Ximun Fuchs: 'Nuestro rol como artistas es sacar a la luz dolores y heridas ocultos'
Aingeru es un chaval de 17 años que huye atemorizado después de que otro joven muera tras haberse drogado en una fiesta, ante la sospecha de que él es el culpable. En su búsqueda, los personajes de esta obra de teatro se encontrarán con el rastro que la droga ha dejado en Euskal Herria para disfrute y material de reflexión del público.
Ese es el punto de partida de “Zaldi urdina”, último resultado de la colaboración entre las compañías vascas Axut, Artedrama y Dejabu. Después de “Errautsak”, “Hamlet” y “Francoren bilobari gutuna”, estos tres grupos presentarán durante los próximos meses en teatros una road movie vasca que ya tiene programadas más de cincuenta funciones.
Ese viaje arrancará en Luhuso el viernes, 11 de octubre, y desde allí llevará al elenco formado por los actores Ander Lipus, Manex Fuchs, Urko Redondo, Miren Alcala, Oier Zuñiga, Edurne Azkarate y Olatz Beobide por toda Euskal Herria en busca de Aingeru.
Hemos hablado con Ximun Fuchs, quien nos ha atendido en una pausa de los ensayos finales de la obra, para saber más sobre “Zaldi urdina”.
¿Cómo fue la gestación del texto? ¿Cómo se ha articulado la colaboración con Unai Iturriaga e Igor Elortza, escritores de la obra?
Al principio, yo tenía una idea original del guion. Leímos el libro “A los pies del caballo”, de Justo Arriola, y fue ahí donde arrancó el proyecto.
Con esa idea, acudimos a los escritores, y comenzamos a trabajar sin texto, con la información que teníamos a nuestro alcance: testimonios, historias de familiares o conocidos…
Entonces, los escritores escribían algún fragmento, y nosotros lo ensayábamos para llevarlo un poco más allá. Ha sido un viaje de ida y vuelta continuo durante nueve meses: escribir, ensayar, ensayar, escribir… Como un embarazo.
El intercambio de información ha sido en ambos sentidos, ya que una cosa es escribir, pero luego hay que adecuar el texto a cada actor, para sacar todo el jugo a cada palabra.

Comenzasteis a pensar en este trabajo el mismo día que terminasteis “Francoren bilobari gutuna”. ¿Qué tempos hay detrás de una obra de estas características?
Más o menos, necesitamos dos años y medio o tres años para poder sacar adelante una obra así. Primero, tenemos que presentar un tema o una dirección general, y en esa fase suele haber mucha rabia porque no sabemos exactamente muy bien por dónde tirar…
A continuación, hay que poner en marcha toda la maquinaria: un lugar de trabajo, un sitio donde dormir, todo lo relacionado con la escritura… En total, para sacar adelante “Zaldi urdina”, trabajan 21 personas, por lo que ese es el tiempo que necesitamos para este tipo de obras. Además, todo se soluciona sobre la marcha, mientras la obra se está gestando: producción, comunicación, financiación para pagar los sueldos, organizar los ensayos y la gira, el apartado técnico…
Consideráis que la droga ha sido un tabú en Euskal Herria. ¿Por qué crees que se ha silenciado?
El tema de la droga ha quedado un poco tapado. Cuando se habla del relato del conflicto vasco, por ejemplo, el asunto de la droga aparece muy poco, y, por el contrario, se trata de la última gran masacre ocurrida en Euskal Herria. Han muerto al menos cuatro o cinco mil personas, aunque no hay cifras consensuadas.
En las familias, quedó el estigma, y la droga se ha considerado casi como una desviación personal, como si esas personas se hubieran perdido por el camino, pero, aunque nunca se haya juzgado, es sabido que la droga se introdujo voluntariamente en Euskal Herria, en enormes cantidades.

Por otro lado, respecto al aspecto más moral del tema de la droga, nosotros no decimos a la gente que no se tenga que drogar. Además, siendo artistas, sería absurdo. En todas las culturas y civilizaciones, la droga ha sido necesaria, y existen drogas consensuadas (alcohol, tabaco) y fármacos oficiales (prozac…). Siempre se necesitan para escapar de la dureza de la vida, para que cada uno encuentre su propio criterio o para abrazar las estrellas.
Pero, ¿para qué se ha usado en Euskal Herria? ¿Por qué se ha enriquecido cierta gente? ¿Cómo ha entrado en la industria? ¿Cómo se ha utilizado para llevar adelante la guerra sucia?... Todo eso ha sido tabú, mientras que las familias se han quedado con ese peso.
Ante ello, nuestro rol como artistas es el de sacar a la luz dolores y heridas ocultos, para aliviar un poco ese dolor de las familias, que ya ha sido demasiado grande.
¿Cómo habéis abordado el asunto? La situación de los años 1980 y la actual no son la misma.
Está tratado desde una mirada actual. Todavía es fácil encontrar en Euskal Herria cualquier tipo de droga, aunque su presencia no esta tan cruel ni tan invasiva como en los 80, pero hay mucha. Se oye por activa y por pasiva que la heroína está de vuelta.
Nuestra historia habla desde la actualidad, y es desde ahí desde donde surgen las preguntas. Pero cuando aparecen las preguntas, es inevitable que el pasado haga acto de presencia.
Desde un punto de vista formal, ¿qué se va a encontrar el público? Habéis adelantado que es una road movie…
La historia arranca con una búsqueda, la del joven Aingeru. La familia cruzará Euskal Herria en su busca, y se encontrarán con sus propias preguntas y con la historia de Euskal Herria. Moviéndose a través del espacio, los personajes deslizarán sus reflexiones más profundas, y por eso hablamos de road movie.
La escenografía es muy simple. La forma más eficaz de tratar el tema nos ha parecido el coro, que ya aparecía el teatro vasco tradicional y en la Antigua Grecia: la representación del pueblo sobre el escenario.
Es una obra intensa, que pudiera aturdir al espectador, pero también invita a la reflexión. ¿Cómo crees que saldrán los espectadores de las representaciones?
La verdad es que no lo sé, porque al público no se le puede ordenar que se ría, que se enfade o que piense. El público hace la mitad de la función, ni más ni menos.
Pero lo que espero es que el público encuentre material emocional para poder abordar de nuevo este tema, que halle valor y ánimo suficientes para poder tratarlo otra vez, porque todos tenemos a algún primo, tío, etcétera tocado por este tema. Hablemos sobre ello, aunque sea en el bar, y me alegraré si podemos dar un pequeño respiro a toda esa gente.
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