"No se puede normalizar el hecho de dejar morir a gente en el mar"
Salvar a personas que naufragan en su huida de la guerra y del hambre no puede ser delito. Es delirante sancionar con multas y hasta con cárcel a los responsables de barcos de rescate, que defienden la vida de aquellos a quienes no se les ha ofrecido una ruta segura para escapar de sus condenas, bien sean estas el hambre, la pobreza o la violencia.
Ante todo esto, Javi Julio, fotoperiodista y realizador donostiarra, se ha embarcado en su nuevo documental en el “Aita Mari”, un atunero destinado al desguace que la ONG zarauztarra Salvamento Marítimo Humanitario transformó en un buque de rescate para salvar a personas en el mar Mediterráneo.
El problema —uno de los problemas— es que lo que parecía un rodaje de escasos meses para mostrar la transformación del barco se convirtió en un proyecto de más de tres años debido, entre otros motivos, a la negativa del Gobierno de España para otorgar permisos al “Aita Mari”.“El documental desentraña los motivos de las trabas burocráticas y los intereses europeos que se esconden en la decisión de impedir misiones como las del Aita Mari”, explican los responsables de la película.
Hemos hablado con Julio sobre “Aita Mari”, que presentan en el Festival de Cine y Derechos Humanos de San Sebastián y que cuenta con la participación de EITB.
¿Cómo nació el proyecto de llevar a la pantalla el trabajo que hace el “Aita Mari”?
En 2017 estuve en una misión con el barco de rescate “Lifeline”, donde también había miembros de Salvamento Marítimo Humanitario (SMH).
Los miembros de la ONG, con sede en Zarautz, andaban buscando un barco desde el que ejercer sus tareas de salvamento, hasta que, después de buscarlo por medio mundo, encontraron un viejo atunero que iba a desguace en el pueblo de al lado, literalmente.
Fui a Getaria con Iñigo Gutierrez, uno de los protagonistas de la película, a verlo, y, cuando me contó los planes, me dije: “Aquí hay una buena historia que contar”.
¿En qué ha cambiado la idea de la película con respecto a su resultado final?
En un principio, se trataba de un trabajo de varios meses: comenzaría grabando en abril llegando con el barco a Pasaia, y allí, tras un par de meses de obras, saldríamos al Mediterráneo central en misión de rescate.
Durante la parte de transformación del barco, el Gobierno de España acogió al “Aquarius” y pensábamos que por su parte habría voluntad política. Sin embargo, tras las primeras negativas, nos dimos cuenta de que lo del “Aquarius” no había sido más que un gesto de cara a la galería y que, a la hora de la verdad, el Gobierno usaba trabas legales o dilataba sus respuestas durante meses, escudándose en que la Administración puede tardar hasta tres meses en responder, obligando a retrasar la salida del “Aita Mari”.
Con este inesperado escenario, la película necesitaba cambiar. Ahora había que contar sobre esa negativa del Gobierno español y explicar las políticas de fronteras de la Unión Europea.

¿Qué ha sido lo más difícil y lo más satisfactorio del rodaje para vosotros?
Dilatando los tiempos, el Estado juega a desgastarte. Y lo consigue. Durante un año tuve la maleta hecha en la puerta de casa, sin saber si la semana siguiente me tendría que ir. Además, hay que añadir la incertidumbre de qué ocurriría en caso de rescate, ya que las autoridades maltesas o italianas pueden denegar la entrada a puerto, como le ocurrió al “Open Arms” o al “Sea Watch 3”, por lo que no sabes cuándo vas a volver a casa.
Esta incertidumbre es muy difícil de llevar cuando eres freelance y tienes que estar rechazando trabajos porque a lo mejor la semana que viene te vas a embarcar y no sabes cuándo vas a volver. Y a esa incertidumbre hay que sumar la carga emocional para tu pareja e hijos…
Y lo más satisfactorio, sin duda, fue una vez terminado el rescate. 80 personas se encontraban a la deriva, a bordo de una pequeña barca de goma flotando en el mar. Con el motor roto, sin apenas gasolina y con una tormenta que se desató a las pocas horas, toda la gente que veis en pantalla habría muerto en el mar.
¿Cómo habéis gestionado emocionalmente trabajar en un barco y vivir situaciones límite?
Cuando estás en una situación así, intentas dar lo mejor de ti, cada uno dentro de su ámbito. En mi caso, tenía que recoger imágenes de lo que estaba sucediendo.
Por supuesto que te emocionas o tienes miedo, pero en esa situación hay que dejar los sentimientos a un lado para hacer lo mejor posible lo que has ido a hacer. Y en mi caso, había ido a contar esa historia.
¿Qué rasgos crees que unen a los tripulantes del “Aita Mari”?
Los tripulantes del barco, desde la cocinera hasta el capitán, defienden la vida ante todo. El rescate en el mar es una obligación para las embarcaciones que se cruzan con un barco en riesgo de hundimiento. No existe un permiso para rescatar, sino una obligación de hacerlo. No se hacen diferencias entre si es un grupo de personas a bordo de una precaria zodiac o turistas alemanes a bordo de su velero.
Impedir esta labor de personas desinteresadas es negar el auxilio a personas que se juegan la vida huyendo de la guerra y el hambre, es preferir que mueran ahogados en el mar. Si alguien pone trabas a la labor de estos barcos, está negando ese derecho a la vida.
¿Cómo viven los tripulantes desde un lugar como el suyo los ataques directos a su labor, las trabas para llevar a cabo su trabajo y el desenmascaramiento social de comportamientos xenófobos? ¿Les llega, por otra parte, la solidaridad y el agradecimiento hacia su trabajo?
Desde la Unión Europea, siempre se ha regionalizado los problemas migratorios: ocurrió en Grecia con las llegadas de botes a las islas, ocurre en el Mediterráneo central con la ruta libia y ocurre también ahora en Canarias.
Este tipo de dejaciones crean monstruos de extrema derecha como Salvini en Italia. En el Estado español lo estamos viendo diariamente con la criminalización que hacen partidos de extrema derecha como Vox con los menores que llegan solos. Señalándolos, crean un enemigo. Mientras se toleren estos comportamientos copiados de los que realizaban los nazis en los años 30 y otros partidos legitimen esto pactando con los extremistas, se blanquea a la extrema derecha y se tolera este racismo.
Ante esta posición, solo cabe reivindicar el valor de la vida de cualquier persona, sin importar su origen o color de piel.
Mientras el barco zarpó de Pasaia con destino al Mediterráneo, era gratificante ver como allí donde paraba, grupos de personas anónimas venían a manifestar su apoyo a los tripulantes o a la labor de la ONG.
¿Hasta dónde te gustaría que llegara el documental “Aita Mari”?
Para nosotros, el documental es una herramienta pedagógica para todas las personas que desconocen la política de fronteras de la Unión Europea.
A lo largo de todo el montaje, hablábamos entre nosotros sobre la importancia de que esta película pudiera entenderla cualquier persona, para que, una vez la hubiera visto, al escuchar noticias sobre la situación en Libia, rescates en el mar o la dejación de los estados de la Unión Europea en tareas de salvamento, pudiera crearse su propia opinión ante estos hechos.
No se puede normalizar el hecho de dejar morir a gente en el mar.
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