanzados sin dárselas de importantes ("soy escoria", cantan en "I'm scum") pero conscientes de lo importante ("si alguien te hablara como tú lo haces contigo mismo, le saltaría los dientes. Quiérete a ti mismo", dice "Television", que también sonó anoche). Se habló, entre saltos y sudor, de masculinidad tóxica, migración (impresionante "Danny Nedelko" a pleno pulmón), vulnerabilidad, compasión, cuidados, adicciones…
Para Idles, no se trata de acomodarnos "felices" a lo que se nos vende como inevitable ni se trata solo de evadirse, sino que esto va de cambiar las cosas juntos y juntas, en comunidad, pero empezando por uno mismo.
Idles planteó una noche de pogo y abrazos, y acertó de pleno. Ofreció un hueco en una casa, la suya, que te permite fallar, tal y como promete su canción "Danke" (faltó ayer en un repertorio que comienza a ser difícil de gestionar por lo que, con cuatro discos, se dejan fuera) y rezaba uno de los modelos de sudaderas a la venta anoche en el stand de merchandising (de bote en bote a pesar de los precios, 30 euros las camisetas y 45 las sudaderas). Ellos, al menos anoche en Bilbao, no lo hicieron.
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